Etnografía             GEOGRAFÍA HUMANA              Patronímicos

piramide2.gif (20442 bytes)

    Cuenta Guadalajara en el momento actual con 63.000 habitantes. Aunque no puede decirse por ello que sea una ciudad grande, a todos cuantos hemos nacido y hemos vivido siempre en ella, nos parece que ahora es demasiado amplia y en algunas ocasiones excesivamente llena de gente. Es tan sólo una apreciación. Se debe a que ha crecido muy rápidamente, y cuantos la conocimos en el comedio de este siglo, cuando apenas rozaba los 20.000 habitantes, y todos nos conocíamos por la calle, ahora nos parece que es mastodóntica. No es así. Es, en realidad, una ciudad amable y plenamente "vivible". Tiene todavía la dimensión plenamente humana que ha de tener una ciudad: aquélla que, como la pedían los griegos a la "polis" ideal, podía caminarla un hombre de extremo a extremo dando un cómodo paseo no agotador.

    El desarrollo poblacional de Guadalajara ha sido muy lento, parsimonioso, equilibrado siempre. Cabeza de una comarca natural que preside, alojó entre sus muros a las jerarquías del territorio, a los ejércitos que lo defendían, a los artesanos especializados, a los aristócratas, a los intelectuales, y a una masa de población que se dedicaba a subvenir las necesidades de los estratos más poderosos de la ciudad.

    En este sentido, y por diversas fuentes documentales, hemos llegado a hacer unos cálculos aproximados sobre el volumen de población de Guadalajara a lo largo de  los siglos de su historia. Simple puesto militar en la época romana, los árabes crean en torno de ese puesto un pequeño burgo que crece en importancia, y que, al ser conquistado en el año 1085, tenía no más de mil familias, unos 4.000 habitantes.

    En poco más de otras mil familias creció a lo largo de la Baja Edad Media. Con un paulatino aumento que hemos calculado en 1.000 habitantes por siglo, a inicios del XVI contaba Guadalajara con unos 12.000 habitantes, cifra que a lo largo de esta centuria creció singularmente, alcanzando casi los 20.000 habitantes en su último cuarto. Pero el abandono de la ciudad por los Mendoza, y su consiguiente disminución de demanda de servicios, la despobló de nuevo. El paso de la Guerra de Sucesión, destructiva en profundidad, la dejó en poco más de 6.000 habitantes durante el siglo XVIII y la Guerra de la Independencia, con la consiguiente desaparición de la Fábrica de Paños, la dejó casi despoblada, como en el momento de su reconquista, con poco más de 4.000 personas entre sus muros.

    El crecimiento radical de Guadalajara se verifica en el siglo XX en que estamos todavía viviendo. Desde los 11.144 habitantes con que contaba al inicio de la centuria, se ha puesto en el momento actual por encima de los 63.000. Y las perspectivas sobre su crecimiento siguen siendo positivas. Este fenómeno, el más radical de toda la historia demográfica de Guadalajara, tiene unas raíces perfectamente conocidas. De una parte, el índice de crecimiento vegetativo, motor de su desarrollo en la primera mitad del siglo, fue de un 144% para el período 19001930, bajando a un 132% en el período de 1930 a 1960. En medio de esas épocas, hay un descenso cualitativamente llamativo (aunque en cifras absolutas muy pequeño) en la década de los años cuarenta. La instalación de la Academia de Infantería en esta ciudad tras la Guerra Civil, y su traslado a Toledo unos años después, fue la culpable de ese movimiento que, como vemos en los cuadros adjuntos, pasó de 23.508 habitantes en 1940 a 19.131 en 1950.

    El crecimiento de hoy se debe, más que a la tasa de aumento vegetativo (negativa en los últimos años en cotas cercanas al - 30%), a la inmigración continuada de gentes procedentes de la provincia y de otras regiones de España. Es curioso comprobar que a pesar del crecimiento importante de la población de Guadalajara ciudad, en el último decenio el total de habitantes de la provincia ha continuado decreciendo, si bien en menores cotas que durante las décadas de 1960 y 1970, que se redujo drásticamente a la cuarta parte de su volumen a inicios de siglo. Guadalajara ha multiplicado por seis sus habitantes en el s.XX, y por dos en los últimos 20 años, lo cual es un movimiento poblacional, al menos en cifras porcentuales, muy significativo.

    De la provincia que Guadalajara encabeza, solamente una comarca crece demográficamente: la Campiña, que ella encabeza, con municipios en franco desarrollo como Azuqueca, Alovera, Cabanillas, Fontanar y Yunquera. El resto disminuye en grados llamativos, por no decir alarmantes, como los del territorio del antiguo Señorío de Molina, reducido hoy, en sus 3.000 Km2, a una población de aproximadamente 12.000 habitantes (densidad de 4 habitantes por Km2, más baja aún que la de países saharianos como Argelia, Mauritania 0 el Sudán).

    Un factor clave en el desarrollo demográfico de Guadalajara fue la creación de los polígonos de desarrollo industrial en los años de 1960-1970, como propuesta de descongestión de Madrid. Aunque sin llegar a cumplir plenamente los objetivos planteados idealmente en su creación, no cabe duda que han sido los motores esenciales del desarrollo de Guadalajara. La nueva ordenación en Comunidades Autónomas del Estado Español, y la inclusión de nuestra Patria en la Comunidad Económica Europea, que ha considerado a Castilla-La Mancha como región en vías de desarrollo, y por Ello está recibiendo importantes ayudas comunitarias para la instalación de industrias en su territorio, podrá dotar a Guadalajara, especialmente en el valle del Henares y la Campiña, de nuevas perspectivas de crecimiento, especialmente industrial. Las nuevas vías de comunicación abiertas y por abrir en este territorio, potenciarán aún más ese futuro que es, sin duda, auténticamente optimista y halagüeño.