Los nueve de Valdestillas

Página web elaborada por Ignacio Martín Jiménez 

  Teófilo Fadrique Puras

  Dionisio Cantalapiedra Leonardo

  Celedonio Martín Alonso

 Hipólito Esteban Fadrique

  Mateo Extremo Hernández

  Carlos Salas Domínguez

  Fermín Martínez Iglesias

  Federico Gago Rodríguez

  Pedro Méndez Villarreal

En Valladolid no hubo en sentido estricto guerra civil. Los sublevados contra el gobierno legítimo salido de las urnas apenas encontraron resistencia en la provincia. Sin embargo, la represión alcanzó cuotas inimaginables. A los 393 fusilados tras las parodias legales que se escenificaban en los Consejos de Guerra (como aquel que en la mañana del 2 de septiembre se decretaron entre los 400 detenidos de la Casa del Pueblo de la capital 40 penas de muerte, 362 condenas de treinta años y 26 de veinte años) se añadió un elevadísimo número de "paseados", enterrados de forma ignominiosa en cunetas, fosas comunes de cementerios u otros lugares análogos. Sobre sus nombres pesó durante el franquismo un feroz ostracismo: era la forma de justificar, a posteriori, la barbarie cometida en su contra. Los familiares debieron unir a la herida de aquellas injustas pérdidas, el dolor de no poder siquiera honrar el nombre de las víctimas. No había para ellos un trozo de tierra a la que poder ir a llorar: nada simbolizaba su ausencia. Sus familiares no pudieron, pues, elaborar su dolo. Al contrario, debieron acallar durante años de represión y sentimientos de culpabilidad sus nombres.

Arrastraron este fantasma como un penoso estigma.

El 20 de noviembre del 75 murió Franco. Pero entonces quienes decidieron tomar la riendas de la transición decidieron que había que echar tierra sobre ese oscuro pasado reciente. Y dejar, por tanto, que siguieran en sus fosas y en la ignominia los miles de españoles desaparecidos: a los cientos de enterrados en el Monte de Torozos, en la zona de Peñafiel, de Rueda. O a los nueve de Valdestillas. A esa siniestra operación de amnesia histórica le llamaron "concordia entre los españoles". Aún así, hubo incluso hubo quien se creyó legitimado para "exportar" a otros países ese modelo de transición. El relato de la historia de los nueve de Valdestillas ejemplifica el horror de la barbarie del bando sublevado. Y también la necesidad de sus familias de recuperar sus nombres, sus cuerpos. 

No sólo era un labor de justicia histórica, sino incluso una labor civilizadora. Pero expresa también la esperanza: la de quienes tras años de sufrimiento vieron cumplido su sueño, su derecho.

  Los nueve de Valdestillas

 

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