LA ENFERMEDAD SAGRADA

(Ilustración y superstición en Grecia siglo V a. c.: una reflexión sobre el papel de la razón ante la crítica de la modernidad por parte de la premodernidad postmoderna)

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"Acerca de la enfermedad que llaman sagrada sucede lo siguiente. En nada me parece que sea algo más divino ni más sagrado que las otras, sino que tiene su naturaleza propia, como las demás enfermedades, y de ahí se origina. Pero su fundamento y causa natural lo consideran los hombres como una cosa divina por su inexperiencia y su asombro, ya que en nada se asemeja a las demás. Pero si por su incapacidad de comprenderla le conservan ese carácter divino, por la banalidad del método de curación con el que la tratan vienen a negarlo. Porque la tratan por medio de purificaciones y conjuro (...)
Me parece que los primeros en sacralizar esta dolencia fueron gente como son ahora los magos, charlatanes y embaucadores, que se dan aires de ser muy piadosos y de saber más. Éstos en efecto, tomaron lo divino como abrigo y escudo de su incapacidad al no tener remedio de que servirse, y para que no quedaron en evidencia que no sabían nada estimaron sagrada esta afección. Y añadieron explicaciones a su conveniencia, y asentaron el tratamiento curativo en el terreno seguro para ellos mismos, aduciendo purificaciones y conjuros, prescribiendo apartarse de los baños y de un buen número de comestibles que serían comida para los enfermos. De entre los pescadores del mar (prohibieron) el salmonete, la raya, el mújol y la anguila -éstos son, por lo visto, los más mortíferos-; entre las carnes, las de cabra, ciervo y la de perro- éstas son, pues, las carnes más alborotadoras del estó mago- de las aves, el gallo, la tórtola y la avutarda -que se consideran que son durísimas -entre las hortalizas, la menta, el ajo y la cebolla -ya que lo ácido no es nada adecuado para un convaleciente-. En cuanto al vestido (prescribieron) no yacer sobre pieles de cabra ni llevarlas; y no estar con un pie sobre el otro, ni mano sobre mano -ya que todo eso son actitudes prohibitivas-. Eso lo ordenan de cara a lo divino, como si tuvieran un saber superior, y formulando otros motivos, de modo que, si el enfermo llegara a curarse, de ellos sea la gloria y la destreza, y si se muere quedará a salvo su disculpa, conservando la disculpa de que de nada son ellos responsables, si no sólo los dioses, ya que no les dieron ningún medicamento para comer o beber, ni los trataron con baños de modo que pudieran ser culpables de algo (...).
Con sus palabrerías y maquinaciones fijen saber algo superior y embaucan a la gente recomendándoles purificaciones y expiaciones, y el bulto de su charcla es invocación de lo divino y demoníaco. Aunque a mí me parece que no construyen sus discursos en torno a la piedad, como creen ellos, sino, más bien, en torno a la impiedad y a la creencia de que no existen los dioses, y que su sentido de lo piadoso y lo divino es impío y blasfemo, como voy a demostrar (...).
 
La enfermedad ésta en nada me parece que sea más divina que las demás, sino que tiene su naturaleza como las otras enfermedades, y de ahí se origina cada una. Y en cuanto a su fundamento y causa natural, resulta ella divina por lo mismo por lo que lo son todas las demás. Y es curable, no menos que otras, con tal que no esté fortalecida por su larga duración hasta el punto de ser más fuerte que los remedios que se le apliquen (...).
Pero el caso es que la causa de ésta dolencia está en el cerebro, lo mismo que las demás enfermedades de mayor gravedad. De qué manera y por qué motivo se origina lo expondré yo claramente.
El cerebro humano es doble, como también el de otros animales. Una sutil membrana lo divide por la mitad. Por eso no siempre se siente dolor en la misma parte de la cabeza, sino a veces sólo a uno de los dos lados, y otras en toda (...).
Esa enfermedad que llaman "la enfermadad sagrada" (epilepsia) se origina a partir de las mismas causas que las demás, de cosas que cambian y que nunca son estables. Estas son cosas divinas, de modo que en nada hay que distinguir a esta dolencia y considerar que es más divina que las restantes, sino que todas ellas son divinas y humanas. Cada una tiene su naturaleza y su poder en sí misma, y ninguna es desesperada e intratable.
La mayoría pueden remediarse mediante eses mismas cosas en las que tienen su origen. Porque una cosa le es alimento a otra, pero en otras ocasiones es su destrucción. Eso, desde luego, debe saberlo el médico, de modo que, distinguiendo el momento oportuno de cada cosa, dé u aumente el alimento en un caso, y se lo disminuya y niegue en otro (...).
Aquel que sabe producir lo seco y lo húmedo, lo frío y lo caliente entre los hombres, mediante la dieta, ése puede curar también esta enfermedad, si reconoce los tiempos oportunos para los tratamientos adecuados, sin purificaciones, ni magia, ni toda la charlatanería de ese estilo".