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Boletín 105 - Primavera 2007
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RECUERDOS DE MI VIDA EN LA MATA. ASÍ SE VIVÍA EN LA MATA MES A MES: ABRIL
Adolfo Fernández López
Abril, el de las aguas mil según el dicho popular, era un mes bastante agradable: lucía muchos días el sol, los árboles empezaban a tener hojas, los prados y praderas se llenaban de margaritas, y jarrinas, como llamábamos a las campanillas amarillas que salpicaban el terreno; a las orillas había cantidad de violetas con un aroma que daba gusto.
Los días eran
más largos y el ganado vacuno ya no estaba estabulado y disfrutaba de los prados
y del monte. El tiempo se aprovechaba para hacer las labores del campo.
En este mes se sembraba la remolacha forrajera, que servía para
alimento del ganado y cerdos. La azucarera se sembraba con contrato, de forma
que en noviembre había que entregarla y señalaban unos días determinados para
ello. Recuerdo que teníamos dos fincas de 10 y 14 heminas al lado de Pardesevil,
había 3 ó 4 mujeres que nos ayudaban y a cambio lo que se sacaba un poco partido
o era más pequeño y no se entregaba lo llevaban ellas para sus ganados.
Nosotros teníamos unas horcas hechas para sacar la remolacha.
Se preparaban los dos carros bien llenos por encima de la caja y
madrugábamos para entregarlo en la estación de La Vecilla donde había dos
vagones vacíos esperando llenarse y una báscula para pesar los carros llenos y
vacíos; El encargado te puntuaba según fueran de "preparados". Se dio el caso de
un vecino de La Mata que estuvo una tarde lavando la remolacha, cuando se iba
para la estación sus carros blanqueaban llamando la atención sobre los demás,
llega a la estación y el encargado coge tal cabreo al ver la remolacha lavada
que no quería hacerse cargo de ella, y al fin le dio muy poco.
Este contrato de la remolacha solo duró unos años, después vino el plantón
que consistía en sembrar en octubre un semillero grande de remolacha que en
abril se traspasaba. Por eso casi todas las fincas estaban dedicadas a
remolacha. Ahora se ponía para recoger la grana de remolacha de forma que a
últimos de agosto y primeros de septiembre se trillaba y se limpiaba con la
maquina, y los sacos o sacas grandes que obteníamos se llevaban también a la
estación, así que sabíamos lo que sacaban unos y otros. Nosotros por suerte uno
de los años tuvimos tan buena cosecha que enseguida se corrió por la ribera y no
faltó quien pidiera un préstamo. Esta variedad también duró unos años con buenos
beneficios.
Asimismo, en abril se sembraban las legumbres: lentejas, garbanzos y titos,
y también las patatas. Estas se decía que era bueno sembrarlas en la última
quincena de abril o en la primera de mayo. Se hacen surcos en los que se
depositan las patatas, a un pie de distancia aproximadamente unas de otras, y
después de tapan con tierra. Se sembraban bastantes porque una parte de la
cosecha se destinaba al consumo familiar y otra parte, igualmente importante, se
destinaba a la alimentación del ganado.
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Altar de la Iglesia preparado en Semana Santa |
Abril siempre era un
mes de lluvias, pero ese agua le venía bien al campo, y además como indica otro
refrán: "A abril con sus chaparrones, sigue mayo con sus flores".
En este mes la primavera va cogiendo fuerza. A mi padre ya le apetecía salir a
la huerta y contemplar los árboles frutales, unos ya en flor, otros en broto. En
una esquina de la huerta había cuatro cepas de abejas para la miel. Mi
padre las respetaba muchísimo, nunca se acercaba por el miedo que las tenía,
pero un día le llamó la atención lo alborotadas que estaban, el ver como se
acercaban algunas a él empezó a hacer esparavanes con las manos y marchó muy
deprisa para casa. Tuvo la mala suerte de caerse y le "saludaron" dos en la cara
y otra en una mano.
Cuando el mes venía seco y con heladas se notaba en las dos fuentes de agua:
la que estaba al lado de la casa de Valerio casi siempre estaba en un ser, pero
en la que estaba al lado de la casa del tío Joaquín, que salía por dos bujes de
carro, con las heladas salía poco agua, sin embargo en julio y agosto salía con
tanta fuerza que a veces no entraba toda por los bujes. Los vecinos, entonces,
no se atrevían a regar los prados porque el agua bajaba muy fría y en vez de
hierba daba "rugidera".
A partir de este mes los niños ya empezaban a faltar a la escuela,
algunos porque tenían que ir a servir y otros porque ya hacían falta en casa
para sacar el ganado a pacer o ayudar en otras faenas.
Casi siempre caía en este mes de abril la Semana Santa. Eran días de
recogimiento y devoción, se suspendían hasta las normales emisiones radiofónicas
y todo eran rezos, nada que ver con las festivas vacaciones actuales. Por eso
los que tenían mucho trabajo en este mes era el matrimonio que como mayordomos
tenían a su cargo todos los cuidados de la iglesia durante el año.
La semana anterior o "semana de pasión" como se llamaba, se tapaban
todas las imágenes de los altares con un paño morado cada una, cosa que tenía
que hacer el mayordomo con las directrices de don Teodoro, nuestro
párroco. La mayordoma tenía que preparar los ramos para el Domingo de Ramos,
porque entonces casi nadie llevaba el ramo propio. El señor cura los bendecía
todos y entregaba uno a los que iban a buscarlo, que tenían que besar su mano y
el ramo bendecido. La mayordoma elegía los dos mejores: uno para el señor cura y
otro para su marido, el mayordomo, y los habría adornado de manera que no se
confundieran y lucieran mucho en la procesión que se organizaba alrededor de la
iglesia. Aquel día empezaba la Semana Santa.
Los tres días siguientes, al atardecer, se cantaban "las tinieblas". Se
colocaba una mesa en medio de la iglesia, con un candelabro en forma de
triángulo encima y diez o doce velas cortas a cada lado. El señor cura y el coro
de los hombres (que eran los que cantaban las tinieblas) iban apagando las
velas. Cuando faltaban tres velas por apagar teníamos que avisar corriendo a la
familia que nos lo había pedido. Los que no estaban ya en la iglesia acudían
rápidamente. Cuando se terminaban de apagar las velas se levantaban todos,
quitaban la mesa y se apagaban las luces durante unos tres minutos. Entonces era
cuando los chavales con las carracas y los carracones metíamos un
ruido atronador y lo mismo los mozos atrás en el coro. En el Rosario, que se
rezaba a continuación, se cantaba "la semanilla" que tenía unos versos dedicados
a cada día.
Aunque los oficios
de las tinieblas se seguían con fervor, no faltaba alguna broma. Tres chicos y
yo al cumplir los 14 años ya íbamos para atrás con los mozos, "ya éramos
grandes", ya brincábamos y pateábamos. Un día el apagón solo duró un minuto
porque resulta que del coro salió un relincho como si estuviera un caballo
dentro de la iglesia, y el cura asustado dio la luz.
Otro año, los cuatro ya un poco mayores, pensamos: yo esta noche voy y le
quito el velo a una moza, dijo uno; yo voy y levanto el manteo a la primera
mujer que palpe, dijo otro, y entonces dije yo "a la primera que toque la doy un
abrazo". A mi la broma no me salió bien. Resulta que al entrar en la iglesia en
dirección al coro había un banco y siempre en la esquina del banco se ponía la
tía Emilia, la de más edad. Bueno yo la ví y me dije "te voy a dar un abrazo que
nunca lo recibiste" Y cuando se apagó la luz y empezaron los ruidos me dirigí
hacia ella pensando ¡vaya abrazo que te voy a dar! Pero abrazarla y oír la voz "empera,
empera que te voy a dar..." Los gatos dicen que ven de noche, pues yo aquel día
más que los gatos, por entre las personas que estaban metiendo ruido subí hasta
el último rincón y ví como el tío Pedro se levantaba, se desemboza el tapabocas
y con la cacha en la mano miraba para el coro como diciendo "¡si te cojo te
acuerdas!" y yo desde el coro le miraba y me decía "¡coño si me pescas!".
El miércoles, último día de las tinieblas, el mayordomo preparaba el monumento
en la capilla de la Virgen del Rosario, ahora utilizada como museo donde
se luce la ropa muy bonita que se usaba hasta hace pocos años. Como los tablones
del piso estaban preparados de otros años solo tenía que colocarlos
adecuadamente. El piso del monumento quedaba unos 80 o 90 centímetros más
alto que el piso de la iglesia. La escalera por la que se subía y bajaba para
colocar los distintos elementos también estaba hecha, solo había que situarla y
ponerle una alfombra, pero todo llevaba su tiempo y tenía que estar todo
terminado aquél mismo día. Al fondo, en el centro, se instalaba el sagrario
antiguo, que era grande y muy bonito. Luego seis tablones finos en los que
estaban pintados a tamaño natural los profetas: Isaías, Elías, Jeremías, etc. se
ponían haciendo unas estancias separadas y los dos en los que estaban las
figuras de dos soldados romanos con un hacha cada uno, eran los últimos que se
colocaban y los que se veían siempre porque estaban custodiando la entrada.
Eso nos decían. De verdad que daba miedo mirarlos ¡imponían!
En las estancias que permitían los separadores se colocaban los candelabros de
madera de los difuntos más recientes por los que se solía ofrecer más de un año.
A las gruesas velas y los hachones cuando se encendían, como el día de Jueves
Santo, el mayordomo tenía que pasar de vez en cuando con un platillo y unas
tijeras para cortarles el pabilo o como decíamos llanamente "quitarles el moco".
La mayordoma, ayudada por alguna vecina o familiar, se encargaba de poner
flores en todos los sitios, especialmente en el arco de entrada al monumento y
al santísimo, etc.
El Jueves Santo la misa era muy solemne, muy bien
cantada por el coro de los hombres, exceptuando a nuestro párroco al que no le
acompañaba la voz. La misa comenzaba un poco más tarde que otras fiestas,
aproximadamente a las 11,30. Todos íbamos muy bien vestidos, y algunas mujeres
llevaban la mantilla española. La comunión estaba muy concurrida porque antes se
habían hecho lo exámenes de conciencia y las confesiones. Después se trasladaba
el Santísimo, bajo palio, hasta el Monumento y se colocaba en el Sagrario allí
instalado. Luego todo el día quedaba la puerta de la iglesia abierta para que se
acudiera a hacer visitas. Últimamente se cerraba a las 12 o la una, pero
antiguamente me acuerdo que permanecía la iglesia también abierta toda la noche.
Nunca faltaba gente ante el sagrario; Los mozos solían cantar el vía crucis a la
hora de mayor concurrencia. Las mozas no querían ser menos y cantaban otro unas
horas antes o después. Todo el pueblo estaba pendiente de hacer las visitas y de
cuando se decía o cantaba el vía crucis. Los niños traían flores del campo que
tiraban en la escalera o en el piso del monumento.
El Viernes Santo se ponía en el altar la cruz grande que está en la
iglesia, que tiene a Jesucristo crucificado. Íbamos todos a adorar la cruz con
mucho respeto. Todos los oficios de la Semana Santa estaban muy bien, pero a mí
uno de los que más me gustaba era la procesión del Viernes Santo por la noche;
Al caer la tarde se sacaba esa cruz grande, los faroles y todo el pueblo acudía
con velas al Rosario de la Buena Muerte. El coro de hombres cantaba los
sufrimientos de Jesús: "por los azotes que le dieron atado a la columna", "por
la corona de espinas", etc. y el pueblo contestaba a cada frase "Danos Señor
buena muerte por tu santísima muerte". Toda la gente con las velas encendidas
daban un panorama muy bonito. Yo recuerdo a algunos de mis hermanos que venían
cada año al pueblo para acudir a este Rosario.
Durante toda la Semana Santa se guardaba la vigilia, y desde el miércoles las
mujeres preparaban, mediante los correspondientes desalados y remojos, los
garbanzos con bacalao que presidían el Viernes Santo. Luego, el Sábado Santo era
día de ayuno. Este día el mayordomo y el párroco hacían fuego en el exterior de
la iglesia, creo que para quemar los ramos bendecidos que habían sobrado del
Domingo de Ramos; algunos vecinos iban a por unas brasas para encender su cocina
con aquel fuego bendito.
El Domingo de Pascua de Resurrección pasaban los monaguillos tocando
algún instrumento o carracón para avisar a la gente que faltaba un cuarto de
hora para la misa. La misa era muy solemne. Todos íbamos con la mejor roja y
calzado que teníamos. Cuando llegaba el momento del Gloria sonaban con fuerza
las campanillas de los monaguillos y volteaban las campanas en el campanario,
que hacía días que no se tocaban. Era muy emocionante.
Aquel día, Domingo de Pascua, se despedía la cuaresma, con sus viernes de
abstinencia, los ayunos, etc., y no faltaba el cordero al horno.
Existe un Registro de
Cartillas de Escolaridad de la Escuela Nacional Mixta de la Mata de Curueño,
como Libro Reglamentario de la Escuela, fechado por el inspector en 1966 que
solamente tiene formalizada una sola página. Como testimonio de la misma y para
promover la memoria de quienes aparecen en ella y así se dejen llevar de buenos
recuerdos relacionamos el alumnado que en la misma aparece:
Cursos 1953-1957
Ángel Fernández García
Gaspar García Castro (Terminó el 10-7-1957)
Pedro García Cuesta
Donato Panera García (Terminó el 10-7-1957)
Ruperto Rodríguez Castro (Terminó el 10-7-1957)
Elisardo Cuesta Bayón
Jesús Panera García
Carmen García Gafo
Mª Jesús Fernández García (Baja por ingreso en instituto 10-7-1956)
Natividad Fernández García
Elvira González
Jerónimo Valladares Castro
Mª del Rosario Fernández García
Mª Begoña García Cuesta
Otilia Cuesta Bayón
Amparo Valladares Castro
Cursos 1968-1970
Ignacio Pérez Ugidos (Terminó el
10-7-1968)
José Manuel Pérez Ugidos (Terminó el 30-6-1970)
Mª Jesús Álvarez Castañón (Terminó el 11-6-1969)
Rosa Mª Sierra Orejas (Terminó el 10-7-1968)
Milagros Sierra Orejas (Baja para León 1-9-1969)
Mª Antonia Cuesta Bayón
Antonio Rodríguez Sierra (Baja a León 25-3-1968
Mª Nieves Rodríguez Sierra (Baja a León 25-3-1968)
José Luis Cuesta Bayón (Terminó el 10-7-1967)
Rosario Fernández García (Terminó el 10-7-1965)
José Luis älvarez Castañón
Teodoro González Bayón (Terminó el 30-6-1970)
Mª de los Ángeles González Bayón
Mª del Pilar González Fernández
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SI
TUVIERA
Los primeros destellos del alba Julio Valbuena Bayón. Santurce. Bilbao |
FLOR SILVESTRE
Yo te admiro flor silvestre con todo mi
corazón. Teresa Valladares Castro. Carborana.
APRENDIENDO A ENVEJECER Cuidarás tu presentación todos los días, viste bien, arréglate como si fueras a una fiesta, porque ¿qué más fiesta que la vida? No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación, saldrás a la calle y al campo de paseo porque el agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece. Amarás el ejercicio como a ti mismo, así que debes hacer un rato de gimnasia y una caminata razonable dentro o fuera del hogar. Contra inercia, diligencia: hay que evitar actitudes y gestos de viejo derrumbado, con la cabeza gacha, la espalda encorvada y los pies arrastrándose por el suelo; así conseguirán que se te diga algún piropo cuando pases. No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques, ni te llamarás viejo ni enfermo, pues acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas y al mal tiempo buena cara; es preferible ser positivo en los juicios, de buen humor en las palabras, alegre en el rostro, amable en los ademanes, porque se tiene la edad que se ejerce. Tratarás de ser útil a ti mismo y a los demás, ayuda con una sonrisa, apoya con un consejo, coopera con un servicio, pues no se debes ser un parásito de una rama desgarrada del árbol de la vida. Trabajarás con tus manos y tu mente, ten una actitud laboral, intelectual, y artística que el trabajo es la mejor terapia y la medicina papa todos los males por el trabajo siempre será una bendición. El anciano deberá ser como una luz, como un cuerpo opaco destinado a dar luz.
Joaquín Pérez Díez. La Mata |
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