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<<El hombre quiere crear la naturaleza>>

Faustino Cordón
(El Mundo, 28 de junio de 1997)


El más reputado y perspicaz biólogo español estudió la carrera en las soledades de la Sierra de Aracena y sólo viajaba a Madrid, su villa natal, para examinarse. Recién doctorado tuvo, sin embargo, que pegarse al terreno de su patria chica, pero no para alebrarse en el laboratorio, sino para defenderla del asedio brutal de tropas mercenarias y de los bombarderos alemanes e italianos. Ingresó voluntario, de miliciano raso, en el 5º Regimiento, y luego fue llamado por Prieto, ministro de la Guerra, para ocuparse de sacar, casi de la nada, armamento para el improvisado Ejército de la República. A sus 88 años, este sabio sigue investigando un territorio misterioso, el que hay entre la molécula y la célula, que por lo visto contiene las claves que explican el fenómeno extraño de la vida.

Pregunta.- La materia no muere, se transforma, pero qué poco nos consuela eso a los mortales, ¿verdad?

Respuesta.- A mí no me consuela nada. La muerte me obsesiona, me afecta, y me juego la eternidad a que después no hay nada.

P.- ¿Nada?

R.- Es que la psique es una cara o un efecto del soma, y la desaparición de una conlleva a la otra. Ya le digo que no me cabe la menor duda, que me juego a esa convicción mi vida eterna.

P.- Se dice que la clonación podría acabar con la vida humana. ¿Sería una pérdida muy sensible, después de todo?

R.- Tarde o temprano, y por lo que sea, tendrá que desaparecer el ser humano, como la propia atmósfera. Es una cuestión de tiempo, pero como quiera que destruir es más fácil que crear, y al hombre se le da tan bien la destrucción...

P.- Pero eso de la clonación, ¿le dice algo?

R.- Poco, es una cosa muy reciente. A mí me preocupa, como biólogo, saber por el origen, pues nada se puede saber de nada si no se entiende cómo surgió por primera vez. Hay que elevar la ciencia experimental a ciencia evolucionista, y saber cómo son las cosas no por su relación con el hombre, sino por ellas mismas.

P.- ¿Y eso de situar la fuente de la Eterna Juventud en un quirófano?

R.- Todas las arrugas que tenemos en la cara y en el cuerpo las tenemos también en las arterias, y no hay cirugía capaz de devolver la juventud a las arterias. La vejez y la muerte son ineluctables.

P.- Al ser humano no parece gustarle mucho la naturaleza, a juzgar por cómo la combate y la destruye.

R.- Es que intenta crear él la naturaleza, a su medida. El hombre como "animal que habla" es un recién llegado y no controla mucho el poder que tiene.

P.- ¿ Se vende hoy la ciencia como una teología como una fábrica de falsas o pueriles panaceas?

R.- Quienes eso hacen no son científicos, sino mercachifles. La ciencia no busca sino la comprensión de los procesos reales que pueden entenderse.

P. - A ver si a usted que es una eminencia le hacen caso los taurinos. Dígales si el toro sufre o no sufre en la plaza, sometido a todo ese tormento.

R.- La fiesta de los Toros me parece absolutamente indefendible. Es un disfrute cruel con el martirio de un animal, que claro que sufre espantosamente en la plaza. No tiene sentido esa barbarie.

P.- Usted ha vivido pegado al siglo XX. ¿Cuál ha sido el periodo más apasionante?

R.- El primer tercio, hasta la guerra de España. El comienzo del siglo, sobre todo, fue muy auroral.

P.-¿ Y el más lamentable?

R.- Me perturbó mucho el ascenso de Hitler al poder, me impidió conciliar bien el sueño durante un mes. Intuí que se cernía sobre la humanidad algo terrible, pero luego fue peor, mucho peor, de lo que yo mismo hubiera sido capaz de prever.

P.- ¿ Qué caracteriza la época que vivimos?

R.- La ausencia total de espíritu crítico, sobre todo en la ciencia, ayuna como nunca de curiosidad e incapaz de trabajar las antinomias, las aparentes contradicciones, para buscar la síntesis. En pocas palabras: la falta de profundidad, la espantosa trivialización de todo.

 

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