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Boletín 104 - Navidad  2006   Titulares I  Noticias |   Divulgación | Historia |  Documento
                  
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  RECUERDOS DE MI VIDA EN LA MATA. ASÍ SE VIVÍA EN LA MATA MES A MES: MARZO

Adolfo Fernández López

 En el mes de marzo hay cambio de estación, empieza la primavera y acaba el invierno, y al ser mes de transición el tiempo era revuelto y los cambios de un día para otro frecuentes.  Cuando ibas al campo no te podías fiar tan pronto hacía un frío del carajo como salía un sol que picaba como un demonio, subían mucho las temperaturas y luego venía tormenta con granizada, aunque lo más llamativo de este mes era el viento, a veces tan furioso que parecía un autentico huracán.

 Los días eran ya claramente más largos, de hecho se decía que “el esposo de María hace la noche igual al día” refiriéndose al 19 de marzo en que se celebraba la fiesta de San José, y aprovechando la mejoría del tiempo se iniciaban las labores agrícolas. En Marzo se sembraba el trigo tremesino o la “corricasa” que es de una maduración mucho más rápida, y tardaba en hacerse unos tres meses. El trigo no se regaba, pero había que quitar las malas hierbas que crecían entre las plantas y esto era una tarea dura y cansada, porque se hacía a mano, cuando las plantas ya levantaban algún palmo del suelo, ya que al sembrase próximas unas de otras, no se podía meter la azada entre ellas. Para excavar me solían ayudar Elena,  Sinda y María. Recuerdo que esta última me reñía mucho, y en una ocasión que comentaban entre ellas sobre Gloria “como se ve que pertenece a la alta sociedad, tiene un modo de tratarnos y atendernos que no se ve en otras casas”  yo las dije: “claro, como yo no me eduqué en alta sociedad hasta María me riñe” y ella con aquel nervio que tenía me contestó “si hicieras las cosas bien no te reñía”.

 También se sembraba en este mes la cebada y con esta el trébol o alfalfa, con el fin de que la finca se quedara de trébol al segar la cebada; Se abonaban las fincas y se “resbaban”, se removía la tierra haciendo surcos con el arado de hierro, pasados unos días se rastreaban con rastros con dientes bastante grandes, y se “binaban”, se les daba la segunda vuelta, ahora con arado de madera llamados romanos, preparándolas bien para sembrar en abril la remolacha forrajera para la alimentación del ganado y la remolacha azucarera, esta con contrato que había que entregar en la recolección.

 La siembra ahora es una labor que se hace en poco tiempo gracias a los tractores y la moderna maquinaria agrícola que hay, y a que con la concentración parcelaria se han reunido varias fincas en un mismo término, pero antes llevaba días y días porque había que arrojar y esparcir las semillas manualmente, y además teníamos que ir andando o con el carro de las vacas a los diferentes términos donde estaban las fincas.

 A los hombres, en marzo, nos solían convocar a las “hacenderas” de La Presa Grande, donde nos reuníamos vecinos de Sopeña, Pardesevil y La Mata, y de La Presa de Los Escabales donde participábamos los de Santa Colomba y La Mata. La víspera te pasaban aviso indicándote el lugar al que había que acudir al toque de campana, y prácticamente todo el vecindario acudíamos para realizar las labores de limpieza y reparación de las presas. 

Las mujeres aprovechaban este mes ventoso para sacar a ventilar las ropas de los baúles y arcones, y comenzaban la limpieza anual de la casa. Por las tardes siempre tenían alguna celebración en la iglesia, porque entonces se vivía intensamente la religión. Así por ejemplo se hacían “los 7 domingos de San José”, siete días en que el señor cura le hacía los rezos al Santo después del rosario, y se procuraba tenerlos terminados cuando llegaba el día 19 de marzo. Todas las mujeres que iban al rosario se quedaban a estos rezos, pero hombres pocos. Además en marzo aún era Cuaresma y por ello se rezaba también todos los días el vía crucis, que los domingos era cantado bien por los mozos o por las mozas.  

Los viernes de la cuaresma, período que abarcaba 40 días desde el Miércoles de Ceniza a la Pascua de Resurrección, eran de vigilia.  No se podía comer carne salvo si pagabas la "bula".  Para esos días era muy general que las mujeres cocinaran potaje de garbanzos con bacalao o patatas guisadas. Algunas veces coincidía en marzo la Semana Santa, pero como había un dicho de que “Pascuas marciales no faltarán pestes ni enfermedades” se prefería que fuera en abril.

 En Marzo florecían la mayoría de los frutales, y era precioso ver sobre todo los almendros y los cerezos en flor, en el campo aparecían ya las margaritas y las violetas poniendo color, los prados comenzaban a echar algo de hierba, las hojas de los  chopos a brotar…en fin que se daba bien a conocer la entrada de la primavera. También en los animales se reflejaba bien el cambio de estación. Empezaban a nacer los corderos y cabritos, estos muy juguetones, las abejas salían ya de las colmenas y tenías que andar con cuidado si te acercabas a alguna, las golondrinas volvían a los nidos de barro que habían dejado en los corrales de casa, y las veías ir y venir con cosas en el pico para recomponer los rotos por las pedradas de los chavales. A mi me gustaba mucho observar todos esos cambios de la naturaleza. Recuerdo una ocasión que en mi huerta una pareja de pajarines hizo un diminuto nido en un rosal y pusieron 4 huevecitos muy pequeñitos. Al nido le cubrían tres hojas del rosal, de forma que estaba muy disimulado. Cuando nacieron los pajaritos y aún no tenían plumas una nube descargó un fuerte chaparrón. Con disimulo me acerque y vi como la madre con las alas extendidas cubría a sus hijitos.

Asimismo era ya normal a finales de este mes que cuando por la mañana el Gloria llamaba a las gallinas para darles de comer apareciera alguna haciendo “clo-clo-clo” Ese sonido significaba que esa gallina estaba “clueca” quería tener familia. Gloria entonces preparaba en una cesta un nido muy curioso, ponía en una esquina de la bodega la cesta, en ella una docena de huevos frescos y escogidos, y con cuidado ponía la gallina sobre ellos. Al lado de la cesta colocaba unos recipientes con comida y agua que rellenaba diariamente. A los 21 días se empezaba a notar que los pollitos querían ya salir y empezaban a romperse las cáscaras de los huevos, entonces Gloría con mucho cuidado los iba recogiendo los pollitos según iban saliendo y cuando estaban ya todos fuera se los devolvía a la gallina. Les ponía pan mojado en leche, a los cuatro días ya se conocen madre e hijos y no se separan, daba gusto verles por el corral…A veces había hasta tres camadas más alguna que aparecía con una buena pollada sin saber donde había estado escondida.

 


REVISTAS DEL CURUEÑO

La Voz de Sopeña
El cercano pueblo de Sopeña publicó, durante el verano, el número 11 de La Voz de Sopeña como Boletín de la Asociación Cultural  “La Nogalona”. Destaca, en esta ocasión, la cantidad de fotografías de personas, grupos familiares y amistades, casas, paisajes, etc., que avalan el buen sentir y hacer de quienes lo elaboran y de cuantos lo reciben.
La Crónica de abril a abril reseña nacimientos, bautizos, bodas, defunciones y alguna que otra noticia; la Historia del pueblo se hace en variadas y sugestivas fotografías; es Ruta la subida al Pico Huevo; “Al alba” y “La bondad de un paisaje” son Memorias de la niñez; Flores y Plantas, Vocabulario y Tradición oral; Jesús Díez escribe su Letanía de la Fiesta Mayor y la sección del Pueblo habla lo hace con relatos como “Ntra. Sra. de los Remedios”, “Madre hay una sola”, “La Cecina de León”, “Poesía al maestro”, “A la madre ausente”,  “Oficios antiguos”, “Las chicas de oro”, etc. Finaliza con las Recetas de Ruth Juárez y un Testimonio de Julio Llamazares para la defensa de la Montaña Central Leonesa.

CAMPARREDONDA
El número 7 de la revista Camparredonda, hasta ahora, de Otero de Curueño que editaba la Asociación Cultural “La Fuente del Ruiseñor” de la citada localidad de la ribera del río Curueño anuncia que  adquiere un carácter de “mayor difusión de todos los trabajos editoriales y culturales que vayan surgiendo” y la edición de la revista recaerá en la nueva Asociación Cultural “La Armonía de las Letras”. Como “no renuncia al lugar de su nacimiento: el Curueño”, testimoniamos que pretende seguir divulgando recuerdos, intereses y valores de nuestra tierra. Así lo hace con tres artículos: Sanatorio antituberculoso de Boñar, En La vecilla y la Orquesta “Los veleros”.
Esta revista divulgativa y cultural continua con las diez secciones habituales sobre asuntos variados y siempre interesantes y los propios de cada número –Cárceles de la locura, Divagando sobre León y su sino, la noche de San Silvestre y los Casorios, etc.-tratados por diversos autores de prestigio a los que se unen colaboraciones de escritores leoneses.

 EL CANTARICO VERDE
Se une a las revistas de la Ribera la recientemente publicada en Ambasaguas de Curueño denominada El Cantarico Verde, ya que en este verano por medio de la Asociación Cultural “El Canto” de tal localidad,  dieron a conocer su primer número.
El saludo y los dignos deseos de su Editorial tienen ya su expresión en los diversos artículos: La Fiesta de nuestros Mártires, Memoria de actividades 2005, Curueño, Indumentaria tradicional, “El Pañolón”, Otras Fiestas Otros pueblos, Secuestro y muerte del Ingeniero Arriola, Siempre nos llamaron “los corbatines”.
Saludamos con cariño esta novedosa aportación a la cultura de nuestros pequeños pueblos y deseamos larga trayectoria.

 CURUEÑO
 Sta. Colomba de Curueño nos ofrece el nº 17 de su revista Curueño que publica la Asociación Cultural Santa Ana.
Como costumbre se inicia con el Recuerdo a los difuntos y el Homenaje a los mayores del año, narrando las vicisitudes -nacimientos, bautizos, bodas y comuniones- en Cosas de aquí, para finalizar con la invitación anual a vecinos y visitantes para celebrar en común la Nochevieja y la víspera de Reyes; se hace eco de las obras públicas realizadas y de la riada de octubre.
Son amplias las narraciones de lo ocurrido y vivido en el pueblo en días especiales: Vigilia Pascual, S. Isidro, Romería de Sta. Ana, Corpus, Viernes de Dolores, Pascua y Fiestas del Cristo.
Hay un excelente y exhaustivo artículo sobre la Trucha como símbolo del río Curueño.

 


CUEVAS : LA CUEVONA

    Llevo años oyendo decir que había una cueva al otro lado del río y algo por encima de donde nos bañamos en el pozo de los asturianos. Un día nos explicó Plácido por donde podía estar la entrada, más o menos, y nos propusimos ir a buscarla y ver si se podía entrar. Así que un día de agosto y un grupo de quince, entre niños y mayores, nos fuimos río arriba, entre chopos y matorrales, teniendo que cruzar un pequeño reguero que venía del mismo río y poco después al río ya que vimos enfrente un hueco en la ladera de que podía ser la entrada de la cueva, como a diez metros sobre el río.
    Subimos llegando a la entrada que era muy estrecha, así que de rodillas y gateando recorrimos unos diez metros de túnel hasta llegar a un espacio más grande donde nos podíamos ponernos de pie. Nos sentamos y había muchísimas arañas muy grandes que veíamos pues llevábamos linternas; también, vimos estalactitas y estalagmitas aunque de tamaño pequeño y algo rotas, pero los mayores decían que pudo haber más grandes; había escritos en la pared hechos a navaja de chicos que habían estado allí. Miguel encontró un hueso de una pata de zorro, Said el esqueleto de una cabeza de animal y seguro que había más restos de animales pues era un buen lugar para entrar animales. 
    Nos hicimos fotos, salimos y Lorenzo y Jesús intentaron subir ladera arriba para ver si encontraban otra cueva ya que alguien decía que le habían contado que había otra, pero no pudieron andar mucho ya que estaba muy difícil. Terminamos la excursión bañándonos en el río pues estábamos llenos de polvo. Habíamos descubierto la cueva y seguro que la visitaremos más veces.

Carmen Tarodo

CUEVA DE "LOS DOS HERMANOS"

     Por su interés y proximidad hacemos una breve reseña de la noticia referida a un suceso que puede promover el desarrollo turístico de la zona.
    Los periódicos de León, durante los dos últimos meses, han publicado noticias sobre el hallazgo de restos humanos y de animales en una cueva de muy difícil acceso situada cerca  de Arintero y de La Braña, en la ribera del alto Curueño.    
    Los habitantes del lugar desconocían la existencia de la misma, pero unos espeleólogos la exploraron y la llamaron "Cueva de los dos hermanos" por haber aparecido los esqueletos, bastante bien conservados, de dos personas adultas, aunque jóvenes. Ya han sido sacados los dos esqueletos -denominados Ataúlfo y Wenceslao- y los primeros estudios hacen tener indicios de que pueden ser de “tiempos prehistóricos”.


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