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Boletín 114 - Verano  2009   Titulares I  Noticias |   Divulgación | Historia |  Documento
                      
Divulgación   >  Recuerdos del pueblo | 25 años JUVAMI

  RECUERDOS DE MI VIDA EN LA MATA. ASÍ SE VIVÍA EN LA MATA MES A MES: NOVIEMBRE

Adolfo Fernández López

 Comienza este mes con la festividad de Todos los Santos. Antes también era festivo el día 2 de noviembre, día de los difuntos. Son días de visitar los cementerios y rezar al pie de las tumbas de los familiares fallecidos.    Desde días antes se limpiaban los campos santos y las mujeres adornaban y engalanaban las lápidas con flores naturales y coronas de crisantemos y dalias, que se tenían en los jardines o huertos de las casas. Las campanas de la iglesia tocaban a clamor durante la noche de Difuntos.  
 Como eran días de reencuentro con familiares que venían de otras localidades, después de comer se sacaban  las castañas asadas al fuego del hogar, así como los buñuelos y otros dulces caseros que se acompañaban de vino dulce, y se hacían entrañables sobremesas. 
 Casi la fuerza el tiempo nos  llevaba sembrar el trigo a finales, porque como dice el refrán “en terminado noviembre, quien no sembró que no siembre” 
 Después venían las matanzas que llevaban bastantes días  para su preparación y conservación. El 11 de noviembre había una feria muy importante en Mansilla de las Mulas, con infinidad de gochos de todos los pesos y rebaños de castrones que la mayoría los compraban para los economatos de las minas, como el de Matallana.  Algunos de aquí íbamos a dicha feria y hacíamos nuestras ventas y compras. 
 En mi casa se mataban dos cerdos grandes, o una vaca, o si no cuatro o seis castrones, os explicaré un poco lo del cerdo. 
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 El cerdo había que buscarlo al cubil, donde era su residencia. Si era con cordel te costaba cogerlo, pero si tenías un gancho como tenía yo, era fácil cogerlo pillándole de la barbilla, y entre dos empujando por detrás lo llevaban hasta el banco.  
 Una vez echado sobre el banco ya se le metía el cuchillo, una señora con su cubo iba moviendo la sangre con un palo para que no se cuajara. Una vez ya muerto, se prendía la paja preparada para chamuscarle la piel bien por todos lados; una vez chamuscado, se le rallaba con unas piedras ya preparadas, para que raspara bien y dejarlo limpito y bien guapo. 
 Se le ponía patas arriba y se le sacaba la babilla (una parte del cerdo que iba desde la boca hasta el rabo cogiéndole las tetas) y el manto; como el cerdo estaba muy gordo, el manto era también muy gordo, y le costaba al matarife mucho trabajo desprenderlo del cuerpo del animal. 
 Una vez sacado el manto, de mucho peso, se colgaba de un varal en la despensa. Y se empezaba a sacar del vientre hasta los callos las tripas y todo eso, se le sacaba la piña, formada por pulmones hígado y corazón, y ya quedaba el cerdo al vacío para colgarlo de unas vigas cogido por unas varas de madera preparadas que se le metían por los tendones de las patas de atrás para colgarlo. 
 A los dos días, lo primero que se hace es cortarle la cabeza, y de esta en primer lugar se cortan las orejas, luego se desuella lo que se llama la careta (todo el morro), las carrilleras es el tocino de lo mas gustoso del cerdo y después de que está bien desollada se le abre por el medio y se le saca los dos sesos de la cabeza, un alimento muy rico.    Más tarde se baja al cerdo, y se le cortan las cuatro patas, se le saca el solomillo, se le sacan los lomos, y se abre por  el medio, dejando libre el espinazo, que se adoba y se cuelga. Luego se sacan las costillas o pancetas del tocino, que suele ser gordo de varios centímetros. 
 Después, las mujeres, (era otra época) bajaban al río o iban a las fuentes a limpiar los callos, tripas y demás vísceras. 
 Las mujeres eran imprescindibles para hacer los embutidos. Las mujeres, en este mes, además de ocuparse con las matanzas estaban muy atareadas con hacer dulce de membrillo, fruta que se recolectaba este mes, y los hombres los días libres del cuidado de la matanza, nos dedicábamos a traer leña del monte. Quedaba el trabajo de cortarla y de colocarla en los leñeros.
 Los jamones solían apretarse en el centro para sacarles unas gotas de sangre y después en unos cajones ya preparados, o artesas pequeñas, se les colocaba de tal forma que se les echaba mucha sal y se les ponía bastante peso sobre ellos, y lo demás del cerdo ya iba para la cocina o el horno. 
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 En la mayoría de los meses he hablado de los corros de aluches, conocida ahora como lucha leonesa,  que se celebraban en las eras, y voy a aprovechar aquí para contaros un poco como nacieron.   
 Parece que su origen pudo estar en la trashumancia, cuando rebaños de Extremadura huyendo del calor iban a los valles y montañas del norte de León entre los meses de julio a noviembre.  
 El rebaño de merinas era de más de dos mil cabezas y entre ellas iban carneros y borregos que eran los que llevaban los cencerros. Entre los rebaños iban también caballerías cargadas de enseres, y las personas que cuidaban el rebaño, bastantes pastores con sus perros de ayuda y zagales y mastines para cuidar de los ataques de los lobos; lo dirigía todo el mayoral. 
 Subían por las cañadas reales, que atravesaban los territorios, y eran bien recibidos en los pueblos como Prioro. En los montes tenían unos chozos muy bien preparados para pasar la temporada. 
 Los mozos de Prioro subían alguna vez al monte a charlar con los pastores y se fijaban en sus juegos que luego imitaban. 
 Uno de los que más les llamaba la atención era la lucha entre ellos, lucha que empezaron a practicar y pronto, las bandejas de roscas que antes eran para las mozas de las verbenas, luego eran para los ganadores de los aluches. Estas luchas empezaron a destacar y comenzaron a luchar los de unos pueblos contra los de otros, y enseguida se extendió por toda la montaña. 
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 Hasta los curas y novicios quitaban la sotana y se tiraban al corro a luchar. Se dio el caso de que en un pueblo, el más escondido de la montaña, que se llama Rucayo, se tiró al corro el señor cura, llamado Malaquías, con sotana y todo, y se retiró con una pierna rota; también había en Rucayo una mujer llamada Cuqui que se tiraba al corro a luchar. 
 Antes no había tantas normas como ahora, era distinto la forma de agarrarse los luchadores, la forma de puntuar las caída, etc. A finales de los años 20, un médico apellidado Llamazares y cuatro más reunidos en el histórico café Vitoria de León, donde se juntaban personajes de alta categoría y de distintos gremios, pusieron unas reglas por las que tenían que regirse los corros de lucha leonesa, y con estas reglas establecieron la lucha con cinto, desapareciendo entonces el pantalón de estameña.  
 En 1931, por ejemplo, en uno de los principales corros de aluches, un luchador llamado Basilio Sierra, de Ranedo, fue expulsado del corro porque no se ponía de acuerdo con el contrincante al agarrarse. El árbitro le llamó tres veces la atención y a la cuarta fuera.  Después se empezó con la báscula para pesar ligeros y pesados. Había un luchador, Florentino, de Garrafe de Torío, que estuvo muchos años de campeón y era tan fuerte que con una mano levantaba cien kilos como si nada. Ese, y el llamado Sastrín de Rucayo, eran los más famosos de aquella época.

             


 25 AÑOS DEL CAMPAMENTO JUVAMI EN LA MATA  

 

  La Mata de Curueño (León)En el verano de 1985, hace por tanto 25 años, que las Hijas de la Caridad organizaron, por primera vez, un campamento para jóvenes en nuestro pueblo. 
 Nuestro Boletín, en el número 98, verano de 2005, publicó una amplia reseña, literaria y fotográfica, sobre el ser y las actividades del Campamento Jumavi. 
 Dejamos, nuevamente, en esta efeméride importante de las Bodas de Plata, testimonio de su buena compañía para la vecindad y el transcurrir del pueblo de La Mata.

  Eligieron unas amplias instalaciones construidas hacia 1975, formadas por una casa, varias naves y una espaciosa finca situada en la plaza de Felipe Fernández, al inicio del camino de la Rodera.  
 Se conocían, entonces, como “Rancho Chico”, por haber sido una explotación ganadera. Antes fueron cuadras y huertas de Joaquín García y tierras de laboreo de Gregorio Fernández y de Manuel Castro.  
 Aquellas primeras instalaciones no preparadas del todo para las diversas actividades propias de un campamento juvenil, han dado paso a una serie de salas destinadas a reuniones, comedores, dormitorios, residencia y capilla, junto a una moderna cocina; en la finca, bajo la sombra de unos frondosos árboles, se instalan  las tiendas de campaña. 
 Con las autorizaciones correspondientes, durante el verano se delimita con tablones una zona de baño en el Pozo de los Asturianos para formar una piscina fluvial, tanto para los acampados como para los vecinos del pueblo. 
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 Así que, durante este largo período de tiempo, las Hijas de la Caridad han organizado su Campamento de Verano, “Arca de Jumavi”, en La Mata de Curueño.      
 Han pasado miles de niños, adolescentes y jóvenes de las Comunidades Autónomas de Galicia y Asturias y de  la provincia de León que han disfrutado de las siempre bien organizadas actividades veraniegas.    
 También han participado familias, personas discapacitadas, encuentros de Hijas de la Caridad, etc., siempre influenciadas por los ideales de las Juventudes Marianas Vicencianas, inspirados en la vida y obra de S. Vicente de Paúl.  
 En diversas circunstancias, como fiestas y conmemoraciones, nuestro pueblo se ha beneficiado de la utilización del “campamento” como por aquí se le conoce. Cuando el arreglo de la iglesia parroquial se utilizó su capilla para las celebraciones religiosas. 
 A su vez, sin duda alguna, el nombre y el buen lugar de La Mata de Curueño han sido llevados hasta bastantes hogares y ciudades por muchos de los que aquí han convivido.  

 Larga vida al Campamento Jumavi


  

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