SAN ISIDRO LABRADOR

  

En la Edad Media, Madrid fue villa de labradores, artesanos y comerciantes. De aquellos tiempos en que los hombres cultivaban la tierra se produjo el apego por un santo labrador: San Isidro, que la devoción del pueblo eligió como patrono y que es también patrono de todos los agricultores. Su fiesta se celebra el 15 de mayo y se le honra con festejos que tienen características tradicionales y populares.

 San Isidro nación en Madrid en el año 1082. Como tantos otros hombres de su tiempo laboraba la tierra, pues de ella extraía lo necesario para el sustento. Pero, carente de bienes, trabajaba para otro: Iván de Vargas.

Según cuenta la leyenda, un día de verano Vargas le pidió a San Isidro agua para calmar la sed. Él se arrodilló y dijo: "Cuando Dios quería, aquí agua había". Y el milagro se produjo. El agua brotó cristalina, fresca y con propiedades curativas. Por ese suceso comprendió el santo que poseía facultades no comunes y capaces de hacer el bien a sus semejantes.

Estuvo casado con María Toribia, venerada en España como Santa María de la Cabeza.

Su vida fue un constante darse a los demás para calmar los dolores ajenos. Falleció a los 90 años, el 30 de noviembre de 1172.

Su cuerpo se conserva incorrupto en una urna de plata en la Catedral de San Isidro.

 

LA FIESTA

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Pradera de San Isidro

Para los madrileños del siglo XIX, la fiesta de San Isidro constituía un jubiloso acontecimiento. A orillas del río Manzanares se extendía La Pradera, sitio donde se encontraba la ermita en honor del santo y la fuente del agua miligrosa.

En ese lugar se reunía casi todo Madrid para participar de la Romería. Desde la Puerta del Sol salían coches de caballos y multitudes a pie, mientras las campanas de la ermita repicaban llamando a los fieles Una compacta muchedumbre se instalaba en La Pradera, en la cual se diseminaban puestos en los que era posible hallar campanillas, golosinas, pasas, roscones de pan duro, rosquillas y churros. La alegría era general, y luego de beber agua de la fuente del santo se montaba en carruseles y tiovivos, se visitaban las barracas con gigantes de cartón y enormes mujeres y se bailaba el chotis.

Muchas de estas escenas se conservan en los cuadros de Goya y en los dibujos de Valeriano Béquer, hermano del poeta.

 

La Pradera sigue estando ahí, pero los tiempos han medrado parte de su edificación y hoy la cruza el intenso tránsito del Madrid moderno. Aquella tradición de romería y de visita al santuario se fue perdiendo, pero así su carácter de fiesta jubilosa. Durante ocho días se celebra la Fiesta del Patrono, que se inicia con la lectura de un pregón, que está a cargo de un escritor o de un personaje famoso de la vida pública. El acto tiene lugar en el balcón de la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor. Se suceden luego recitales de música, certámenes de pintura, teatro para niños y mayores, títeres, concursos deportivos, verbenas, exposiciones, ferias gastronómicas, fuegos artificiales y muchas otras atracciones

 

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