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Boletín 104 - Navidad  2006   Titulares I  Noticias |   Divulgación | Historia |  Documento
                  
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  FAENAS DEL CAMPO. EL CARRO DEL LABRADOR (I)

Casimiro y Antonio Rodríguez Castro

    La Historia nos presenta a la rueda como uno de los inventos más importantes de la humanidad. La aplicación de este hallazgo por el ser humano a lo largo de su propia historia ha permitido una rápida evolución en todos los ámbitos de la vida. Facilita las tareas del campo y aligera los pesados y lentos desplazamientos.
    El desarrollo de los pueblos está íntimamente ligado al transporte, en el que intervienen las infraestructuras y los medios. En nuestra sociedad rural el medio por excelencia fue el “carro” en sus diversas variantes. Cuando hasta los caminos eran malos o casi inexistentes, el transporte quedaría  reducido al “forcado” que con gran esfuerzo y mucha habilidad arrastraban la madera, bajaban la leña para la lumbre, y todo cuanto se precisaba para las personas y animales. Con la mejora de los caminos se impuso el “carro” tirado por animales… El carro será el protagonista de un largo periodo de la vida rural en que predomina una agricultura de subsistencia auxiliada por una ganadería que le suministraba alimentos para las personas, abono para los campos y energía para labrar la tierra y mover el carro, instrumento imprescindible en aquel mundo rural tan dependiente de la naturaleza. Nada se hace sin el concurso del carro: se transportan los instrumentos de labranza, se acarrean todos los productos, se desplazan mercancías e incluso se trasladan las personas.

 PARTES DEL CARRO

    Son muchas las partes que forman la arquitectura del carro, por ello trataremos de describir las más importantes que a su vez engloban otras de menor importancia:

VARA DEL CARRO: Es la parte  que soporta todos los elementos. Existen unos carros cuya vara es una larga viga donde se asienta la caja de la mitad hacia el final, y otros cuya vara es una viga que en la mitad se abre en horquilla donde se sitúa el  “cillero”: es una especie de cajón triangular para guardar las sogas, las hoces, el hocil y hasta la bota de vino y las viandas. Esos brazos en que se abre la vara se prolongan por debajo siendo el soporte de la “caja” del carro y de las ruedas y sus elementos.
    La vara solía ser de negrillo; en la parte delantera se hacía una ranura para introducir el pezon: palo redondo que servía para enganchar el carro al yugo, mediante el “sobeo”Un poquito más atrás se colocaba el peón delantero, palo recto y redondo que mantenía el carro levantado, al final de la caja del carro y debajo se colocaba el peón trasero para que no regañara el carro.

CAJA DEL CARRO: Esta Integrada por gruesos travesaños que reciben el nombre de “mesa delantera” y “mesa trasera” que se unen con otros dos formando un rectángulo que es la base de la “caja”. Sobre los travesaños laterales, que se llaman “brazuelos” se levantan cuatro pibotes rectangulares cuyo nombre es estadonjos. Si sobre ellos no se coloca nada, el carro recibe el nombre de carro de estadonjos; si a los estadonjos se les une lateralmente entre si con una especie de pasamanos se le denomina telera, y el carro se denomina carro de telera. Todos estos elementos conforman la caja del carro. Aquí se colocarán los demás complementos: tableros, costanas, versiones, abrideras, picos….

RUEDA DEL CARRO: Es otro de los componentes esenciales; sin ruedas seguiríamos en la época del forcado, que convivió con el carro.
    Es necesario colocar bajo la caja un largo eje de hierro, redondeado en sus extremos donde se introducirán las ruedas. Este eje irá sujeto mediante unas piezas de madera llamadas pellas. La rueda esta constituida por un grueso y ancho aro de hierro que sufre el desgaste al rodar por los variados suelos. En su interior están colocadas las pinazas ,piezas de madera unidas formando un gran círculo y de las que parten los radios que terminan en la calabaza. Esta pieza lleva en su interior un gran agujero redondo donde se sitúa el buje, hierro redondo y hueco en donde se introduce el eje y sobre el que girarán las ruedas. Para que las ruedan no se salgan de su sitio son necesarias unas piezas de hierro que se meten en una ranura del extremo del eje: son las pinas. Todas estas piezas eran trabajadas artesanalmente y muy decoradas con vistosos colores, resultando un bello espectáculo contemplar un carro nuevo.

    Afamados artesano del carro han sido el carrero de Moral y más cercano a nuestros días y a nuestro pueblo está el carrero de Santa Colomba


RINCONES DE LA MATA: EL CRUCE DE LA CAÑADA

José del Riego García-Argüelles

Un soneto me manda hacer Violante, y en mi vida me he visto en tal aprieto”….Me piden que escriba unas letras con el tema “un paisaje de La Mata para pintar”, y el caso es que llevo varios días pensando y pensando y no logro decidirme a comenzar. Porque una cosa es pintar un paisaje y otra es describirlo. El primer problema es decidirme por uno. Me he pasado este verano pintando paisajes y rincones de nuestro pueblo y sinceramente, hay tantos hermosos que me cuesta trabajo decidirme. No es el nuestro un lugar de paisajes espectaculares (aunque la vista del valle hacia la cordillera, con el pico Valdorria en el horizonte, es grandiosa);  sin embargo desde mi punto de vista de pintor es difícil encontrar en La Mata un rincón que no pudiese convertirse en un hermoso cuadro. Todos tienen la belleza de lo natural, de lo sencillo, de lo entrañable.

El caso es que debo elegir.  Y pensando y contemplando lo que pinté este verano me decido por un rincón: el camino que viene del río, del “pozo de los asturianos”, antes de juntarse con el que, saliendo del pueblo junto a la Iglesia se dirige de frente a Los Cabales.

            ¿Por qué ese? En primer lugar porque el concepto de belleza es muy relativo, tiene siempre algo de subjetivo. Algún sitio nos parece más bello que otros no sólo por sus características, sino por las vivencias que en nuestro recuerdo despierta. A mí el camino del río me trae a la memoria infinidad de recuerdos, pues el camino del río es el de casi todos nuestros paseos, tanto en verano, camino del baño, como en las otras estaciones del año, a ver cómo baja el Curueño. Una persona de nuestra familia llama al río “la Catedral de La Mata”, pues dice que si en León se lleva a los visitantes a ver la Catedral, aquí les llevamos a ver el río. Por eso ese camino me trae a la memoria tantos regresos del río contentos después del baño veraniego, tantos paseos sólo o acompañado de personas queridas… (algunas ya nos han dejado). Y junto con lo subjetivo, están las características visuales del sitio: me encanta ese camino por el arbolado que lo rodea. Yo no conocí La Mata antes de la concentración parcelaria, que cambió tanto, según cuentan, el paisaje. Pero me dicen que todos los caminos eran antes así, rodeados de árboles y de sebes. Yo recuerdo muchos caminos parecidos de mis veranos infantiles en otros rincones del norte de León, en Carrocera y en Sena de Luna. ¡Cómo se agradece esa sombra en verano, cuando el sol golpea con toda su fuerza! 

            Un paisaje es distinto en cada estación del año. Suelo preferir los paisajes otoñales, pero este camino que he elegido me encanta en verano, y  en concreto al caer la tarde, y mirando en dirección al pueblo: El camino está en sombra, pero de la muralla vegetal de la izquierda está iluminada por la luz lateral, que al atravesar la arboleda y las sebes enciende todas las tonalidades imaginables de los verdes: hojas de chopo, de nogales, de sauce, de las zarzas… cada una con un tipo diferente de verde. Y la luz que logra atravesar el muro verde cae en forma de gotitas luminosas sobre el camino, sobre la vegetación de los lados, de un modo semejante a como la luz que atraviesa las vidrieras de una catedral proyecta chispitas de colores sobre el suelo y los muros de piedra. Y al fondo, al levantar la vista, donde se junta el camino con el que va a los Cabales, de repente la luz que viene de la izquerda cae con toda su fuerza sobre el camino ya abierto, un chorro de luz que contrasta con la penumbra en la que estamos, como una ventana que se abre al fondo de un pasillo. Con esta luz tan intensa destacan sobremanera  los matorrales verdes del fondo, que rodean la portilla de hierro a través de la cual vemos el pueblo y el monte a lo lejos… la vista sale del estrecho camino, del túnel vegetal, y se pierde en el paisaje abierto, en los prados del valle, en las colineras y en el cielo azul.

             Cuántas veces al llegar a ese punto he dicho o pensado: ¡mira qué preciosidad!


PUENTE DE LOS ESCAVALES

    El pasado día 25 de octubre, durante la noche, una pilastra del puente sobre el río Curueño, denominado de Los Escavales, falló en su estructura e hizo que se fracturara la parte más próxima hacia la zona del monte y que se hundieran en el río unos cuatro metros del solado, arrastrando las barandillas de casi todo el puente, las cuales han quedado rotas o retorcidas. 
    Hacía días que llovía intensamente por la zona y que el cauce del río casi se desbordaba, con una velocidad del agua muy grande y que arrastraba todo tipo de maleza, particularmente árboles y troncos que se acumulaban ante las pilastras del puente. Varios vecinos que habían observado la situación de atasco se alarmaron y temieron lo peor como, por  desgracia, así ocurrió. El día del hundimiento y posteriores fue grande la afluencia de vecinos del pueblo y de otros lugares con el fin de contemplar el desastre.
    En el fin de semana una máquina eliminó los obstáculos que presionaban sobre lo caído y las demás pilastras. La prensa y medios audiovisuales de León informaron sobre este hecho, ya que se unía a otros desastres ocurridos en la provincia, como cortes de carreteras y destrozos en puentes, algunos de ellos afectando a la comunicación entre pueblos.
    Durante el verano, cuando apenas el río traía agua, ya se observaba que la pilastra fallida presentaba deficiencias en su base. Al parecer, la Junta Vecinal lo había advertido y se había pedido permiso a la Confederación Hidrográfica del Duero para realizar algún arreglo. Así que, por improvisación o por desidia, nos ha tocado de cerca la desgracia que está perjudicando la vida cotidiana, ya que hay que desplazarse unos 3 km en búsqueda del puente de Sta. Colomba si hay necesidad de pasar a las fincas del otro lado o si se desea ir al monte.

    Este puente de Los Escavales es uno los Bienes Propios del pueblo y está situado en “uno de los extremos del lugar llamado ‘Entre los Ríos’, término de La Mata, para servicio general del pueblo y, especialmente para comunicar con los terrenos comunales y particulares situados en la parte Este del pueblo o izquierda del río” como se dice en el Inventario de Bienes de 1961. Tiene más de treinta metros de largo por unos dos de ancho. Posteriormente, hacia el año 1993 fue mejorado y es el que existe en la actualidad.
    Fue construido en régimen de hacendera por los vecinos del pueblo hacia el año 1954 siendo Víctor García presidente de la Junta Vecinal, contando con la ayuda económica de 150.000 ptas. logradas por Ángel Ruiz, alcalde de Boñar, diputado en la Diputación Provincial y cuya familia disponía de fincas en el Vago de Los Escavales. Con ese dinero se pagaron el cemento y los jornales de Santos Orejas, el cual como albañil dirigió la construcción de las pilastras. Los mayores recuerdan su participación en los trabajos ya que de cada casa debía participar al menos una persona; la parte de madera se reservó a personas conocidas por su destreza en tal trabajo. 
    Se eligió el lugar que ocupa ya que enfrente estaba el camino del Valle de Valdefuentes que lleva al monte y al valle de Gustifel, así como el camino para las fincas del citado Vago donde varios vecinos cultivan. Sustituyó a un “paso” realizado con piedras, a unos ciento cincuenta metros río abajo, que se preparaba cada año con el fin de atravesar el Curueño hacia las citadas fincas de La Mata.
    Las bases de las cinco pilastras y de los estribos de inicio y final del puente se hicieron a pico y pala, sacando el agua con un motor “piva” de Generoso, preparando Santos el encofrado de cada pilastra y estribos y llenándolos con la masa de cemento y piedras elaborada allí mismo. Las piedras eran del río y transportadas en carros de parejas.
    La parte superior del puente se hizo por medio de robles traídos de la Cota por la zona de Perales y Valdecarro y limpiados de ramas por algunos más curiosos, colocando más de una docena entre cada pilastra; sobre ellos, se colocaban a lo ancho abundantes ramas de robles, encima tapines sacados de EL Soto y como última cubierta guijo con barro rojo, para mayor consistencia, extraído de los valles de Moncabrón y de S. Roque. No había nada parecido a barandillas y por el mismo pasaron durante cuarenta años carros, animales y personas.
    En 1993, siendo presidente de la Junta Vecinal Simón Rodríguez, se mejoró la antigua estructura con subvenciones de la Junta de Castilla y León y de la Diputación, completando el coste total de unos 8 millones de ptas. la Junta Vecinal con dinero de la venta de pinos. La obra consistió en recrecer las pilastras y los estribos medio metro con un zuncho de hormigón armado y colocar un tablero formado por tres vigas prefabricadas, consiguiendo un ancho de 3,60 m, siendo las aceras de 30 cm. con una calzada, por tanto, de 3 m; asimismo, se colocó una barandilla metálica como protección y se acondicionaron los accesos con relleno de terraplén formado por zahorras naturales compactas. El puente tiene una longitud de 33,91 metros.

    Puente de Valdelacueva. Era el puente de tiempo inmemorial que existía como única posibilidad de pasar al otro lado del río durante la mayor parte del año. Aún se recuerda esa elemental y endeble construcción, pues alguno de los vecinos lo utilizó y ayudó a rehacerlo, ya que se debía construir casi todos los años, pues se lo llevaba el río en alguna de las crecidas durante el invierno.
    Se realizaba en hacendera al comienzo de la primavera cuando descendía el cauce y estaba colocado enfrente del citado valle, río abajo de la Fuente del Cubilón, por lo que tenía más de veinte metros de longitud y no llegando a metro y medio de ancho.
    Se preparaban maderas de roble en forma de marco, como zancas y similar a la entibación de las minas, y se señalaban con la inicial del pueblo ya que había que buscarlas a lo largo del río cuando las llevaba, pues siempre se conseguían algunas ya que cada pueblo las respetaba.
    Estos soportes, de un metro y medio de altura, se colocaban sobre el mismo lecho del río en una pequeña base preparada; sobre ellas se emplazaban vigas de roble bien limpias que soportaban ramas de roble, tapines y tierra. Se recuerda a ciertas personas excelentemente curiosas para la realización de tal pasarela.
    Por ella pasaban todo tipo de animal menudo que se llevaba al monte y quienes iban a trabajar, tanto al monte a hacer leña como a trabajar las fincas del Vago de los Escavales. A la salida del puente se cogía un camino labrado en la ladera como a unos veinte metros de altura y así se iba hasta el valle de Valdefuentes y al Vago; hacia el final del camino estaba la fuente del Pingüe.

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