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El hombre, Dios y la verdad. (por Antonio Navas Ruiz, universidad Carlos III, Madrid).
Blues de Octavio Paz. (por Antonio Casares, Bilbao).
LA POLEMICA SOBRE EL BRITISH MUSEUM Y LOS RESTOS DE LA ACROPOLIS
Somos alumnos de griego de 1º de Bachillerato/ Logse del Instituto Octavio Paz de Leganés-Madrid. Ultimamente hemos estado debatiendo sobre la hipotética devolución de los mármoles, que procedentes de la Acrópolis de Atenas se encuentran en el British Museum de Londres a donde recavaron por obra de Lord Elgin.
Nos gustaría saber qué es lo que opináis vosotros y os animamos a que nos contestéis.
Aquí tenéis nuestras opiniones sintetizadas en dos bloques, el de quienes estamos a favor de su conservación en el museo inglés y el de quienes deseamos su repatriación.

La Acrópolis de Atenas
Tras conocer con bastante detalle el asunto de devolver a Atenas todas las piezas de la Acrópolis, que hace casi dos siglos se llevó Lord Elgin, no podemos por menos que estar en desacuerdo con quienes lo pretenden porque si bien Grecia puede tener sus derechos para pedir aquello que fue suyo, más razones y aún más convincentes tiene Inglaterra para no devolverlo. Razones como la de que todas las piezas fueron obtenidas del gobierno turco que en esa época dominaba Grecia, consiguiendo de éste la autorización necesaria para su traslado. Y esto también forma parte de la historia, una historia que no se puede pretender cambiar ahora después de tantos años, cuando ya forma parte de la herencia inglesa.
Creemos además que a Lord Elgin, que entonces era embajador de su país en Grecia, no le movió ningún ideal económico al coger aquellas piezas, sino que más bien pensó en salvaguardarlos de una destrucción que las amenazaba en manos del pueblo turco que poco o nada valoraba aquellos restos, que mutilaba las esculturas o las malvendía pieza a pieza a los viajeros de paso.
Y no olvidemos que la devolución de las esculturas y otros mármoles guardados en el British Museum daría paso a un gran problema: el de que todos los museos del mundo deberían, por la misma regla, devolver a su lugar de origen las piezas logradas por conquista, compra, u otras posibles formas de adquisición.
Han elaborado este artículo:
Arias Ibáñez
Blázquez Mena
Calzas Pintado

British Museum, en la época de la llegada de los mármoles de la Acrópolis.
Se acerca una buena fecha para Atenas. Dentro de muy poco tiempo se cumplirá el 200 aniversario de la llegada de Lord Elgin a Grecia. Es sin duda un excelente momento para pedir lo que es justo: que todas las piezas de la Acrópolis expuestas en Gran Bretaña regresen al fin a su hogar, al lugar de donde desconsiderada y egoístamente fueron arrancadas en 1800 con la llegada de Lord Elgin y su grupo de "artistas", irrumpiendo la tranquilidad de una arquitectura milenaria.
Hugh Hammersley, quien consideraba el acto como saqueo, dijo en su momento, que Gran Bretaña guardaría esos mármoles en calidad de fideicomisa, y sólo hasta que el gobernador de la ciudad de Atenas lo reclamara. Pues bien, el pueblo griego y otros muchos que lamentan que una parte de la historia de Grecia esté muerta, lo reclamamos, porque aún se está a tiempo de hacer revivir aquello que manos griegas hicieron para que fuese contemplado en suelo griego.
Son muchos también quienes anteponen como excusa que si estas piezas de incalculable belleza, armonía y valor no hubieran sido arrancadas de su hábitat, ahora o no estarían tan bien conservadas o incluso habrían desaparecido para siempre.
Pero hoy día esa conservación está garantizada también en Grecia, razón por la cual queremos que piensen en ello y den al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios y a Grecia lo que es de Grecia.
Han elaborado este artículo:
Barquero García
Bermejo Gómez
Blázquez.P González.P
Cabrera González.V
Carnero Jorge
Cerrillo Palomares
Frontelo Rodríguez
Gallardo Sánchez
Selva Lacandona,
Chiapas, México, 1984-1989.
Subcomandante Marcos.
INSTRUCCIONES PARA CAER Y LEVANTARSE
Siga caminando, cuando se de cuenta ya estará de nalgas en el suelo, en esa posición incomoda que tienen los muñecos para estar nomas. Acto seguido procede una larga y obstinada reflexión sobre la conveniencia de quedarse ahí en el suelo. Pero ya se alejan los compañeros y la picada esta lejos de parecer un claro camino, claro. Tampoco es cuestión de quedarse ahí toda la vida, con el lodo llenandome el alma y la mochila, así que llega el momento de levantase, situación difícil e impredecible en sus resultados.
Tal vez es mejor seguir en el suelo y arrastrarse poco a poco, pero, ademas de ser poco estético, es impracticable (creanme, lo he probado), siempre habrá alguna raíz oculta o una espina que nos retenga, y entonces nueva reflexión sobre lo cómodo que se puede estar sentado en el lodo, no obstante los mosquitos, moscos y moscardones.
Decidido ya a levantarse, que siempre es lo mas difícil, procede esa complicada operación que consiste
en apoyarse en manos y rodillas de donde fuere y tratar de poner el pesado caparazón sobre la espalda (tan sencillo, y pesado, que es llevar la casa a cuestas: apenas un plástico y una hamaca).
Pero la mochila se obstina en llevar otras cosas absurdas:
algunos libros de poemas, un poco de ropa, un calcetín sin su par, la medicina para el mundo, comida, una húmeda cobija... El conjunto de la carga pesa toneladas (sobre todo después de las primeras horas de caminata) y tiende a atorarse cada vez que le viene en gana, es decir, casi siempre. Ya tortuga boca abajo consigue poner un pie y alzarse sobre el otro, con la consiguiente protesta de las rodillas, el horizonte entonces se ensancha y
siempre será ajeno. Con la mirada en el suelo se reemprende la marcha hasta la nueva
caída, que será apenas unos pasos adelante. Y la historia se repite...
INSTRUCCIONES PARA OLVIDAR Y RECORDAR
Saquese despacio ese amor que le duele al respirar. Sacudalo un poco para que despierte. Lavelo con cuidado, que no quede ni una sola impureza. Limpio y oloroso proceda a doblarlo tantas veces como sea necesario para tener el tamaño de la uña del dedo gordo del pie derecho. Espere el paso de una hormiga, ser noble y generoso, y
pasele la pesada carga. Ella lo llevara a guardar en alguna profunda caverna. Hecho esto, vaya y rellene, por enésima vez, la pipa de tabaco frente al mar de oriente.
El olvido llegara conforme se termine el tabaco y el mar se acerque a usted.
Si quiere recuperar ese amor que ahora olvida, basta escribir una larga carta hablando de viajes desconocidos, hidras, molinos de viento, oficinas y otros monstruos igualmente terribles. A vuelta de correo tendrá su amor tal y como lo envío, acaso con un poco de polvo y sueño en la cubierta...
INSTRUCCIONES PARA SEGUIR ADELANTE
Frente a un espejo cualquiera, dese cuenta de que uno no es lo mejor de si mismo. Pero siempre se puede salvar algo: una uña por ejemplo...
INSTRUCCIONES PARA HACER UNA CANCION
Inicialmente no es forzoso saber las notas, las rimas y ritmos. Basta con empezar a tararear alguna vieja tonada que recuerde. Repitala hasta que nada tenga que ver con la original. La letra es lo de menos, porque poemas sobran. Pero, por las dudas, cuide que nadie lo escuche... críticos también sobran...
INSTRUCCIONES PARA MI MUERTE
Los que ahora dicen -!Que malo es!-, dirán entonces -!Que bueno era!-. Y yo me iré sonriendo, burlandome siempre de ellos, es decir, de mi.
INSTRUCCIONES PARA ENAMORARSE
Elija una mujer cualquiera. Ponga cuidado en alguna parte de su cuerpo (de ella) y empiece a amarla. Aumente poco a poco su amor hasta completarla. Hecho esto, desenamorese rápidamente, ya que el amor provoca adicción.
INSTRUCCIONES PARA TENERSE LASTIMA
Pobrecitos de nosotros, tan pequeños y con toda la revolución para hacer.
INSTRUCCIONES PARA TENER ÉXITO
Decida escribir un libro. Junte varios recuerdos (mínimo 16). Escriba un largo prologo y, en pocas paginas que queden, amontone los recuerdos. El indice no es necesario. Después cruce a nado el Atlántico y conquiste Europa. El libro se venderá como pan caliente.
INSTRUCCIONES PARA DESPEDIRSE
No mire hacia atrás. Suele bastar con eso...
INSTRUCCIONES PARA LAS LAGRIMAS
Forme un cuenco con las manos, deposite las lagrimas una a una. Lleno el cuenco, vacielo en un paraje extraño y forme tantos mares como sea necesario. Bautice los mares con nombres apocalípticos y hermosos. Evite las obviedades como Mar Amargo y Mar de las Penas y los Gozos. Mar Árbol, Mar Sol, Mar Sombrero y
nombres parecidos son los mas indicados.
INSTRUCCIONES PARA MEDIR LOS AMORES
Encienda la pipa y siga caminando. Recoja, con cuidado, algunos de los besos mas olvidados, algunos mechones de cabello, 2 o 3 miradas, uno que otro recuerdo de pieles blancas y morenas, un poema roto y una suela de zapato (esta ultima para darle consistencia al brebaje). Revuelva todo y sazone a discreción. Divida el resultado entre 2 tantas veces como sea necesario, hasta que no quede nada.
INSTRUCCIONES PARA MEDIR DESAMORES
Basta el rencor y, finalmente, no vale la pena.
INSTRUCCIONES PARA MEDIR LA VIDA
Se toma cordel a discreción y se empieza a meter en el bolsillo derecho del pantalón hasta que ocurra una de dos cosas:
A) Que el bolsillo se llene de cordel.
B) Que se canse uno de estar metiendo cordel en el bolsillo.
Cuando ha ocurrido una de las dos cosas arriba señaladas, o las dos, espere una tarde lluviosa. Justo cuando la lluvia empiece a titubear en caer o no sobre la tierra,
saque el cordel y arrojelo hacia arriba, lo mas alto posible, con un elegante ademan de mago y, simultáneamente, murmure las siguientes palabras: Veo, mido, existo, la vida.
Si se han seguido las instrucciones al pie de la letra, el cordel permanecerá en el aire, suspendido por unos instantes, antes de volver a tierra en un manojo de hilos. Ahí tiene usted la medida de un pedazo de vida.
Si, no obstante haber seguido las instrucciones, el cordel no responde como arriba indicamos, no se preocupe y pruebe con otro cordel.
Sucede que hay cordeles que se niegan, con desconcertante obstinación, a medir la vida de nadie (bastantes problemas tienen con amarrar botas, zapatos y otras cosas absurdas, dicen).
Orgullosos clamamos al cielo la inexistencia de Dios y
nos reímos de aquellos que malgastan su preciado tiempo
adorando a una verdad inexistente como en los tiempos
primitivos. El hombre asombrado con la fuerza del método
empírico y de sus consecuencias en los últimos siglos dice:
"yo no creo en Dios porque todavía no he encontrado ninguna
prueba empírica que demuestre su existencia. Y así el hombre
se pasea pavoneándose de haber descubierto y de haber
comprendido toda la realidad de este mundo. Imagino cuánto
se tienen que estar riendo las demás criaturas observando al
hombre y su soberbia, diciendo: Como pueden esperar que esa
sea la realidad, no hombre, la realidad es la nuestra la del
mundo de los perros. Y es que el error del hombre estriba en
considerar a la razón humana como un objeto de condición
divina y no como un instrumento o medio para vivir de forma
armónica. Para ello analicemos un poco el término de verdad.
Llamamos verdad a la conclusión obtenida a partir de una
serie de silogismos de tal forma que si considerarnos que
estos están de acuerdo con nuestra forma de razonar o de
pensar entonces admitimos que esa conclusión es cierta. Pero
es que obtenemos alguna prueba de que la lógica por si misma
tenga algo de verdad. Pensemos un momentito en este ejemplo.
Cuando nosotros erarnos niiftos solíamos leer con mucha
ilusión la edición española lujosamente encuademada de las
novelas de Julio Veme o de Romeo y Julíeta de William
Shakespeare. Pero cuando entramos en una educación muy
superior y tenemos conocimientos suficientes de inglés y de
francés entonces volvemos a releer el libro y nos damos
cuenta que William Shakespeare habla de otras cosas muy
distintas a las de nuestra edición de planeta agostini. ¿No
le podría ocurrir al hombre lo que al joven? ¿No podría ser
que todo este mundo no fuera una simple adaptación, una
simple traducción de la realidad exterior con el único fin de
facilitarnos la vida de conseguir vivir mejor. La única
función de la razón es la de proporcionamos objetos que
logren satisfacer njuestras necesidades tanto materiales como
espirituales como si alguien que hubiera pensado en nuestra
existencia hubiera decidido dotamos de un instrumento que
lograse aumentar nuestro bienestar. Si necesitamos estar
enamorados pues enamorémonos y si necesitamos creer en Dios
pues creamos puesto que no vamos a malgastar el único bien
irrecuperable en meditar acerca de unas cuestiones que nunca
vamos a lograr responder porque no tenemos métodos.
Observemos simplemente los efectos devastadores en las almas
de los pobres europeos después de admitir la inexistencia de
Dios y veremos una razón más para creémoslo. Puede incluso
que aquel que haya pensado en dotamos de esa razón que nos
satisface pueda haber infundado en nosotros la misma idea de
Dios con el fin de evitar esas catástrofes. En vista de que
la verdad es un medio para vivir, un input, en vista de que
Dios es también un input ¿Por qué entonces vamos a ser
ineficientes?
.
"Cuando los dioses eran más humanos
los hombres eran más divinos".
(SCHILLER)
La dolorosa desaparición física de Octavio Paz, a quien nunca
lloraremos bastante, es una mutilación del cosmos y, por analogía,
atendiendo al principio de la pars pro toto, repercutirá en una mutilación
equivalente en nuestro espíritu, en nuestra visión del mundo, en nuestra
weltanschauung, porque la muerte de un poeta nos desdiviniza y, por ende,
nos deshumaniza aún más, en este momento crítico en el que tan necesitados
estamos de seres que, por su altura intelectual o moral, nos ayuden a
salir del laberinto de mediocridad -de soledad, diría él- en que nos
encontramos, inmersos en una crisis finisecular, después de haber vivido
la tragedia interminable de la historia, y a punto de vivir, sin caer en
alarmismos milenaristas de corto alcance, la peor de las tragedias: la de
enfrentarnos al siglo XXI sin las suficientes garantías de libertad
individual o colectiva, como instrumentos ciegos de una dictadura cósmica
envuelta sutilmente en la promesa de un nuevo orden mundial.
Si dejamos aparte momentáneamente -por inoportuna, no por
irrelevante- la trayectoria política de este escritor, desde su trotskismo
inicial hasta, en aras del neoliberalismo imperante, su apoyo acrítico al
PRI, nos encontramos, querámoslo o no, ante uno de los más grandes poetas
contemporáneos, con una obra que abarca los campos literarios más
relevantes y que, yendo más allá de ellos, cristaliza en una poesía de
primera magnitud, pues tanto su obra en prosa, como la que aquilató en
maravillosos versos, responde a la llamada ineludible de la belleza, a la
que se entregó con una pasión y un amor dignos de encomio, propios de un
entusiasmo por el saber de estirpe renacentista. Paz, rompiendo las
barreras excluyentes de los géneros y, con ellas, las del lenguaje, se
instala en el ámbito del metalenguaje, donde se mueve cómodamente, con una
precisión y soltura envidiables, dando vueltas a las palabras,
estrujándolas hasta extraer de ellas la piedra filosofal: el poema tallado
con la precisión del orfebre, espejo del poema del universo que todos
podemos contemplar, pues, al decir de Borges, la belleza es común. Ante
todo, como dijo Emily Dickinson adelantándose a Blas de Otero, nos queda
la palabra -la suya, que sólo se parece a sí misma-, una palabra que es
una constelación deslumbrante de signos que, en perpetua rotación y
traslación sobre la página en blanco, iluminan nuestros corazones
desolados, perdidos en el desierto infinito de la Noche Cósmica. Frente al
homo oeconómicus, hijo bastardo del Urizen -¿Your Reason?- de Blake, que
es el arquetipo que nos tratan de inculcar una y otra vez, hasta el
hastío, desde todos los ámbitos de la cultura oficial y de las
instituciones pretendidamente democráticas (a quienes alguna vez habrá que
pedir cuentas por sus persistentes sofismas),el homo poeta, capaz de
descender al abismo en busca de las huellas perdidas de los dioses (él es
también un pequeño dios) y de transformar, como Rimbaud, la vida y, como
Marx, el mundo, mediante la Palabra (o alquimia verbal) transfiguradora de
todo lo existente, es el modelo al que nos aferramos, contra todo y contra
todos, repitiendo la revuelta prometeica contra los dioses olímpicos,
instalados ahora en el Pentágono y en el corazón de todos los idólatras
del dólar, con lúcida desesperación, conscientes de que ésa es la única
revolución posible. No olvidemos que, según Baudelaire, Dios no creó el
mundo, sino que lo profirió, lo dijo.
Además de merecer todas las elegías y todos los réquiem, Octavio Paz
es digno de figurar, por derecho propio, en el Olimpo de los adoradores de
la poesía. Sus palabras, junto a las de Quezaltcóalt, el dios de los
mexicas, junto a las de Sor Juana Inés de la Cruz, junto a las de tantos
otros de cuyos nombres, además de acordarnos, nos sentimos deudores,
bellas como un blues que llora -que ora- en el templo del universo o el
lamento de una caracola venusina recién nacida del mar, fascinantes como
un sueño perfumado de libertad, misteriosas como un haikú, conmovedoras
como la contemplación de una luna de jade, dulces como un nombre de mujer,
fulgen altas y profundas como estrellas intangibles, inmarcesibles, del
cielo de la belleza.
(Gracias, Octavio, emperador de las letras mexicanas y universales,
descansa en la paz que llevas en tu apellido. Gracias a ti sabemos que
"Por un instante están los nombres habitados").
(Bilbao, 21 de abril de 1998)
ANTONIO CASARES
(Vgarciaal@nexo.es)
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