Textos variados

Mairena era, como examinador, extremadamente benévolo. Suspendía a muy pocos alumnos, y siempre tras exámenes brevísimos. Por ejemplo:

    - ¿Sabe usted algo de los griegos?

    - Los griegos... los griegos eran unos bárbaros...

    - Vaya usted, bendito de Dios.

    - ¿...?

    - Que puede retirarse.

Era Mairena –no obstante su apariencia seráfica- hombre, en el fondo, de malísimas pulgas. A veces recibió la visita airada de algún padre de familia que se quejaba, no del suspenso adjudicado a su hijo, sino de la poca seriedad del examen. La escena violenta, aunque también rápida, era inevitable.

    - ¿Le basta a usted ver a un niño para suspenderlo? –decía el visitante, abriendo los brazos con  ademán irónico de asombro admirativo.

Mairena contestaba, rojo de cólera y golpeando el suelo con el bastón:

    - ¡Me basta ver a su padre!

      Pero no exageremos –añadía Mairena-. Nosotros, los maestros, somos un poco egoístas, y no siempre pensamos que la cultura sea como la vida, aquella antorcha del corredor a que alude Lucrecio en su verso inmortal. Nosotros quisiéramos acapararla. Nuestras mismas ideas nos parecen hostiles en boca ajena porque pensamos que ya no son nuestras. La verdad es que las ideas no deben ser de nadie. Además, -todo hay que decirlo-, cuando profesamos nuestras ideas y las convertimos en opinión propia, ya tienen algo de prendas de uso personal, y nos disgusta que otros las usen. Otrosí: las ideas profesadas como creencias son también gallos de pelea con espolones afilados, y no es extraño que alguna vez se vuelvan contra nosotros con los espolones más afilados cada día. En suma, debemos ser indulgentes con el pensar más o menos gallináceo de nuestro vecino.

    Antonio Machado. “Juan de Mairena”

Sentirse solo en medio de la vida casi es reinar;

pero sentirse solo en medio del olvido,

en el oscuro campo de un corazón, es estar preso

sin que siquiera una avecilla trine

para darme noticias de la aurora.

Y el estar preso en varios corazones,

sin alcanzar conciencia de cuál sea

la verdadera cárcel de mi alma,

ser el centro de opuestas voluntades,

si no es morir, es envidiar la muerte.

    Manuel Altolaguirre

 

“Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las buenas razones”

“No hagas muchas pragmáticas; y si las hicieres, haz que se cumplan; que las pragmáticas que no se cumplen, lo mismo es que si no lo fuesen; antes dan a entender que el príncipe que tuvo las discreción y autoridad para hacerlas, no tuvo valor para hacer que se guardasen; y las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienen a ser como la viga, rey de las ranas, que al principio las espantó, y con el tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella”.

    Miguel de Cervantes. “Consejos de don Quijote a Sancho”

“El hecho de denigrar a los seres queridos es algo que siempre nos aparta un poco de ellos. A los ídolos es mejor no tocarlos, pues algo de la pintura dorada que los cubre se nos queda siempre entre las manos”

    Gustave Flaubert. “Madame Bovary”

Madrigal

Ojos claros, serenos,

si de un dulce mirar sois alabados,

¿Por qué, si me miráis, miráis airados?

Si cuanto más piadosos

más bellos parecéis a aquel que os mira,

no me miréis con ira,

porque me parezcáis menos hermosos.

¡Ay, tormentos rabiosos!

Ojos claros, serenos,

ya que así me miráis, miradme al menos.

Gutierre de Cetina

Teoría

La poesía es como el viento,

o como el fuego, o como el mar.

Hace vibrar árboles, ropas,

abrasa espigas, hojas secas,

acuna en su oleaje los objetos

que duermen en la playa.

La poesía es como el viento,

o como el fuego, o como el mar;

da apariencia de vida

a lo inmóvil, a lo paralizado.

Y el leño que arde,

las conchas que las olas traen o llevan,

el papel que arrebata el viento,

destellan una vida momentánea

entre las inmovilidades.

 

    José Hierro

Poesía para los cinco sentidos

¿Qué se hicieron las damas,

sus tocados e vestidos,

sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar,

las músicas acordadas

que tañían?

¿Qué se hizo aquel danzar,

aquellas ropas chapadas

que traían?

    Jorge Manrique

¡Oh noche que guiaste!

¡Oh noche amable más que el alborada!

¡Oh noche que juntaste

Amado con amada.

amada en el Amado transformada!

 

En mi pecho florido,

que entero para él solo se guardaba,

allí quedó dormido,

y yo le regalaba,

y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,

cuando yo sus cabellos esparcía,

con su mano serena

en mi cuello hería,

y todos mis sentidos suspendía.

 

Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el Amado;

cesó todo y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

    San Juan de la Cruz

Preso de amores

Tres cosas me tienen preso

de amores el corazón:

la bella Inés, el jamón

y berenjenas con queso.

 

Esta Inés, amante, es

quien tuvo en mí tal poder,

que me hizo aborrecer

todo lo que no era Inés.

 

Trájome un año sin seso,

hasta que en una ocasión

me dio a merendar jamón

y berenjenas con queso.

 

Fue de Inés la primer palma,

pero ya júzgase mal

entre todos ellos cuál

tiene más parte en mi alma.

 

En gusto, medida y peso

no le hallo distinción:

ya quiero Inés, ya jamón,

ya berenjenas con queso.

 

Alega Inés su beldad,

el jamón que es de Aracena,

el queso y la berenjena

la española antigüedad.

 

Y está tan fiel en el peso,

que, juzgando sin pasión,

todo es uno: Inés, jamón

y berenjenas con queso.

    Baltasar del Alcázar

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

 

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

 

Es una libertad encarcelada

que dura hasta el postrero paroxismo;

enfermedad que crece si es curada.

 

Este es el niño Amor, este su abismo.

¡Mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!

    Quevedo

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

 

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

 

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor süave,

olvidar el provecho, amar el daño;

 

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño:

esto es amor: quien lo probó lo sabe.

   Lope de Vega

El burro flautista

Cerca de unos prados

que hay en mi lugar

pasaba un borrico

por casualidad.

Una flauta en ellos

halló que un chaval

dejara olvidada

por casualidad.

Acercóse a olerla

el dicho animal,

y dio un resoplido

por casualidad.

En la flauta el aire

se hubo de colar,

y sonó la flauta

por casualidad.

“¡Oh, dijo el borrico,

¡qué bien sé tocar!

¿Y dirán que es mala

la música asnal?”

Sin reglas del arte

borriquitos hay

que una vez aciertan

por casualidad.

    Tomás de Iriarte

 

La gallina de los huevos de oro

Érase una gallina que ponía

un huevo de oro al dueño cada día.

Aun con tanta ganancia mal contento,

quiso el rico avariento

descubrir de una vez la mina de oro,

y hallar en menos tiempo más tesoro.

Matóla; abrióla el vientre de contado;

pero, después de haberla registrado,

¿qué sucedió? que, muerta la gallina,

perdió su huevo de oro y no halló mina.

¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,

enriquecerse quieren al instante,

abrazando proyectos

a veces de tan rápidos efectos,

qué sólo en pocos meses,

cuando se contemplaban ya marqueses,

contando sus millones,

se vieron en la calle sin calzones!.

    Samaniego

Las ranas pidiendo rey

Sin Rey vivía, libre, independiente,

el pueblo de las Ranas felizmente.

La amable libertad sólo reinaba

en la inmensa laguna que habitaba;

mas las ranas al fin un Rey quisieron

y a Júpiter excelso lo pidieron.

Conoce el dios la súplica importuna,

y arroja un Rey de palo a la laguna:

debió de ser sin duda buen pedazo,

pues dio su majestad tan gran porrazo,

que el ruido atemoriza al reino todo;

cada cual se zambulle en agua o lodo,

y quedan en silencio tan profundo

cual si no hubiese ranas en el mundo.

Una de ellas asoma la cabeza,

y viendo a la real pieza,

publica que el monarca es un zoquete.

Congrégase la turba, y por juguete

lo desprecian, lo ensucian con el cieno,

y piden otro Rey, que aquel no es bueno.

El padre de los dioses, irritado,

envía a un culebrón, que a diente airado,

muerde, traga, castiga,,

y a la mísera grey al punto obliga

a recurrir al dios humildemente.

“Padeced, les responde, eternamente;

que así castigo a aquel que no examina

si su solicitud será su ruina.”

 

  

 

El embargo

Señol jues, pasi usté más alanti

Y que entrin tos esos.

No le dé a usté ansia,

No le dé a usté mieo...

Si venís antiayel a afligila,

Sos tumbo a la puerta.¡Pero ya s’ha muerto!

Embargal, embargal los avíos,

Que aquí no hay dinero:

Lo he gastao en comías pa ella

Y en boticas que no le sirvieron;

Y eso que me quea,

Porque no me dio tiempo a vendello,

Ya me está sobrando,

Ya me está jediendo.

Embargal esi sacho de pico,

Y esas jocis clavás en el techo

Y esa segureja

Y esi cacho e liendro...

¡Jerramientas, que no quedi ni una!

¿Ya pa qué las quiero?

Si tuvía que ganallo pa ella,

¡cualisquiá me quitaba a mí eso!

Pero ya no quieo vel esi sacho,

Ni esas jocis clavás en el techo,

Ni esa segureja,

Ni esi cacho e liendro...

¡Pero a vel, señol jues,: cuidaito

si alguno de esos

es osao de tocali a esa cama

ondi ella s’ha muerto:

la camita ondi yo la he querío

cuando dambos estábamos güenos;

la camita ondi yo la he cuidiau,

la camita ondi estuvo su cuerpo

cuatro mesis vivo

y una nochi muerto!

Señol jues:que nenguno sea osao

De tocali a esa cama ni un pelo,

Porque aquí lo jinco

Delanti usté mesmo.

Lleváisoslo todu,

Todu, menos esu,

Que esas mantas tienin

Suol de su cuerpo...

¡Y me güelin, me güelin a ella

ca ves que las güelo!...

    Gabriel y Galán

 

En el “Meeting” de la Humanidad

millones de hombres gritan lo mismo:

¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo!...

¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo!...

¡Cu-cu, cantaba la rana;

cu-cu, debajo del agua!...

¡Qué monótona es la rana humana!

¡Qué monótono es el hombre mono!

¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo!....

Y luego: A mí, para mí;

en mi opinión, a mi entender.

¡Mí, mí, mí, mí!

Y en francés hay un ¡”Moi!

¡Ho!, el “Moi” francés, ¡ese sí que es “grand!”

“¡Monsieur le Moi!”

¡La rana es mejor.

¡Cu-cu, cu-cu!

Sólo los que aman saben decir ¡Tú!

    Jacinto Benavente

 

La sandía

Cual si de pronto se entreabriera el día

despidiendo una intensa llamarada,

por el acero fúlgido rasgada

mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía

la larga y deslumbrante cuchillada,

como boca encendida y desatada

en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada señalando

las fue el hábil cuchillo separando,

vivas a la ilusión como ningunas.

las separó la mano de repente,

y de improviso decoró la fuente

un círculo de rojas medias lunas.

    Salvador Rueda

 

 

Diversos son los hombres y diversas las hablas,

y han convenido muchos nombres a un solo amor.

 

La vieja y frágil plata se convierte en tarde

detenida en la claridad sobre los campos.

La tierra, con trampas de mil finos oídos,

ha cautivado a los pájaros de las canciones del aire.

 

Sí, comprende y haz tuya, también,

desde los olivos,

la alta y sencilla verdad de la prisionera voz del viento:

Diversas son las hablas y diversos los hombres,

y convendrán muchos nombres a un solo amor.”

    Salvador Espriu

 

A veces es necesario y forzoso

que un hombre muera por un pueblo,

pero jamás ha de morir todo un pueblo

por un solo hombre:

recuerda esto siempre, Sepharad.

Haz que sean seguros los puentes del diálogo

e intenta comprender y amar

las razones y las diversas hablas de tus hijos.

Que la lluvia caiga lentamente en los sembrados

y pase el aire como una mano extendida,

suave y muy benigna, sobre los anchos campos.

que Sepharad viva eternamente,

en el orden y en la paz, en el trabajo,

y en la difícil y merecida

libertad.

 

La higuera

Porque es áspera y fea,

porque todas sus ramas son grises

yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos:

ciruelos redondos,

limoneros rectos

y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras

todos ellos se cubren de flores

en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste

con sus gajos torcidos, que nunca

de apretados capullos se viste...

Por eso,

cada vez que yo paso a su lado

digo, procurando

hacer dulce y alegre mi acento:

“Es la higuera el más bello

de los árboles todos del huerto.”

Si ella escucha,

si comprende el idioma en que hablo,

¡qué dulzura tan honda hará nido

en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,

cuando el viento abanique su copa,

embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

    Juana de Ibarbouru

Soledad, Julia e Irene, tres hermanas bastante bonitas, eran pretendidas por un caballero elegante, algo donjuán, del que las tres estaban enamoradas. Como no se decidía por ninguna, le exigieron que se declarase, y él, acosado y comprometido, consignó su elección en una décima sin puntuar, autorizando a que cada una la puntuase a su manera. La décima es la siguiente:

Tres bellas que bellas son

me han exigido las tres

que diga de ellas cuál es

la que ama mi corazón

si obedecer es razón

digo que amo a Soledad

no a julia cuya bondad

persona humana no tiene

no aspira mi amor a Irene

que no es poca su beldad.

Soledad puntuó la décima y dijo: “La preferida soy yo”.

Julia creyó ser ella la elegida.

Irene añadió: “Las dos estáis engañadas; a quien ama de las tres es a mí”.

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