volver                El Palacio del Infantado                  Más Fotos

fachada del palacio(86434 bytes) El Palacio del Infantado simboliza el arte y la historia de Guadalajara, pues en el pusieron los Mendoza lo más intenso de su carga intelectual y humanística, y el más acendrado sentimiento de apego hacia sus tierras alcarreñas.

Se construyó, por voluntad del segundo duque del Infantado, don Iñigo López de Mendoza, a partir de 1480, y en 1483 estaba ya construida la fachada, poco después el patio, y al terminar el siglo XV lucia el monumento en todo su esplendor de goticismo, de artesonados y riquezas. En 1569, el tataranieto del constructor, don Iñigo López de Mendoza, quinto duque del Infantado, inició una serie de reformas, dirigidas por Acacio de Orejón, que tendían a parangonar su palacio con el que Felipe II levantaba en Madrid, poniendo para ello ciertos detalles renacentistas en la fachada (abrió nuevas ventanas, tapó las antiguas, desmochó los pináculos góticos), en el patio, y decorando los techos de los salones bajos con pinturas al fresco realizadas por los artistas italianos que por entonces vinieron a decorar El Escorial y otras obras reales.

Tuvo a su costado unos jardines, primero moriscos y luego renacentistas con asuntos mitológicos, hoy restaurados y limpios. El palacio del Infantado fue trazado y dirigido por Juan Guas, autor del castillo mendocino del Real de Manzanares, y del monasterio toledano de San Juan de los Reyes, colaborando con él Egas Cueman y Lorenzo Trillo. Una larga nómina de artistas mudéjares participaron en los diversos aspectos decorativos de la casona: artesonados, frisos, azulejería, pinturas y rejas. Es su estilo radicalmente hispano. Pues aunque parte de la decoración y estructura de balconajes o portadas son de corte gótico de tradición flamenca, otros muchos elementos decorativos, y la disposición de vanos en la fachada, incluso el misma tema ornamental de las cabezas de clavos, son de herencia morisca, y de lo más exquisito que ha producido el arte mudéjar. Supera una y otro estilo, y adquiere el marchamo hispánico del estilo mendocino.

La gran fachada occidental, tuvo en su origen una amplia plaza delante. En ella aparece la puerta descentrada, situada al extremo interno del tercio izquierdo, correspondiéndose al interior con un ángulo del patio. Se remata por un gran escudo ducal que pone el sello de la grandeza de un apellido, el de Mendoza, a toda la fachada del palacio. Antaño estuvo empotrado en los mocárabes de la galería, por causa de haber abierto el quinto duque un par de balcones sobre la portada, que separaron los dos elementos que, tal como hoy vemos, debían ir unidos. En la reciente restauración ha ocupado el puesto que le correspondía desde su origen. Está sostenido por dos velludos salvajes y se rodea de veinte escudetes que representan los múltiples estados del segundo duque del Infantado.

En la planta baja de la fachada se abren algunas ventanas y una puerta, obras de la reforma del quinto duque: llevan lisas molduras, frontoncillos con el escudo ducal y rejas de la época. En la primera planta, y también abiertos en la reforma del siglo XVI, aparecen balcones del misma orden renaciente. En la linea superior de la fachada, mostrando una vez más esa predilección de la arquitectura hispánica, entroncada con la árabe, de decorar prolijamente ciertas áreas de una fachada, aparece como un corrido alfiz la galeria de ventanales y garitones que pronuncian su grito gótico-mudéjar más claro. Consiste en una serie de ventanales que alternan con garitas sallentes, con múltiples columnillas y capiteles, antepechos y tracerias góticas, apoyado todo ello en amplia faja de mocárabes, repartiéndose por el conjunto los escudos de Mendoza y Luna. El resto de la fachada, toda ella construida con dorado sillar de Tamajón, se cubre con ornamentación de cabezas de clavos dispuestas en peculiar distribución en una ideal red de rombos. Es también un tema derivado directamente del arte árabe.

El patio central de este palacio, llamado patio de los leones, es de forma cuadrilátera, ligeramente alargada de sur a norte, pues en los lados de levante y poniente aparecen siete arcos, por cinco tan sólo en los compañeros. Se compone de doble arqueria superpuesta, formada de arcos conopiales mixtilineos, muy del gusto de Juan Guas, en la galeria baja, y el misma tipo, pero con un par de entrantes laterales que le complican y quiebran aún más, en la arcada superior. El trazo atectónico de estas elementos, que sólo buscan el recurso decorativo, es evidente. Sobresalen florones y picos de su fino intradós, y una faja de bolas los circunda. Las columnas que sostienen la arqueria inferior son de orden dórico, sin ninguna decoración, y notablemente achaparradas para la que seria su altura lógica con respecto a la contextura total del patio. Fueron puestas por el quinto duque en 1571, previo el levantamiento del suelo, y es de presumir que en un principio fueron idénticas a las de la galeria alta, magnificos pilares bocelados de fuste helicoidal surcado de cintas y hojarascas, con un collarin al promedio, y capitel de hechura prismática, muy decorado de tema vegetal, en el remate.

Como relleno de los paramentos alzados sobre los arcos, y cubiertos sus fondos de taqueado, vemos un mundo prolijo de temas entre los que destacan parejas de leones tenantes del emblema de don Diego Hurtado de Mendoza, primero de los duques del Infantado: una tolva de molino de las que, al igual que los leones, es dificil ver dos idénticas. Sobre cada columna se alza un escudo, alternando el del apellido Mendoza con el de Luna. Todos se rematan con la correspondiente corona ducal, también variable en cuanto a su ornamentación, y una celada terciada, unas veces a derechas y otras a izquierda, que tiene por lambrequines unas largas hojas de cardo, y como apoyo de los leones y bichas aladas, que llevan por cimera, se interponen sendas coronas cívicas. A lo largo de la rosca de los arcos aparece tallada una fina y larguísima cartela, hoy ya mutilada, en la que se inscribe una frase en caracteres góticos que anotó Quadrado en el siglo pasado, y en éste completó Layna y aun Azcárate introdujo alguna sustancial corrección. Dice asi: El yllustre señor don yñigo lopes de mendoça dugue segundo del ynfantazgo, marques de santililana, conde del rreal e saldaña, señor de Mendoça y de la Vega, mando fa (ser esta) portada (año del nasaimiento de nro salvador ibu xpo de MCCCCL) XXXIII años... seyendo esta edificada por sus antecesores con grandes gestos e de sumptuoso edeficio, se (pu)so toda por el saelo y por acrescentar la gloria de sus proxenitores y la suya propia la mandó edeficar otra vez para más onrrar la grandeza (de su linaje) año myll e quatrocientos e ochenta y tresaños. IllustrisdominusS. EnecusLopesius Mendoza dux secandus del infentado, marchio Sanatiliane, comes Regalis et Saldanie, dominus de Mendoza et de la Vega hoc palatiam a.. propenitoribas quandam magna erecum impensa sed...al solum usque ferme... ad ilustrandam mejoram suaram... am et suam magnitubinam post... dandam pulcherrima et sumptuosa mole, arte miro...scultoris...Esta casa fizieron iuan guas e maestre egescoman e otros muchos maestros... Vanitas vanitatam et omnia vanitas.

El paramento de la galeria superior presenta parejas de alados grifos enfrentados y encadenados, separados por complicado florón remate del arco. En la prolongación de las columnas se ven pináculos hoy desmochados, que sufrieron su tala cuando el quinto duque hizo su ya mencionada reforma, y hoy no han sido colocados nuevamente, dejando como friso bajo el alero una linea de clasicista cornisamiento, que rompe notablemente el conjunto, y le deja inexpresivo en esa altura. Uno de esos pináculos perdidos e idealizados, ha servido para ilustrar la portada de este libro.

El interior y estancias del palacio del Infantado han perdido en gran parte su antiguo esplendor. De la primitiva escalera nada queda. De los artesonados mudéjares, los mejores del mundo, sin duda alguna, destruidos en la Guerra Civil de 1936-39, sólo quedan fotografias fragmentarias y escasisimos restos que se intenta sIrvan para una futura reconstrucción de algunos de ellos. Lo que si se ha conservado, y hoy lucen esplendorosos tras meticulosa restauración, son algunas de las salas bajas que pintores italianos decoraron a fines del siglo XVI por encargo del quinto duque. Se pueden contemplar hoy la salita de Cronos, con imagen de este dios y la serie de simbolos del Zodiaco; la gran sala de batallas, representando múltiples y movidas escenas de la historia militar de los Mendoza, que se complementan con representaciones de virtudes civicas y figurillas de putti jugueteando con arneses de guerra. Al fondo de esta sala aparecen dos ovaladas saletas con decoración pictórica de escenas mitológicas. Otra sala magnificamente decorada en sus techos es la de Atalanta, en la que aparecen cinco escenas de la leyenda que protagoniza esta diosa junto a Hipómenes, tomadas directamente del relato de Ovidio, acompañadas de múltiples figuras de variados animales y escenas de caza. En ella luce la gran chimenea de mármol de Carrara que en 1573 hicieron los italianos Juan Bautista y Domingo Milanés. Las pinturas de estas salas las realizó el florentino Rómulo Cincinato entre 1578 y 1580 por encargo del quinto duque. En su planta baja se encuentra también hoy el Museo de Bellas Artes de la Provincia, y en la alta la Biblioteca Pública Provincial y diversas dependencias culturales.