... y no había bancos en la Iglesia (ENTERRAMIENTOS...)      

Un aspecto más, para conocer la vida social de los sanjuaniegos, sus costumbres y creencias…

 

Buscar información en el Archivo Diocesano de Ávila, en los Libros de Bautismo y  especialmente en los de Difuntos, de nuestros antepasados, es llegar a conocer un poco más su vida cotidiana, su vida social y sus creencias en el “más allá” y por supuesto su fe. En esas Partidas de Defunción, especialmente en las que existen de los siglos XVII y XVIII se pueden ver datos de las personas, las mandas testamentarias, las últimas voluntades y también las relaciones familiares y vecinales.

              

En general los legados patrimoniales los repartían entre los parientes más cercanos, pero también donaban, dejando escrito, algunas fincas (herrenes, cercas, casas…) para que con su producción, una vez arrendadas, se sufragasen los gastos para decir misas (1), responsos, ementaciones(3), y poner “cera(2) durante un año o más en su sepultura, que se encontraba en el suelo del interior de la Iglesia Parroquial. Muchos sanjuaniegos dejaban limosnas para ayudar a  la Obra Pia de Doncellas Huérfanas y para: Las Santas Cruzadas, Orden del Santo Sepulcro o Redención de Cautivos.

Algunos, tras los datos del fallecimiento indicaban, según lo descriptivo que fuese el párroco, otros datos del finado, como por ejemplo la causa de la muerte (enfermedad, accidente, etc.). Otros, los menos, no hacían testamento por falta de medios; se les citaba pobres o añadiendo en su Partida de Defunción  la frase: “No hizo testamento por no tener de qué y se hizo misa de caridad”.

En esas Partidas, aparte de recoger el nombre del difunto, el de los familiares, el del cura párroco y el nombre del “Fiel de Fechos”(4) (escribano), tiene un valor muy importante conocer que el enterramiento se realizaba dentro de la Iglesia (dando idea de su deseo de estar lo más cercano a Dios). En general, en muchas iglesias, las sepulturas situadas en las zonas más cercanas al altar mayor tenían un valor económico superior.

  

 En San Juan de la Nava las tumbas se encontraban desde la puerta principal hacia el Altar Mayor. En esas fechas no había bancos, (siempre me llamó la atención imaginar así nuestra Iglesia.

Según las Partidas de Defunción, anualmente, más o menos por las mismas fechas, se hacían los “Rompimientos”(5), con ellos se dejaban libres las tumbas  más antiguas, para ir situando a los nuevos fallecidos, era como decimos por turno, a veces se respetaba el espacio y volvía a enterrarse a un nuevo familiar, ocupando el mismo sitio. Esas sepulturas, se cubrían con lanchas de granito que facilitaban que encima de ellas sus deudos pusieran la “cera”, las velas, las palmatorias con el paño bordado correspondiente; era la ofrenda a los muertos, día a día y domingo tras domingo, durante el tiempo que había dejado escrito el difunto, a veces más.

 

  (Ejemplo enterramientos y rompimientos)

                

   

      (Ejemplo de responsos interior iglesia)             

Finalizada la misa, volvía el sacerdote con el sacristán o el monaguillo y rezaban en cada una de las sepulturas los responsos o cánticos correspondientes: Previamente, en un cestillo  habían puesto limosnas los familiares y vecinos.

 La distribución de los fieles en la Iglesia  durante el culto dominical era: Las mujeres enlutadas, junto a cada una de las sepulturas,  sentadas en un pequeño cojín detrás del “jato”(6), cuidaban de enderezar el pábilo encendido  de las velas. A veces había mujeres, las menos, que por ser más pudientes, o tener mayor nivel económico, tenían reclinatorios(7).

Los niños se situaban en los laterales del Altar Mayor (crucero) y los hombres más atrás y en la Tribuna (cuya construcción fue posterior a la de la Iglesia), todos de pie, ¡no había bancos!.

Pasaron los años y como se ha indicado, anualmente se iban realizando los “Rompimientos”, dejando espacio para todos los adultos que fallecían, la media aproximada era sobre 25 /30, (salvo los años de pestes o epidemias, que era superior), también se incluyen niños (párvulos, citan), que había épocas que fallecían con frecuencia, algunos de ellos no llegaban a ser bautizados y se enterraban fuera del templo.

 

 

En el interior de la Iglesia, durante muchos años se enterraban sin ataúdes, los sanjuaniegos fallecidos. En la puerta principal, (saliendo a la izquierda) existió, hasta bien mediado el siglo XX, un habitáculo (“calavero”, lo llamaban) donde se guardaba un ataúd para el traslado del difunto a su tumba, que luego se utilizaba  para un nuevo servicio, así como unas andas de hierro y madera. También se guardaban algunas herramientas que utilizaban los enterradores(8). Las familias que tenían más medios económicos compraban un ataúd de madera(9).

El  3  de  abril  de  1787  se  emitió  en España la  Real  Cédula,  dictada  por  Carlos  III.  Era  el  primer intento   de  construcción   de  recintos  dedicados  a  la recepción  de   cadáveres, prohibiendo los enterramientos dentro de las iglesias, por causas sanitarias,  (malos olores, falta de higiene, etc.), indicaba algunas excepciones …” personas “de virtud o santidad”, o benefactores de la iglesia, también notables de la Sociedad ”

 

La Ordenanza resultó más teórica que práctica. A lo largo del siglo XIX, (especialmente en los años: 1806, 1833, 1834 y 1840, se suceden otras Órdenes Reales recordando la prohibición). Así poco a  poco, sin prisas(10), los difuntos se fueron enterrando fuera de la Iglesia, para ello, en San Juan de la Nava se habilitó un terreno cercano, frente a la Iglesia (el  que actualmente ocupa la Casa y el Salón Parroquial), siendo este espacio el camposanto hasta los primeros años del siglo XX,  época en que se construyó el nuevo Cementerio, ya de gestión municipal, que está situado, cerca del cruce de las carreteras que van a Navalmoral y Navaluenga, a la salida del pueblo(11). Ha sido ocupado hasta hace 2 años que  se puso en funcionamiento el nuevo, más alejado, cerca de la carretera AV-905, en El Poleo,  a mitad del camino en dirección a El Barraco.

      

Aun habiendo dejado de enterrar en el interior de la iglesia parroquial durante muchos años, las familias, las mujeres sanjuaniegas, siguieron poniendo el paño, la cera y las velas en los mismos lugares donde habían enterrado a sus difuntos, era una costumbre que se repetía y respetaba, realizando, como se ha indicado, los citados responsos tras las misas de los domingos. Con los años, los sucesivos párrocos, iban animando a quitar aquella costumbre, que no veían acorde a los nuevos tiempos, valorando más  ofrecer misas y limosnas por los muertos.

                 

Muy entrado el siglo XX, hacia el año 1951 el cura párroco  Armindo Esteban Gozalo, en los años: (1951/1953), comenzó poniendo dos o tres pequeños bancos a la derecha del altar Mayor, donde está la Pila Bautismal, cercana al púlpito y poco a poco se fueron colocando más en la parte delantera de la iglesia. Posteriormente,  el siguiente párroco  Casimiro González Medina (desde 1953 a 2000),  continuó disuadiendo a las mujeres sanjuaniegas de la tradición de rezar los responsos sobre los lugares que ocuparon las antiguas tumbas del interior de la Iglesia y con el esfuerzo económico de todos,  terminó de poner el resto de los bancos y de cubrir todo el espacio del templo, respetando los pasillos  y las naves laterales.

Tras lo expuesto, vemos como han evolucionado  las costumbres relacionadas con los difuntos y se observa que la fe en el “más allá”, siempre ha estado presente en la vida  cotidiana  de nuestros paisanos.

                    NOTAS:

(1).- Misas, que la mayoría de las veces las repartían entre los diferentes altares de la  Iglesia y las tres ermitas existentes: (Virgen de la Misericordia, las desaparecidas de San Sebastián, en la plaza de su nombre y la de San Juan, a las afueras, cercana al arroyo de su nombre, posiblemente junto al Cementerio del cruce de carreteras, hoy ya clausurado.

Citan diferentes tipos de misas: Misas de privilegio, votivas, rezadas, cantadas, diaconadas y  testamentarias.

(2).- Velas, tablas con cera, palmatorias, etc.

En el año 1773 una difunta cita: ….y que asista a mi sepultura mi nuera María Sanz  y se contribuya en lo acostumbrado por su trabajo…  Así, más o menos,  se vino haciendo durante muchos años, hasta bien entrado el siglo XX.

(3).- Un responso, un “emento o memento”, un “Qui-Lázaro” o una “tremenda” (algunas estrofas del Dies Irae).  Oraciones fúnebres, en las que se pide a Dios que tenga presente a los vivos y a los muertos. Cada una tenía un precio diferente. Antiguamente  en algunos lugares se pagaba en forma de pan, una especie de pan con aceite llamado bodigo, que equivalía a 5 céntimos, dos bodigos 10 céntimos, etc.

 

(4).- El Fiel de Fechos era, en el Antiguo Régimen, la persona habilitada para suplir al escribano público, al contable y al alguacil, en los ayuntamientos de aquellas aldeas o municipios pequeños de España y sus Colonias, que no lo tenían.

(5).- Rompimientos: Como consta en los Libros de Difuntos, del Archivo Diocesano de Ávila,  anualmente, entre los meses de mayo y julio, una nota al margen dice: “Desde la partida siguiente  principian  los Rompimientos”. A partir de la fecha  se iban vaciando en el interior de la iglesia las tumbas más antiguas o alguna de algún antepasado y se volvían a utilizar para nuevas defunciones. Se observa sobre todo entre los años 1771 y 1793. Esta tradición de enterrarse en la iglesia tenia, como es lógico, su coste, así como el trabajo de abrir y cerrar las tumbas. Estos cobros los realizaba “el Mayordomo de Fábrica(*)… nombrado para este año y que cumplirá el día 24 de junio de 1775….”.(cita)

Nota: (*)Mayordomo de Fábrica es el que recauda las rentas de la iglesia y cuida de los “Libros de Fábrica”. Donde se refleja la información minuciosa sobre las economías de las parroquias.

(6).- Jato, hato (vulgarismo), Lo llevaba cada mujer envuelto en una tela vasta: Incluía un paño blanco bordado, cera o cerillos (madera con mango, con una larga vela fina que estaba enrollada en él), a veces lamparillas con aceite o  velas en palmatorias y el cojín correspondiente para sentarse.

(7).- Mueble, silla de rezos, los más suntuosos, tenían la plataforma y el apoyo de brazos acolchados con tela de raso o terciopelo. En él se ponían de rodillas y a veces, se los daba la vuelta y servían de asiento.

(8).- Tradición asistencial y humanitaria. Cada año se nombraba un grupo de 5 hombres, siguiendo  las fechas de la celebración de su boda. Eran ellos, con ese orden los que se iban sucediendo uno tras otro. Se hacían cargo de atender a las personas que morían, de hacer el hoyo en el cementerio y hacer el traslado del difunto hasta su último destino.

(9).- Los últimos carpinteros conocidos que hacían cajas fúnebres, fueron entre otros, Joaquín Arroyo (Cuerdas), Fausto Hernández e hijos y  e Higinio Rodríguez (Mata).

El mundo rural, permanecía unido a ancestrales costumbres de sentido profundamente religioso.

En España, hasta después de la Guerra de la Independencia no se producirán enterramientos en el exterior de las iglesias. La prohibición existente no se respetaba. En 1857, el 16 de Junio se vuelve a prohibir los enterramientos en las iglesias o dentro de los poblados. Pero todavía en 1857 había 2655 poblaciones que no disponen de cementerio.

(11).- Todavía se siguen diciendo responsos el día de los Difuntos (2 de Noviembre).

                 

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© Juan García Yuste. 2018