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Boletín 113 - Primavera  2009   Titulares I  Noticias |   Divulgación | Historia |  Documento
                      
     Divulgación   >  Recuerdos del pueblo | Fernando, bodas de oro

  RECUERDOS DE MI VIDA EN LA MATA. ASÍ SE VIVÍA EN LA MATA MES A MES: OCTUBREE

Adolfo Fernández López

  En la década de los cincuenta principalmente fue la emigración de España, sus residencias eran el País Vasco, Cataluña, Suiza, Francia, Alemania y México. En esa década nacieron mis hijos y, también, en 1962 salí del pueblo como emigrante para establecerme en Barakaldo. En La Mata, murió don Teodoro, el párroco, y ocupó su puesto don Marcos pocos años, del 58 al 62.

 En este mes empiezan las vendimias. Las viñas van desde las Colineras hasta Roseco y la carretera, toda la vereda hasta el alto del monte está lleno de vides.
   Los labradores se preparan, cogen los cestos y carriegos hechos por ellos mismos y lavan las cubas muy bien para recibir el nuevo caldo.  Empiezan las vendimias, tenían que pisar la uva con los pies, lo cual les llevaba unos días ya que en aquella época no existía ni la goma ni el nylon,y  por lo tanto tampoco las botas de goma que más tarde les facilitaron el trabajo. En el lagar donde se pisaba la uva, una vez llenas las cubas, se les echaba unos racimos buenos, según el tamaño de la cuba, que se les llamaba “la madre”. Al pisar la uva, se escurría el zumo y lo sobrante se amontonaba a un lado aplastándolo con un tablero con peso encima.
  En octubre unos cuantos días se dedicaban a limpiar las fincas para sembrar el trigo en noviembre, sacando las patatas, los nabos, la remolacha forrajera para el ganado y la remolacha azucarera, esta  última con contrato; había que llevar los carros a la estación de La Vecilla y descargar en los vagones.
  El día 12 de este mes, el Pilar, se hacia una feria muy grande en Boñar. Los pueblos entonces estaban llenos de habitantes, los cuales bajaban de toda la montaña y de todos los pueblos del entorno de Boñar a dicha feria.  Los caminos se llenaban de caravanas de personas, enseres, carros con terneros, cerdos, y demás ganados, de tal forma, que no se cabía en Boñar.
  El pueblo estaba a rebosar, y sus entradas también, y allí ponían lo que podían, no ya los de dentro, si no los de los caminos sus cosas, por ejemplo tenderetes, puestos de todo, porque la plaza estaba llena de ganados y no se podía poner nada mas dentro del pueblo. También la llenaban los tratantes y ganaderos de varias provincias que acudían a hacer negocio.
   A media tarde iba mermando pero empezaban los aluches. Unos aluches muy interesantes, que eran Ribera contra Montaña y había unos 60 luchadores de cada bando. Después empezaba el baile en la plaza, que duraba hasta las once de la noche.
  Llamaba la atención las bonitas madreñas que las mozas compraban, y las zapatillas para lucir en las fiestas de Navidad.
   Entre 1920 y 1930, los caminos principales empezaban a tener contratas, así los picapedreros para meter la piedra, que ponían en sus piernas las polainas para no recibir los golpes de las piedras, y gafas oscuras. Se hacían las cunetas, y se nombraban camineros. Estos caminos fueron las carreteras. 
   La vendimia coincidía con la bajada de los grandes rebaños que se retiraban a Extremadura con sus caballerías y con sus mastines, pero en el terreno de la Mata habían estrechado un poco el camino, y los pastores y zagales se veían negros para poder proteger sus viñas, pues el rebaño pasaba por encima. Cosa que no pensaron al plantar sus viñas en las cañadas reales que les correspondían a los ganaderos, y por lo cual, no tenían mucho derecho de quejarse.
  En estos años, el pueblo se quedó sin cabras. El jefe forestal principal mandó una nota al presidente y a la Junta Vecinal del pueblo para que acudieran a reunirse en casa del presidente; y entonces a las once de la mañana, acudimos allí, la Junta formada como presidente Leonardo García, vocales Víctor García y Adolfo Fernández.
  Una vez reunidos, el señor empezó a sacar libros de códigos y órdenes y demás y se puso a llamar asesinas a las cabras, lo cual me cabreaba. No solo estuvimos en casa del presidente oyendo todo aquello, sino que nos llevó al monte, al valle de Gustifer. En una vereda del valle, subimos a ver unas ramas de robles, unas pequeñas y otras más altas, y nos dijo cogiendo una de ellas que “ ésta, las asesinas vienen y la comen, y esta rama pasan los años, por la sombra que da al terreno y la madera que crea, son beneficiosas para el pueblo”.   
   Regresamos y seguía hablando, no paraba el señor, y ya en casa estuvo hablando otra media hora, y ya puso el parte de como había dado las ordenes y mando firmar y firmó el presidente, firmó el segundo y yo dije que no firmaba y él se levantó de muy mala leche y me dijo que qué pasaba y yo le dije que prefería que me denunciase y  me castigase el juez y no él. 
  Tuve una discusión bastante gorda, porque mis cabras estaban en nuestra familia desde mi tatarabuelo, “siempre existieron cabras y nunca hubo una reclamación, es la economía de algunos vecinos y parte de los demás”, le dije; además,  “tenemos dos valles que nos dan alimento para las cabras y ovejas, y leña para las casas, y nunca pasó nada;  si hubiese sabido para qué era, no habría acudido a la reunión, pues esto no se le ocurre a nadie. Humanamente hay medios suficientes, que no son tan crueles de quitar las ovejas y cabras cuando están preñadas y flacas. Usted conoce la cecina que tanto se pondera en España? Pues ésta nace de castrones, y los castrones son hijos de cabras y no hay porqué llamarlas asesinas. Que usted bien que se come la cecina, sin saber lo que era un castrón”.

             


 FERNANDO, BODAS DE ORO  

La Mata de Curueño (León)

Placa en la casa paterna

  En la vida de una persona la fecha de sus Bodas de Oro es un aniversario que se considera como un bien muy apreciado: por los años vividos y por los acontecimientos convividos.       
  Para un sacerdote, también lo es, pues implica la unión continuada con la misión tan especial para la que ha sido elegido. 
  

  Fernando Sierra Álvarez, nuestro Fernando, celebraría -celebra, porque vive- sus Bodas de Oro ya que fue ungido sacerdote en la Pascua de 1959, en Salamanca. Cantó su primera Misa en su pueblo el 31 de marzo, rodeado de sus parientes, vecinos y amigos en una celebración añeja tan arraigada,  entonces, entre las gentes.
  Este “La Mata de Curueño, un pueblo que nos une” -Boletín-revista-periódico- es obra suya junto con Plácido. Como obra bien nacida, le testimonió su afecto y admiración por sus Bodas de Plata sacerdotales en marzo de 1984, se le dedicó el nº 41 de abril de 1989 al testimoniar su fallecimiento el 9 de enero de 1989 y reseñó, de nuevo, parte de su labor en la Navidad  de 1998, nº 72, al sentir los 10 años de su ausencia.  

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Ordenación de presbítero

Son hermosas las páginas escritas dedicadas a su persona en los tres citados ejemplares de nuestra revista. Especialmente, aquellas en que se transmitían los sentimientos más nobles al comunicar su defunción, pues ahí han quedado los testimonios de vida de quienes fueron sus vecinos, amigos, compañeros de sacerdocio, etc.      
   Al recordar los primeros diez años de su muerte, expresamos un resumen de su vida, de sus escritos y de sus afanes por conseguir durante ocho años que el Boletín se consolidara como un sencillo pero fuerte entrelazado de noticias, historias, documentos y tradiciones de su pueblo y de sus gentes. Es bueno volver a leerlas, sentirlas y admirarlas.
  Como expresión viva de tantas palabras como se pueden significar en su recuerdo, sean las que nos han enviado Cristina y Casimiro para esta fecha conmemorativa. “Cuando un amigo se va algo se muere en el alma”, dice una bonita sevillana. Y dice bien, pero no puede expresar toda la realidad. 

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Fernando son la gente de su pueblo

   Son muchos “algo” que se han quedado flotando en el aire matense con olor a Fernando. Son muchos los lugares que nos dicen que por aquí pasó Fernando, compartiendo felices momentos como reflejan las fotografías que hoy salen de los álbumes particulares para hacer presente al amigo y volver a revivir aquellos acontecimientos.        Fernando fue y es un ser muy recordado en todos los lugares donde desempeñó actividades pastorales y docentes, sobre todo en su Barcelona añorada y en su Valencia querida.   
   Pero donde siempre estará especialmente presente es en nuestro pueblín y en sus gentes. Todos los que le conocimos podemos contar lo mucho que contribuyó a que La Mata de Curueño sea un punto de unión, un pueblo que nos une.    
  Para unos, nuestro amigo Fernando es cordón umbilical que nos entronca a nuestras raíces; para otros, es un mundo de inspiración y superación que anima a investigar y profundizar en la cultura que nos legaron nuestros antepasados y que tan afanoso siempre buscó sin cesar en archivos parroquiales, en la memoria de los mayores del pueblo y en cuantas fuentes encontraba en su deambular por el pueblo participando de alegrías y pesares, de afanes e inquietudes: nada le era ajeno.

Sean testimonios de la actividad sacerdotal de Fernando estos tres recuerdos agradecidos y emocianados que nos han enviado tres familias.

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Casando a Ruper y Maritere

   Durante parte de los años 60, Fernando estuvo viviendo unos años en Madrid, que hizo que nos tratáramos bastante. Iba algunas veces a comer a casa de mi madre, Victoria, y yo le pasaba a máquina algunos trabajos de los que realizaba, creo recordar, sobre Teología. 
 Pero el papel más importante que Fernando tuvo en mi vida fue hace casi 40 años, cuando ofició la ceremonia de mi boda. ¡Qué jóvenes éramos todos! Os adjunto dos fotos para que le veais bendiciéndonos y dándome la enhorabuena.  
  A la ceremonia de su ordenación en Salamanca fuimos mis padres, Delia, mi hermano y yo. Estas ceremonias no se olvidan , y fue la primera y única que viví en directo. Recuerdo que fue en la calle Fonseca, y Fernando precisamente me comentó que era la “Fonseca” de la canción de la tuna. También recuerdo que fue después de las 12 de la noche, debía de ser por estar en Semana Santa.  
 El viaje de Madrid a Salamanca fue muy agradable y coincidimos en el apartamento con dos sacerdotes que eran amigos de Fernando que también iban a la ceremonia. 
 Desde Salamanca marchamos rumbo a La Mata, donde celebró su primera misa con todo el pueblo presente. Después, en casa de sus padres María y Esteban tuvimos comida y festejos.                                             
                                                                                         Mª Carmen Moreno López

  Todos guardamos gratos y bonitos recuerdos de Fernando. Gran persona y amigo que transmitió siempre a todos entusiasmo por todo lo que hacia y sus grandes conocimientos.     
  Su ilusión y empeño en todo lo que emprendía era contagioso y hacía que todo el pueblo colaborara y estuviera unido.        
  Nosotros, Ruperto y Mª Tere, guardamos además un grato y emotivo recuerdo. Un día 4 de enero de 1966, nos unió en León en matrimonio. Este fue un gran día que nunca olvidamos. Fernando era un gran amigo, sacerdote y persona.  
                                                                                                                                    Ruper y Mª Tere

La Mata de Curueño (León)

Fernando  casando a Casimiro y Cristina

  Viajó desde Valencia dejando por unos días a sus alumnos para ser testigo especial de nuestro amor comprometido y así hacernos el mejor regalo en la realización de nuestra boda. ¡Quién nos iba a decir que tres meses más tarde nos dejaría sin ese adiós tan entrañable que siempre tenía para todos! 
   En enero de 1989, cuando aún tenia mucho por vivir y nosotros mucho que aprender de él, se nos fue. No lo entendíamos ni lo entendemos; quizás Dios, a quien él tanto amó y enseñó a amar, le tuviera preparado otra misión mayor: que la sementera que dejaste en el surco de la vida siga floreciendo y dando fruto.    
  Fernando, amigo, el pasado no nos abandona, nos acompaña por doquier en silencio y aflora cuando más lo necesitamos: cuando hay que seguir viviendo y parece que se nos acaban los proyectos vitales, ahí estás tú para ayudarnos a proseguir la tarea comenzada y hacernos más llevadera tu ausencia.      
                                                                                                                     
                                                                                  Cristina y Casimiro


  

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