volver           PATRONÍMICOS

    La ciudad de Guadalajara ha tenido varios nombres a lo largo de su historia. El más antiguo es sin duda el de Arriaca, del que se deriva el actual patronímico de sus habitantes, los arriacenses. Es palabra de origen vasco puro (según Menéndez Pidal), iberovasco (según Gómez Moreno) o ibero (según Criado de Val). De su origen vasco no hay duda, al saber que "arria" significa piedra y "aga" es un sufijo locativo, por lo que significaría, lo mismo que "Arriaga" en el euskera actual, "lugar pedregoso", o "pedregal".

    Tras su auténtica fundación por los árabes, recibió el nombramiento inicial de Madinat al Faray, que significaba "la cludad del Faray, Alfaray o Faradj", un guerrero hijo de Salim que en el siglo X enseñoreó el naciente burgo. Posteriormente arabizó su primitiva denominación de "pedregal", y tomó el nombre en árabe de Wadi-l-Hiyara, cuyo significado real se ha discutido mucho, aunque siempre se ha llegado a la aceptación genérica de un "río de piedras" por alusión a las del Henares. Aunque también se denomina en algunas crónicas árabes como Bury Wadi-l-Hiyara, "torre militar", el significado que Gómez Moreno le da al clásico nombre árabe es el de "piedras con las que fue enlosado el río" y según Oliver Asin viene a significar "el valle de las piedras o de las peñas fortificadas". La más reciente aportación a este tema lo ha dado el profesor kuwaití Al-Makki, de la Universidad de El Cairo, quien explica que Wadi-l-Hiyara significa "el valle de los castillos", dando a Wadi el simbolismo de un valle que engloba río y tierras pobladas, y a Hiyara el de castillo, alcazabas, torreones o edificios fuertes hechos con piedras. En ese sentido, Wadi-l-Hiyara era la capital cierta del valle del Henares, un valle fronterizo en cuya orilla izquierda, musulmana, se alzaban los grandes castillos (Alcalá, Guadalajara, Hita, Jadraque, Sigüenza, etc.) protectores de la Marca Media de Al-Andalus frente a Castilla. Ya por los castellanos se le cambió el nombre, siendo traducida en principlo como "Fluvius lapidum" (rio de las piedras) por el Arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada en su crónica "De Rebus Hispaniae", y finalmente como Guadalfajera, devenida en la actual Guadalajara, como castellanización del apelativo tradicional árabe, que a su vez no hizo más que arabizar el primitivo vocablo vasco de "lugar pedregoso".