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Boletín 112 - Navidad  2008   Titulares I  Noticias |   Divulgación | Historia |  Documento
                  
      Documento   >   Faenas del campo |  Rincones mágicos.| 1841 | 

  FAENAS DEL CAMPO. LA TRILLA O TRILLADERA

              Plácido Fernández García

Hace 50 años, el mes de agosto en La Mata estaba dedicado a trillar las mieses en la era, lo que suponía un gran trabajo de toda la familia. Cuando se llevaban unos días era grande el deseo de terminar, ya que en la era se estaba casi desde las 10 a la puesta del sol. Doce horas aguantando el sol implacable  y el polvillo de la paja molida. 
 
Trilla por La Mata de Curueño (León).
La preparación. Por supuesto había que tener las mieses segadas y puestas en gavillero. 
La preparación de la era, llevaba consigo el guadañarla (segar muy bajo a ras de tierra). Se pasaba el trillo para allanar mejor y después se barría y limpiaba todo bien para recibir las gavillas. 
Otro aspecto de la preparación era sacar y poner a punto los utensilios correspondientes guardados del año anterior: horcas, viendas, yugos, trillos y sus aperos correspondientes: palo de enganche, sogas o cadenas y hasta el viejo taburete para resistir la larga y cansina siesta dando vueltas a la trilla. Por supuesto, que había que trasladarlo todo a  la era. 
Y quedaba la más difícil: ir unciendo y entrenando alguna novilla nueva. 

La trilla. Una vez acarreados al menos dos carros de mieses se extendían en la era de forma circular. Normalmente se trillaba primero el centeno, después la cebada y al final el trigo. Pero podía cambiar el orden según las conveniencias de cada uno. Cada vecino uncía las parejas de vacas que podía. Lo normal era dos parejas, con su trillo cada una. 
En una ocasión yo viví una trilla con cinco parejas. Casi era un caos de circulación. Las dos parejas circulaban en sentido opuesto, no había problema de que se entorpecieran o pisaran. Con muchos bríos al principio, iban adecuando poco a poco el ritmo lento de corredores de fondo. Cuando se iba moliendo la paja por arriba venía  la tarea de dar la vuelta. Con paja poco trillada se usaba la horca de hierro, después la de madera y al final con la paja ya bastante molida, la vienda. Lo hacían dos parejas girando en redondo en sentido inverso. 
Cada uno de los que hayan vivido este trabajo puede recordar múltiples sentimientos o recuerdos: la tajuela para sentarse, la pala para “parar” la boñigas de las vacas. ¡Cómo atropaba el trillo cuando uno se descuidaba en estos menesteres! A media tarde, tanto la pareja como su conductor. habían acoplado el ritmo cansino de manera sincronizada. Todos estaban cansados. 

Atropar y barrer. Una vez que se consideraba ya molida la paja, generalmente al final de la tarde, se procedía a la tarea de atropar. Es decir, amontonar toda la paja y el grano en un buen montón que llamamos parva. 
Había distintos aparatos para atropar. Yo me acuerdo del más sencillo: una cadena tirada por la pareja arrastraba un tablón o palo grande. Sobre él nos subíamos dos personas con una manta extendida, la pisábamos sobre el tablón y nos agarrábamos al rabo de las vacas. Con estos se hacía una pared con la manta que se iba llenando a medida que pasaba arrastrando la paja.       
Había que dar varias pasadas. A partir de la segunda cuando se llegaba a la parva salíamos envueltos en paja por resistir lo más posible con todo el cúmulo de paja arrastrado. De chicos nos divertíamos mucho; de mayores, estábamos hartos. 
Recogida la paja y el grano mezclados, venía el capítulo de barrer la era, con escobos especiales. Dos o tres barredores y alguno para ir quitando la cantidad acumulada con el rastro. Ha quedado como imagen imborrable pasar por la carretera y ver, en cada era, el típico polvo del barrido y las personas afanadas en terminar cuanto antes para ir a descansar o para ir a acarrear la mies para el día siguiente. Todo el mundo hacía lo mismo. 
La parva se pisaba y se adecentaba en forma cónica o de pirámide, fuera del recinto de la trilla, para permitir seguir trillando otras mieses. Y bien arreglada para que si llovía no se calara. 

La era se convertía para la mayoría de las familias en la casa común durante varios días, de unos diez a quince. Allí se pasaba desde las 10 de la mañana hasta las 8 ó 9 de la tarde, comida y siesta incluidas.  Yo tenía una ventaja y un inconveniente. La primera era la fuente de la Llamosa: todos venían a buscar agua y eso era el vehículo de comunicación y el modo de salir de la monotonía. El inconveniente era que no teníamos vecinos contiguos: había unas tierras por medio. 
Trabajo duro, quizá demasiado. Nos curtía el sol y el sudor. Eran los tiempos en que no había y no se podían tener otros medios. 
Posteriormente vino el Trillo: máquina que trillaba y limpiaba el grano. Venía por horas y no se podía interrumpir. Sabemos de noches enteras al pie de esta máquina que era agotadora.   
La cosechadora ya fue otro cantar.


RINCONES MÁGICOS. LA CASETA

Luis Ignacio González Fernández

¿Para qué sirve un Rincón Mágico?. Su función como refugio en horas de frío, principalmente, para esperar al coche de línea es algo que ha ido quedando en el recuerdo. Atrás quedaron, también, las aportaciones de los vecinos, que llevaban las urces y la leña para hacer fuego por las mañanas, antes de que llegase el autobús de las ocho (madrugón que recuerdo como algo aterrador desde los ojos de quien es pequeño).
La Caseta de la carretera tampoco se usa, como antes, para apuntar los avisos a D. Goyo (el veterinario del Citroën 2 CV que practicaba la inseminación artificial a las vacas). ¡Cuántos momentos de inspiración en sus paredes con las tizas de la pizarra! Nació así el primer museo interactivo moderno del Curueño. Gratuito y abierto al público las 24 horas.
La Mata de Curueño - La caseta del coche de línea
Siempre he conocido La Caseta como está ahora, con sus bancos de piedra y la chimenea. No sé cuándo ni cómo se edificó, ni sé tampoco otras anécdotas que conocerán algunos de mis paisanos.
Sólo trato de reflejar en esta sección  titulada “Rincones Mágicos” por qué La Caseta lo ha sido, y lo sigue siendo, sin parecer un motivo suficiente para ganar en una exposición fotográfica. Rincón Mágico que, como La Puerta de Alcalá de la canción: “Ahí está, viendo pasar el tiempo…”.
Lo cierto es que muchas sensaciones y secretos de este refugio legendario han quedado atrás.
Paradójicamente, otro rincón mágico, el Teleclub, se habilitó en su día para que la gente se reuniera. Y los jóvenes que “llenaban” La Caseta las noches de verano al amor de la lumbre o de lo que fuera, cambiaron la carretera (paseos incluidos) por un lugar más “confortable”.
Cambiaron, también, la conversación y las historias bajo las estrellas por una partida de cartas, el aire limpio y los sonidos del monte por el humo del cigarrillo y la música de un casete, las experiencias que compartimos como amigos por una reunión social, el sabor de la noche, en definitiva, por el de un schwepps de naranja… Triste.
Algunas teorías psicológicas asocian la adolescencia con una suerte de paraíso. Y llegan a la conclusión de que, para vivir como adultos, hay que despedirse de éste con heroísmo, e incorporarse a vivir al amparo de lo que esa noche propone la televisión.
Puede que exagere, pero sigo recordando nuestra caseta como un Rincón Mágico de la adolescencia perdida. Cuando hace años la calle era una prolongación de nuestra casa, La Caseta era un segundo cuarto de estar. Lo único que hace falta es habitar, de verdad, el espacio. El alma de lo que nos rodea. Y el profundo respeto que le debemos a nuestro entorno natural y a todos los seres vivos que lo integran.
Las ruinas de Roma confirman tanto encanto a esa ciudad, que sería imposible imag inarla sin ellas. Así, también La Caseta de La Mata nos acerca la presencia de otra época, nos acompaña en el presente y nos invita a conservar, en el futuro, todas las emociones que han hecho de ese sencillo edificio un Rincón Mágico, en un lugar de privilegio: nuestro pueblo.                                  

 


CUENTAS PARROQUIALES DE 1841

 En las parroquias, desde tiempo inmemorial, se lleva la contabilidad de los ingresos y gastos  en unos libros denominados Libros de Fábrica. Reproducimos en esta página las Cuentas del año 1841 de nuestra parroquia de La Mata, indicando como Cargo (los ingresos) y como Data (los gastos).

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