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Boletín 115 - Otoño 2009
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Titulares I
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09 |
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Es bueno, muy bueno, reunir a los de aquí y a los de allá, poner en paz guiados
por el bienhechor recuerdo y la amistad, pretender la alegría de vivir para
quienes están próximos unos días, hacer palpable ese gesto invisible que une a
los unos con los otros.
Así ha ocurrido un año más en nuestras fiestas patronales, recientemente
celebradas. Porque con los modos y maneras instaurados en el pueblo hace más de
treinta años -herencia transformada de las fiesta de antaño-, se ha vivido una
semana de conmemoraciones y de festejos.
Conmemoramos que la vecindad, y quienes nos acompañan de una forma u otra,
han mostrado su generosidad para con todos con la aportación económica, que eran
y son agradables las reuniones de siempre en unas casas -ahora, en el Teleclub-
para jugar a las cartas o al parchís, que la hacendera sirve para realizar
trabajos ventajosos para la comunidad, que es fácil y rentable agruparse ante un
generoso recipiente de chocolate recién hecho con un sin número de galletas y
dulces, que hay concordia para la participación en la costillada…
Festejamos con el jolgorio cómico de los disfraces y del festival infantil y
las carrozas, la sorpresa expectante del juego del escondite, los esfuerzos
continuados de vueltas y revueltas en las bicicletas yendo y volviendo de
Sopeña, el correr inagotable -acertado o desafortunado- detrás de un balón en
los partidos futboleros de los chicos y el permanente de solteros-casados…
Conmemoramos y festejamos que son inigualables la velada en el Corral y la
velada de la despedida, que da gusto ponerse guapos y guapas para la Procesión y
la Misa solemne y que es beneficioso recordar a los difuntos, que los acordes
musicales y las canciones alegran el corazón, que somos fieles a la tradición
del juego de bolos y de la lucha leonesa, que es honroso congregarse alrededor
de quienes veneramos por sus años.
No deja de ser una pequeña maravilla que sean armoniosos y esperanzados
nuestros días de fiesta y que las actividades festivas sean sencillos lazos que
ligan voluntades y guían los pasos hacia la celebración en común.
Por otra parte, un eficaz colaborador de nuestro Boletín ha fallecido en
estos días. Adolfo Fernández nos ha ofrecido en estas páginas, una y otra vez y
abundantemente, parte de sus recuerdos.
Ha rememorado, incansable y generoso, sus vivencias de la parte de su vida en
el pueblo que eran las de muchos vecinos. Sus escritos no dejan de ser una
fiesta, tanto para él como para otros, como celebración íntima de quien se
sentía feliz al recordar y transmitir.
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Portada nº 115 - Momentos de la fiesta |
Redacción
Plácido Fernández García
Miguel Fuertes González
Mª Jesús Álvarez. Mercedes Abril. Mª Antonia Alvarez. Carmina Robles.
Edita
ASI
FINANCIAMOS EL BOLETÍN
La
financiación de este Boletín, con un presupuesto de 1.100 euros por cada
número, se realiza por medio de las cuotas de los socios de la Asociación
Cultural “La Mata de Curueño, un pueblo que nos une” y por donaciones
voluntarias.
Se pueden entregar a cualquiera de los responsables
de la Junta Directiva y en Caja España, Sucursal San Marcelo, Plaza de S. Marcelo, 5. 24002. León.
Titular: “Boletín trimestral La Mata de Curueño. Pueblo que nos une”.
Libreta de Ahorro, nº 2096.0001.23.2021302800
Ha muerto Adolfo, uno de los nuestros, tejedor de recuerdos.
Hizo, con frecuencia, memoria de su historia y de la nuestra,
apreció la medida de sus días y rememoró algunos como noticias buenas.
Adolfo sintió el gozo de reconciliar nombres y anécdotas, casas y lugares:
La bendita función de curas y monaguillos, de amasados y de toques de campana,
la ventura de la escuela y de la navidad, la veneración por las labores cotidianas,
la ilusión por los bolos, aluches y truchas, los relatos de guerra, arrieros y cantinas;
fue palmo a palmo por La Rinconada, de casa en casa, por cada ser humilde,
se recreó con firmeza, mes a mes, en la vida enhebrada de los vecinos del pueblo.
Es hermoso el oficio de quien rebusca en la memoria viva de su gente
y recoge evocaciones y ensueños como frutos frescos de renovadas cosechas:
acoger a quienes nacen a su luz y regocijarse en la niñez que ha sido,
reunir chiquilladas de adolescencia y de la juventud suaves impertinencias,
hacer costumbre de los gestos definidos de sus mujeres y sus hombres,
perseverar en la prudente sabiduría de la experiencia que envejece.
Honra hacer memoria, en paz, del preciado don de los antiguos días,
poner todo el alma para enriquecer los quehaceres más menudos,
acentuar con ternura el poema que debe ser la lenta huída de las horas,
conseguir que el tictac de todos los instantes resuene como apreciada melodía,
equilibrar en la propia balanza las alegrías y las penas, los reposos y las fatigas,
lograr que el pasado lleve al presente en el consumir las reservas de la vida.
Es de agradecer que alguien vuelva el corazón hacia el horizonte del pasado
y que alimente la continua llama para que brillen los días vividos y añorados.
Miguel Fuertes González
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