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  Los arriacenses son gentes que habitan la ciudad de Guadalajara y sus alrededores, y pasan el dia buscando su sustento afanados en múltiples tareas, unos trabajando en fábricas, otros ocupados en el comercio de mil variados articulos, algunos empleados en oficinas al servicio del Estado y de la Autonomia...

    Asi podria comenzar una hipotética descripción etnográfica de los habitantes de Guadalajara, vistos desde la lejana perspectiva de algún despistado investigador inglés que viniera por aqui a estudiarnos como especimenes curiosos y atipicos de la especie humana. Nadie ha hecho realmente esta opción, que siempre seria simplista, generalizadora y, por lo tanto falsa. Pero no le vendria nada mal al personal que con nosotros habita este oreado burgo que alguien de bien cortada pluma pusiera en un papel los cuatro rasgos más relevantes de nuestra forma de ser y comportamiento. Porque, indudablemente, algo de peculiar ha de tener, aunque a nosotros, objeto misma de la curiosidad, no nos lo parezca.

    Si hubiera que hacer esta descripción, y hacerla deprisa, podriamos empezar diciendo que los arriacenses son gentes de raza blanca, con algunos rasgos arabizantes o moriscos, mas bien bajitos (hasta ahora, que a los jóvenes les ha dado por beber leche y tomar yogur), bastante alegres (también hasta ahora, en que por acúmulo de derechos ciudadanos chocan constantemente los intereses de unos con los de otros, y se están haciendo cada vez más agrios), y bastante trabajadores. Como castellanos de pura cepa, son sencillos en el trato, nobles en los sentimientos, elevados de miras, espirituales (cada vez menos, con tanta loteria y tanto cuponazo) y nada falsos, como en mala hora los calificó un redicho puesto por algún malintencionado vecino, que afirmaba que "los de Guadalajara, de lo que dicen por la noche, por la mañana no hay nada".

    Son dados al trato familiar y de amigos, amantes de la fiesta, de la bulla, y de las tracas. Bromistas e irónicos (aunque ahora, a tenor de los aires politizados que corren, van cambiando el ingenio por el insulto), son muy abiertos ante el extraño, y muy sufridos en los reveses de la fortuna. Siguen venerando abiertamente, en grandes grupos, a la Virgen Maria (en su advocación de la Antigua) y a otros muchos santos, aunque aquella gran procesión que hace cientos de años organizaban el jueves del "Corpus", dando vueltas a la ciudad durante todo el dia con cánticos, teatros y disfraces, ha venido muy a menos. Están reunidos por grupos en múltiples asociaciones (que es una forma moderna de divertirse), van a conciertos, a exposiciones de cuadros y a ruidosas exhibiciones de grupos de "rock & roll"

    Antiguamente se dedicaban a los oficios artesanales más diversos, montaban a caballo (los que podian comprárselo) y eran muy defensores de la religión, de la verdad (la suya) y de sus señores (los Mendoza), trabajando en las tierras de los alrededores, y bebiendo mucho vino, porque el páramo circundante lo producia