POINCARÉ
Jules Henri(1854-1912)
Matemático francés nacido en Nancy y fallecido en París.
Poincaré ha sido calificado por algunos como el último de los
matemáticos que dominó toda esta ciencia, ya que fue capaz de
realizar un trabajo creador en casi todas las ramas de las matemáticas,
y también en astronomía, e incluso en literatura.
Se interesó ya de muy joven por las matemáticas, graduándose como doctor en 1879, siendo Hermite uno de sus profesores. Este interés está documentado por sus escritos filosóficos y por una masa imponente de memorias matemáticas, en las cuales, entre otras cosas, contribuyó a echar las bases de la topología. Más imponente todavía es el conjunto de trabajos en torno a la física matemática y la física teórica.
Su obra científica fue muy notable; además de treinta volúmenes, un número impresionante de artículos, ensayos y memorias, reunidos en "Tratados y memorias".
Fue uno de los primeros en comprender la importancia de la teoría de la relatividad de Einstein.
Célebre es su conferencia sobre los procesos que llevan hacia la creación matemática. Si tienes tiempo y ganas..., aquí la tienes:
¿QUE ES LA CREACIÓN MATEMÁTICA?
(parte primera de la conferencia dictada 1903, en la Sociedad
Psicológica de París, y cuyas ideas tienen todavia un cierto impacto
en nuestra sociedad, cuando estamos a la entrada del tercer milenio)
Cómo se geste la creación matemática es un problema que
debería interesar mucho a los psicólogos. Se trata de aquella
actividad en que la mente humana parece recurrir menos al mundo exterior, actuando,
o pareciendo actuar, por sí y para sí, por lo que podríamos
esperar que el estudio del modo de proceder del pensamiento geométrico
nos adentrase en lo mas esencial de la mente humana.
El primer hecho que habría de sorprendernos, si no fuese por lo acostumbrados
que estamos a aceptarlo, es el de cómo es posible que haya personas que
no entiendan las matemáticas. Puesto que solo recurren a las leyes de
la lógica, que toda mente normal acepta, y dado que sus pruebas se basan
en principios comunes a todos los seres humanos, que nadie en su sano juicio
podría negar, ¿cómo es posible que haya tanta gente refractaria
a ellas?
Es comprensible que no todo el mundo tenga capacidad inventiva y puede pasar
que se olvide una demostración tras haberla aprendido, pero, si pensamos
en ello, sí que es muy raro que alguien no comprenda un razonamiento
matemático que se le explique. Y, sin embargo, quienes no pueden seguir
tal razonamiento más que con dificultad son mayoría, como atestigua
la experiencia de los profesores de enseñanza secundaria.
Aún diré más: ¿cómo es posible el error en
matemáticas?. Una mente sana no incurre en falacias lógicas ni
se trabuca en las sencillas argumentaciones que se dan en la vida ordinaria
y, sin embargo, son pocos quienes pueden repetir sin equivocarse las demostraciones
matemáticas, sin duda más largas, pero que, en suma, se reducen
a una acumulación de pequeños razonamientos en todo parecidos
a los que realizamos sin dificultad. No creo necesario añadir que ni
siquiera los matemáticos son infalibles ...
Por lo que a mí respecta, he de confesar que soy incapaz hasta de hacer
una suma sin equivocarme... no tengo mala memoria, pero tampoco lo suficiente
buena como para ser un jugador de ajedrez destacado. ¿Porqué entonces
no me falla en los momentos difíciles de razonamiento matemático,
cuando la mayor parte de los ajedrecistas se perderían?. Sin duda alguna
porque la marcha general del razonamiento la guía. Una demostración
matemática no es una simple yuxtaposición de silogismos, sino
silogismos colocados en determinado órden, siendo este órden de
colocación mucho más importante que los elementos mismos. Si tengo
la sensación, la intuición, cómo si dijéramos, de
ese órden, percibo sin más el razonamiento como un todo y no tengo
ya que preocuparme de que se me olvide ninguno de sus elementos, pues cada uno
de ellos ocupará su parte en el elenco, sin que mi memoria tenga que
hacer esfuerzo alguno.
Sabemos que esta sensación, esta intuición del órden matemático,
la que nos hace adivinar armonías y relaciones ocultas, no puede ser
poseída por todo el mundo. Hay quienes no tendrán esta delicada
senación, tan difícil de definir, o cuya memoria o capacidad de
atención no superarán lo ordinario, lo que les incapacitará
por completo para comprender las matemáticas superiores. Tal es el caso
de la mayoría. No faltará otros que, aunque poseyendo la sensación
en grado mínimo, estarán dotados de una memoria inusual y de una
gran capacidad de atención. Estos se aprenderán de memoria los
detalles, uno tras otro; podrán entender las matemáticas, y hasta
aplicarlas, pero no podrán crear. Y hay quienes, en fin, poseerán
en mayor o menor grado la intuición especial a la que me estoy refiriendo;
éstos, no solo entenderán las matemáticas, aunque su memoria
no tenga nada de extraordinario, sino que podrán crearlas, esforzandose
por inventar, empeño en el que tendrán más o menos éxito
según esté de desarrollada su intuición.
¿Qué es realmente la creación matemática?. No consiste
en organizar nuevas combinaciones de entidades matemáticas ya conocidas.
Esto es algo que cualquiera puede hacer, si bien tales combinaciones son innumerables
y la mayor parte de ellas carece por completo de interés. Crear consiste
precisamente en no hacer combinaciones inútiles y sí, en cambio,
aquellas que son útiles, que son muy pocas. La invención es discernimiento,
elección.
Es hora de adentrarse en el alma del matemático y ver qué pasa
allí. Creo que lo mejor que puedo hacer en este sentido es recordar mis
propias experiencias. Me limitaré a contarles cómo escribí
mi primer trabajo sobre las funciones fuchsianas (*). Pido perdón al
lector, pues he de usar algunas expresiones técnicas, pero no tiene porqué
austarse, pues no se requiere que las entienda. Si digo, por ejemplo, que encontré
la demostración de tal teorema en tales y tales circunstancias, el teorema
tendrá indudablemente un nombre bárbaro, desconocido para la mayoría.
Pero esto carece de importancia, porque lo verdaderamente importante para el
psicólogo no es el teorema, sino las circunstancias.
Durante quince días me esforcé por demostrar que no podían
existir funciones como las que luego llamé fuchsianas. Entonces era muy
ignorante. Me ponía cada día a trabajar en mi mesa, probaba un
gran número de combinaciones durante un par de horas y no lograba nada.
Una tarde bebí una taza de café, cosa que no solía hacer,
y no pude dormir por la noche. Las ideas surgieron a borbotones. Las sentía
chocar unas con otras, por así decirlo, hasta que se engarzaron entre
sí formando una combinación estable. A la mañana siguiente
ya habia determinado la existencia de una clase de funciones fuchsianas, las
derivadas de la serie hipergeométrica. Sólo me faltaba poner por
escrito los resultados, lo que hice en pocas horas.
Quise entonces representar estas funciones como el cociente de dos series. Tal
idea era completamente consciente y deliberada, habiendome llevado a ella la
analogía con las funciones elípticas. Me pregunté que propiedades
habrían de tener tales series, si existieran, y conseguí formarlas
sin dificultad: a estas les dí el nombre de theta-fuchsianas.
Por entonces salí de Caen, donde a la sazón vivía, para
participar en una excursión geológica organizada por la escuela
de minas. La incidencias del viaje me hicieron olvidar mis trabajos matemáticos.
En determinado momento estábamos en Coutances y habiamos de subir a un
ómnibus para desplazarnos a otro sitio. Justo al poner el pié
en el estribo, sin que ninguno de mis pensamientos precedentes pareciese haberla
propiciado, me vino la idea de que las transformaciones que habia usado para
definir las funciones fuchsianas eran idénticas a las de la geometría
no euclídea. No proseguí el razonamiento, ni hubiese tenido ocasión
de ello, pues me senté en mi asiento y continué una conversación
previa, pero estaba completamente seguro. A mi regreso a Caen lo comprobé
concienzudamente por pundonor.
Mi atención se dirigió luego al estudio de algunas cuestiones
aritméticas que no parecían tener ninguna relación con
mis investigaciones precedentes. No obtuve muchos resultados. Molesto por mi
fracaso me marché unos días a la costa para distraerme. Una mañana,
mientras caminaba por los acantilados, se me ocurrió la idea de que las
transformaciones aritméticas de fórmulas cuadráticas ternarias
indeterminadas eran eran idénticas a las de la geometría no euclídea.
El hecho volvió a tener los rasgos de la brevedad, lo inesperado y la
sensación de certeza inmediata.
De vuelta a Caen medité sobre este resultado y extraje las consecuencias.
El ejemplo de las fórmulas cuadráticas me mostraba que había
grupos fuchsianos distintos de los correspondientes a las series hipergeométricas.
Me dí cuenta de que podría aplicarles la teoria de las series
theta-fuchsianas y de que, en consecuencia, existían funciones fuchsianas
distintas de las de series hipergeométricas, que eran las que yo conocía.
Como es natural, me puse a formular todas estas funciones. Las sometí
a un ataque sistemático y fuí doblegándolas, una tras otra.
Quedaba una, sin embargo, que se resistía, y cuya dominación hubiera
significado la victoria total. Pero el único resultado inicial de mis
esfuerzos fué permitirme ver con claridad la dificultad de la empresa,
que no era pequeña. Todo este trabajo fué completamente consciente.
Llegó entonces el momento de que me fuese a Mont-Valerien, lugar donde
habría de realizar mi servicio militar. Durante un tiempo, pues, mis
ocupaciones fueron bastante diferentes. Un buen día, conforme andaba
por la calle, se me presentó de improviso la solución del problema
que me habia bloqueado. No le dí más vueltas inmediatamente, pero
retomé la cuestión al licenciarme. Disponía de todos los
elementos y sólo me faltaba ordenarlos y encajarlos. La redacción
de la memoria correspondiente la realicé de un tirón y sin dificultad.
Sería inútil repetir más casos parecidos; baste con este
ejemplo.