Geografía física

    La ciudad de Guadalajara asienta en la margen izquierda del río Henares, uno de los afluentes del Jarama, y por lo tanto en la cuenca alta del río Tajo. Situada sobre las escarpadas estribaciones de la paramera de la Alcarria en su caída hacia la Campiña del Henares, Guadalajara es una ciudad de relieves pronunciados, fuertes cuestas y siempre bellas perspectivas desde la distancia.

     Esa situación geográfica entre la Campiña del río Henares y la Alcarria la sitúan en su lugar privilegiado del paso natural entre la Submeseta castellana al valle del Ebro. Los buenos caminos que siempre han supuesto las riberas del Henares, caminando desde el Tajo y Jarama arriba, en dirección hacia las estribaciones de la Sierra Ministra y los pasos fáciles hacia la Sierra Ibérica y, por el Jalón abajo, llegar hasta la gran depresión del Tajo, han conferido a Guadalajara una permanente importancia geoestratégica, que le ha conferido su multisecular peripecia histórica.

     Geológicamente, la ciudad se sitúa sobre el borde de un terreno del Plioceno que se enfrenta al gran valle del Cuaternario (formado por tierras fluviales, depósitos de terrazas, y fondos clásicos de valle). El río Henares, que discurre sobre una fractura plioceno-cuaternaria, ha ido labrando a lo largo de millones de años unas extensas y modélicas terrazas escalonadas. El conjunto de la Campiña forma una amplia llanura aluvial de unos 700 metros de altitud media sobre el nivel del mar. Esa llanura, de original formación pliocena, fue excavada por los nos cuaternarios, que la han ido dejando reducida a las cumbres de sus divisorias. Integrada originariamente por materiales blandos, el arroyamiento avanzó rápidamente y sus serrezuelas fronterizas se transformaron en alineaciones de cerros testigos alargados, agudos y cónicos (tal son los casos del cerro de Hita, y la Muela y el Colmillo de Alarilla).

    Los suelos, antaño cubiertos de bosques de encinas, fueron esquilmados en los últimos siglos por el hombre, y hoy están convertidos en terrenos dedicados al cultivo del cereal fundamentalmente. En general puede decirse que las tierras de la Campiña son arcillosas, con escasa proporción caliza y pobreza de elementos fertilizantes. El valle del Henares, del que Guadalajara puede decirse es su capital, camina en dirección NESW, siendo muy disimétrico, unas veces muy estrecho, y otras muy ancho.

     El municipio de Guadalajara tiene una superficie propia de 151,17 Km2, que actualmente se amplía a 234,6 Km2 teniendo en cuenta que han pasado a formar parte del mismo, en calidad administrativa de barrios, los antiguos municipios de Marchamalo, Usanos, Iriépal, Taracena y Valdenoches. La altitud de la ciudad de Guadalajara es de 669 metros medidos en la estación del ferrocarril, y de 708,7 metros en la Plaza Mayor, alcanzando hasta los 800 metros en las cotas más elevadas de su parte Este.

     Encabeza Guadalajara una comarca natural muy amplia (la Campiña del Henares en el territorio comprendido dentro de su demarcación provincial, y la Alcarria en su gran mayoría). Ello supone una superficie de 5.733 Km2 con 177 municipios. Aunque teóricamente pertenece casi toda la ciudad a la Alcarria (al estar situada sobre terrenos en la orilla izquierda del Henares), la comarca que capitanea y centra es la de la Campiña, que ofrece una superficie total de 920,2 Km2 en la provincia de Guadalajara. Esta comarca continúa por la provincia y Comunidad de Madrid. Un total de 32 pueblos la forman.

     Guadalajara es además capital de la provincia de su misma nombre. Situada muy desequilibrada de su centro geográfico, pues asienta casi en el extremo suroeste de la misma, se forma este territorio por un total de 12.190,4 Km2, poblados por tan sólo 143.124 habitantes. La densidad es, pues, de 11,7 habitantes por Km2, una de las más bajas de España y de Europa. Es, además, la provincia más pequeña y menos poblada de toda la Región autónoma de Castilla-La Mancha, en la que actualmente está incluída administrativamente.

     La ciudad se sitúa en una favorable perspectiva geográfica: alzada sobre un escarpado promontorio, escoltado por dos hondos barrancos que traen sus escasas aguas desde la altas fuentes del páramo que circunda a la ciudad por el sureste, esa situación le sirvió de fortaleza natural en épocas antiguas y la confinó a sus estrictos límites durante largos siglos. Hoy están siendo progresivamente rellenados y eliminados esos barrancos, con lo que dentro de unas décadas esta definición será un testimonio más del antiguo ser de esta ciudad.

     Toda ella en cuesta, baja desde las laderas últimas de la Alcarria hasta la orilla misma del río Henares, la cota más baja del valle. Las tierras que la rodean, de un tono pardo generalmente, están ocupadas por campos de cereales, arboledas en los vallejos, predominando los álamos, los chopos, los sauces y los olmos, así como algunos escasos bloques de encinas, mientras que los cerros se cubren de olivares y algunos, muy escasos, viñedos, que antaño fueron mucho más abundantes.

     El clima de Guadalajara es el típico templado mediterráneo de veranos cálidos e inviernos fríos, con una temperatura media de 11'2 C. en invierno (está en la isoterma de los 8'2 C. en enero) y de 22,5° C. en verano (en la isoterma de 26° C. en julio). Su régimen pluviométrico es más bien escasos, estando situada en la isoyeta de los 500 mm. anuales de precipitación. Los vientos predominantes son los del sureste, el ábrego o llovedor típico, templado y húmedo, y los del norte-nordeste, más propios del invierno, extremadamente fríos y secos.