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EL HOMBRE, UN SER QUE RESUELVE PROBLEMAS

 Leonardo Polo Barrera

  

El hombre se encuentra hoy en una situación bastante problemática. Esto no es una novedad completa, porque el hombre siempre ha tenido que afrontar problemas. Pero quizás la situación actual sea extremadamente problemática, por ser mayor la cantidad y la interconexión de los problemas que hay que afrontar. No cabe duda de que tenemos muchas amenazas que en cualquier momento pueden transformarse, en catástrofes. 

Cabe fijarse por ejemplo en las relaciones entre los pueblos: desarrollo, subdesarrollo, la deuda ... Cabe pensar en el problema ecológico, y en la cantidad de dificultades que pueden surgir si el hombre abusa de su tecnología. Estos son, digámoslo así, macroproblemas. Cabe pensar también en el problema de la droga y en nuestra propia vida, en todas las dificultades que hemos tenido que solucionar y en las que quedan pendientes. Ante esto algunos se tumban a la bartola o se muestran como pasotas. El pasotismo se entiende como una actitud ante los problemas. Ser pasota es una consecuencia de que el exceso de problemas aturde al hombre, que entonces renuncia. Por eso el lema del pasotismo de hace unos años era: "que se pare el mundo que me bajo".

Aparece aquí una dimensión humana: el hombre es un ser, y posiblemente sea esta una característica casi exclusivamente suya, que se puede encontrar en situaciones muy problemáticas. Si esto es así, y si ha ocurrido con mayor o menor intensidad a lo largo de la historia, y el hombre no ha sucumbido, habremos de afirmar que es capaz de solucionar problemas. Este es uno de los primeros modos de acercarse al ser humano. Muchas veces, y la bibliografía es abundante, se define al ser humano como solucionador de problemas, un ser cuya capacidad de resolverlos es mucho mayor que la de cualquier otro viviente.

El elenco de recursos que tiene un animal para resolver los problemas de su vida, los que se refieren sobretodo a su supervivencia o a la de su especie, es, por así decirlo, estereotipado. Los animales no inventan recursos. Si el animal se encuentra en una situación para la cual sus recursos no son suficientes - estas situaciones suelen aparecer ligadas a un cambio de medio - la especie se extingue. Como solucionador de problemas el animal es muy limitado; por eso siguiendo la línea evolutiva, las especies se van adaptando al medio mediante un cambio en su dotación genética.

El hombre no solamente resuelve problemas, sino que además los provoca. Posee carácter problemático en este doble sentido: es mejor solucionador de problemas que el resto de los seres vivientes del planeta y además es provocador de problemas, los suscita. A no ser por un cambio intenso de su medio ambiente, es muy difícil que el animal sufra grandes problemas. Por ejemplo, la superpoblación no afecta a los animales. Pero tampoco al revés: los animales no presentan el problema de la infrapoblación a partir del cansancio genético. Si se da, está ligada a la falta de nutrición, la imposibilidad de procurarse el alimento, etc.

Por el contrario, en el hombre sí aparece el cansancio genético. Se producen entonces desplomes de población, a primera vista inexplicables. El hombre es por tanto un ser aquejado, suscitador de problemas; pero es también mejor solucionador de ellos.

Que el hombre se plantea a sí mismo problemas es obvio: a ningún animal se le ha ocurrido inventar la bomba atómica. La bomba atómica encierra un riesgo potencial según como se use, pero está ahí, como un dato que puede producir la desaparición del hombre sobre el planeta. Es un problema que el hombre mismo, a través de sus actitudes, ha provocado.

LA INTELIGENCIA HUMANA Y SU CAPACIDAD ABSTRACTIVA

La mayor capacidad resolutiva de problemas depende en el hombre de la capacidad de tener ideas y de considerar los recursos de los que puede echar mano de una manera no singular ni particular. El hombre descubre en las cosas propiedades que van más allá del aquí y del ahora. La capacidad abstractiva presenta este nuevo rasgo: el hombre ante todo resuelve problemas porque es inteligente. La inteligencia, en la práctica, se caracteriza por ser susceptible de aumento, a través de la fijación de propiedades, de un modo abstracto, no particular: la inteligencia puede acudir a un mismo remedio aunque cambien las circunstancias. En el animal esto es prácticamente inexistente. 

Se ha hecho un experimento con chimpancés para tratar de averiguar si son capaces de ideas abstractas cuando se ven acuciados por un problema vital. Se puso a un chimpancé en una balsa, y se colocó allí un cubo lleno de agua con un cucharón para llenarlo. Se colocó la balsa en el agua, se puso la comida en un islote rodeado de fuego, y se enseñó al animal que, si echaba agua con el cazo, podía apagar el fuego y alcanzar la comida. Se le enseñó algo así como un razonamiento condicional: si echo agua, se apagará el fuego y podré coger el alimento. Un día se realizó el experimento, pero se le puso el cubo sin agua. Cuando el chimpancé no pudo echar agua con el cazo, se quedó sin comida. Es claro que esto al hombre no le hubiera pasado porque el recurso para resolver el problema no era el recurso "éste aquí". El hombre entiende que el agua tiene la propiedad de apagar el fuego, y lo mismo le vale que el agua esté en el cubo o en el lago.  

La capacidad abstractiva de fijar propiedades hace que el hombre sea mejor solucionador de problemas que el animal. Para resolver el problema hacen falta recursos, pero sin duda una captación de propiedades, por así decir, generales, que se conservan inalteradas prescindiendo de condiciones espacio-temporales y de circunstancia particulares, la capacidad de resolución es muy limitada. 

Podemos preguntarnos ahora si solamente de esta manera, con la capacidad abstractiva, se explica que el hombre sea un ser problemático que está asomado a los problemas y los resuelve. Habría que hacerse otra pregunta: ┐Puede el hombre encontrarse ante un problema que no se pueda resolver? ┐Hasta dónde llega esa capacidad que decimos que es superior a la del animal?. 

En este rasgo humano se hace mucho hincapié. Esta es, por ejemplo, la opinión de John Dewey. Para este autor lo característico del hombre es estar siempre planteando problemas que se renuevan sin que la resolución de unos sirva para el siguiente. 

La interpretación del problematismo en Dewey es exacerbada: por mucho que el hombre razone, siempre se encuentra ante un problema nuevo. Al hombre no se le puede enseñar. No hay recetas para resolver los problemas, porque son equívocos. Lo que resuelve uno no sirve para el posterior, no porque sea un problema mayor sino porque no puede establecerse una estrategia. El problema siguiente es siempre imprevisible: hay que ensayar siempre nuevas soluciones. El hombre solamente podría resolver problemas, digámoslo así, sobre la marcha. Según este planteamiento la fórmula anterior no sirve; el hombre tendría que acudir al procedimiento de ensayo y error. Si el hombre no puede inspirarse en ninguna solución anterior para resolver el problema subsiguiente pues se equivoca cuando trata de resolverlo así, sólo podrá hacerlo mediante una inventiva pura. 

Lo que Dewey sugiere está ya contenido en uno de los temas más peculiares de la interpretación clásica del hombre: la virtud de la prudencia. Ser prudente es virtuoso para el hombre justamente porque se encuentra ante problemas. Uno de los rasgos de la prudencia es la solertia. Solertia es la capacidad de enfrentarse con lo imprevisible. Puede ocurrir que la experiencia - la prudencia se alimenta de la experiencia - no muestre un procedimiento válido en algún caso. Aunque esto no sea tan frecuente como dice Dewey, en el hombre puede aparecer lo inesperado, aquello ante lo cual no hay una respuesta preparada porque no se parece a nada de lo que antes ha acontecido.

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