La represión
1-Introducción.  

z16.jpg (227593 bytes)Escena en Valdestillas posterior al alzamiento 

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 La guerra civil estuvo en Valladolid precedida por un clima de violencia social sin precedentes en la provincia. El auge del socialismo y la emergencia de Falange (grupo tal vez no muy numeroso antes de la guerra, pero extraordinariamente activo y violento), y en otras ocasiones las pugnas entre partidarios y detractores de las Casas del Pueblo en muchas localidades, provocaron un elevado número de incidentes sangrientos y no pocos sucesos luctuosos, de modo tal que cuando triunfe la sublevación nacionalista se desatará un afán revanchista y una represión absolutamente desproporcionada respecto a la resistencia que la misma encontrará.

El Gobernador civil de Valladolid, Lavín, contará con la oposición de los cuerpos de seguridad. Conoce perfectamente los detalles de la trama golpista: sabe que en el Monte de Torozos se han reunido muchos falangistas, dando a su vez protección a los cabecillas de la trama golpista militar, como el general Saliquet. Sin embargo, la Guardia Civil hará caso omiso de su orden de búsqueda y detención. Aún más determinante será la negativa de dicho cuerpo a entregar las casi 2.000 armas que se guardan en su depósito: lo que supondrá que la resistencia, cuando se produzca, se encuentre prácticamente desarmada. También los guardias de Seguridad y Asalto, comenzando por algunos de sus mandos, se negarán a obedecer sus órdenes: cuando se decrete su marcha a Madrid, y espoleados por las noticias que les dan de que el ejército está a punto de sublevarse, comenzará una manifestación espontánea por las calles de Valladolid a la que se unirán algunos falangistas, que constituía el primer acto de la sublevación.

Con la acción de los guardias de Seguridad y Asalto, los militares veían rotas sus previsiones, y pese a haber mostrado cierto recelo a la hora de iniciar la sublevación de modo inequívoco (esperando órdenes de un enlace de Burgos que se demorarán), Saliquet irá a Valladolid cuando los sublevados ya se han enseñoreado de la ciudad.

Desprovista de armas (o con las pocas que entre la población civil pudieron ser requisadas a la fuerza), la resistencia al alzamiento se refugiará en los tejados y las técnicas típicas del llamado “paqueo”, a la espera de una ayuda exterior que finalmente será interceptada (en parte por casualidad, al ser interceptado el mensaje en el que las autoridades republicanas comunicaban la llegada de refuerzos, siendo detenidos en Villarrobledo)..Casi quinientas personas optarán por la solución, difícil de comprender desdeun punto de vista táctico, de encerrarse en la Casa del Pueblo, para rendirse a las pocas horas sin ninguna opción de resistencia.

Poco podrán hacer los militares fieles a la República, y entre ellos especialmente el general Molero y sus ayudantes (quienes se ven traicionados por su entorno más inmediato de forma inesperada para ellos). Sin embargo, sí existió una significativa oposición por parte de militares de distinta graduación y miembros de los cuerpos de seguridad: ni mucho menos fue unánime el apoyo al alzamiento entre dichos colectivos, como en muchas ocasiones se ha dado a entender.

De esta forma, la sublevación triunfará con relativo poco esfuerzo en Valladolid. La represión posterior al alzamiento alcanzará las mismas cotas de irracionalidad y horror que en muchos otros ámbitos del país; con la diferencia de que en el caso de Valladolid apenas hubo enfrentamientos armados de entidad entre ambos bandos. Los fusilamientos tuvieron dos vertientes claramente diferenciadas. Falange actuará de forma relativamente autónoma y sanguinaria durante los primeros días tras el golpe, en forma de los “escuadrones del amanecer”, que sólo cesarán cuando las nuevas autoridades logren someter el orden público a su entera competencia. Por otro lado, la justicia militar, que debe hacer frente a más de 2.000 detenciones, actuará de forma absolutamente expeditiva y meteórica, en unos juicios realizados por militares sin cualificación penal alguna, sin apenas defensa efectiva para los acusados: producto de dicho simulacro de juicios, morirán 393  personas fusiladas en el campo de San Isidro[i], y se producirá una ingente cantidad de condenas de 30 a 20 años. El sentirse minoría los sublevados frente a una nutrida militancia de izquierdas les llevará a adoptar soluciones de fuerza tan irracionales como las descritas.

 

2- Patrullas del Amanecer: del mito a la realidad.

Tras la sublevación, el espíritu vengativo se reflejará palmariamente en escritos de prensa como el de Falange Española de las J.O.N.S. que reproducimos:

"Valladolid ha sido víctima del bárbaro atentado rojo: antes lo fueron otras ciudades; día tras día caen en los campos de batallas soldados del ejército azul, muchos de ellos terriblemente heridos por elementos de guerra prohibidos. Mientras, por nuestras mismas ciudades pululan ciertos seres repugnantes que se frotan las manos en silencios ante los crímenes, y antes del 18 de Julio alentaron el fuego de la hoguera roja."[ii]

En este sentido, estamos de acuerdo con lo expresado por Hugh Thomas:

"La represión en Valladolid, una vez que los rebeldes ocupan la plaza, es dura. "Pareciera - explica Dionisio Ridruejo - que toda la sangre abierta a caño libre por España hubiera cristalizado en aquel cielo."[iii]

Es además sobradamente conocida la gran actividad de ocupación y purga de localidades de la provincia realizada por Onésimo Redondo desde su liberación el 18 de julio hasta su muerte el día 24. Incluso la prensa nacionalista, como el Diario Regional, lo recoge implícitamente:

"Onésimo Redondo, desde el 18 de julio de 1936, no se daba un punto de reposo. De un lado a otro acudía a animar y ver personalmente la actuación de los suyos."[iv]

También en la obra de Thomas se insinúa:

"[...] y Onésimo Redondo en Valladolid fueron también responsables de muchas cosas."[v]

Algunas zonas de la provincia (la de Torozos) van a ser especialmente castigadas por una represión salvaje y al margen de todo formalismo. Señala H. Thomas, y según informó un testigo:

"Un testigo ocular que vive en Valladolid dice que una "patrulla del amanecer" de falangistas, al comienzo de la guerra, fusilaba a 40 personas cada día: Onésimo Redondo, el fundador de las J.O.N.S. de Castilla, que recientemente había sido librado de la cárcel, se entregó a esta labor de purga."[vi]

Concentración falangista en Peñafiel.

 

 

 

 

En similares términos se expresa Guillermo Cabanellas:

Valladolid comparte probablemente con Sevilla el tristísimo campeonato de ciudades y provincias en que mayor número de crímenes se cometieron en la Zona nacional. Aparece en la capital castellana para unos y leonesa para otros, como en Madrid, una llamada Escuadra del Amanecer, que pertenece a Falange y que justifica su denominación porque ejecuta a las víctimas en las primeras horas del día y en la carreteras.”[vii]

Indican al respecto Vilarroya y Solé:

"Cuando se habla de las responsabilidades sobre lo ocurrido en la zona azul no hay que olvidar que el principio del dominio rebelde se iniciaba con la proclamación del estado de guerra y el consiguiente nombramiento de los jefes militares. La totalidad de los componentes de los consejos de guerra eran militares, así como gran parte de los delegados de orden público y gobernadores civiles. Es cierto que grupos de falangistas y requetés actuaron espontáneamente sin la aprobación de los jefes militares, pero éstos nada hicieron para impedirlo. [...]

En Valladolid, por ejemplo, existía una llamada Escuadra del Amanecer, formada por falangistas, cuya denominación le venía dada por el hecho de que ejecutaba a sus víctimas a primeras horas del día y en las carreteras."[viii]

Por otra parte, nos ha sido facilitada de forma oral una información trasmitidael secretario general del Gobierno General del Estado, Dionisio G. Negueruela, a uno de sus hijos[ix], según la cual el Gobernador General del Estado Valdés Cabanilles mandó llamar en un momento dado de 1937 a José Antonio Girón a su despacho, indicándole que a partir de dicho momento le hacía responsable de los fusilamientos que se produjeran por parte de Falange. Esta advertencia, que irritó sobremanera al falangista, sin embargo fue suficiente para que cesara la anterior sangría. En todo caso, esta llamada al orden a los falangistas para evitar que prosiguiera la desmedida masacre que se llevaba a cabo no implica que Luis Valdés Cabanilles intentara desde un principio restringuir la actividad de las citadas “milicias patrióticas”. Afirma Guillermo Cabanellas: “La represión, en lugar de disminuir, aumenta cuando es nombrado el general Luis Valdés Cabanilles para el cargo de Gobernador General del Estado. Las cárceles se llenaban una y otra vez; las ejecuciones masivas permitían ese reflujo y flujo permanente.”[x]

 Son numerosas las hipótesis formuladas por distintos historiadores e incluso personas particulares (que asistieron como testigos directos e indirectos acción de estas patrullas del amanecer[xi]) respecto a la cuantía de las víctimas ocasiona[xii]. El historiador choca al respecto con numerosas limitaciones para poder efectuar una cuantificación mínimamente fiable del número de óbitos debido a los fusilamientos efectuados al margen de toda legalidad (casi siempre siguiendo criterios arbitrarios, dando rienda suelta al afán de venganza personal). Muchas de las víctimas, es fácilmente constatable, no llegarán a figurar en las estadísticas del Registro Civil como fallecidos. Muchas otras constan como tales, pero variando la razón de su fallecimiento (pues así lo disponía el Titulo IV de la Ley Provisional del Registro Civil de 17 de junio de 1870, vigente por entonces[xiii]).

Los enterramientos en fosas comunes sin ninguna inscripción, la confusión estadística que durante casi un lustro sufrirá el país, las interpretaciones hiperbólicas en uno u otro sentido según intencionalidad que quien las realiza, hacen difícilmente viable formular una hipótesis rigurosa y sostenible al respecto.

Evidentemente, las fuentes orales son en este caso un arma de doble filo: son casi la única forma de aproximación a larealidad de unos acontecimientos al margen de cualquier atisbo de legalidad; pero también se ubican en el terreno donde la plena subjetividad del sujeto se ve comprometida de forma radical, pudiendo suponer una fuente de distorsión antes que de información. Señala Alberto Roig Tapia:

 “A estas dificultades de carácter general que, en cierto modo, podríamos calificar de políticas, hay que añadir las estrictamente técnicas.

Una de las preocupaciones fundamentales, a la hora de acercarse al estudio de la represión, ha sido llegar a cifras de magnitud fidedignas. Las victimas debidas a las represalia has sido únicamente estudiadas hasta ahora sistemáticamente y, consideradas dentro del cómputo global de las pérdidas demográficas totales debidas a la guerra, por Ramón Salas Larrazábal.

El primer intento riguroso de acometer un estudio demográfico sobre las pérdidas de la guerra, se debe al Doctor Villar Salinas, hace casi cuarenta años, con resultados notables aunque insuficientes

Los profesores Fuentes Quintana y Velarde Fuertes lo intentaron de nuevo años después basándose en la estadística de población, pero como el censo de 1940 no era fiable, dado que había sido engordado arbitrariamente, desistieron del proyecto.

Llegar a cifras aproximadas de las pérdidas globales producidas por la guerra es algo que no resulta irrealizable o, cundo menos, puede efectuarse con cierta aproximación pero, llegar a precisar con un desdeñable porcentaje de error las víctimas debidas a las represalias es tarea mucho más compleja y prácticamente imposible. La razón no es otra que las especiales circunstancias en que se llevan a efecto dichas represalias. No sólo el mayor porcentaje de ellas (nos referimos a las «espontáneas», es decir a “paseados”) se llevan a cabo durante la guerra civil con las dificultades que conlleva toda situación irregular y excepcional, que impide el normal funcionamiento de la Administración y la burocracia del Estado, sino que, además, dichos asesinatos se efectuaban en su mayor parte con la intención de ocultarlos precisamente y de no dejar huellas de los mismos.

Tal es el caso de muchos pueblos con tierras comunales en que preferían dar a las víctimas por desaparecidas o huidas, para así - ocultando la ruda realidad de su asesinato- poder acceder a un mayor lote de tierras. Cuantos menos quedaran, a más tierra para repartir tocarían.

En cualquier caso, estudiar científicamente la represión, no quiere decir estudiarla exclusivamente con arreglo a la estadística de población o cualquier método cuantitativo. Para ello las fuentes deberían ser transparentes y, evidentemente, no es el caso.“[xiv]

Da idea de la falta de rigor en la contabilidad de los asesinados al margen de todo aparato judicial, especialmente en los primeros días tras el alzamiento (luego las cautelas serán mucho mayores) algunas de las comunicaciones provenientes del gobernador civil:

"De orden del señor gobernador,procédase a la inhumación de los cadáveres de Julián Nava Barniego, de 20 años, y Estefanía Pajares Carrascal, de 38 años, fallecidos a consecuencia de los sucesos de estos días”[xv]

“Por decreto de esta fecha he dispuesto se sirva Vd. proceder a la inhumación de los cadáveres siguientes: un varón de unos dieciocho años, sin identificación personal, señalado con el número 1; el número 2, que según referencias corresponde a Salvador Hernández, de unos 35 años, procedente de Cigales; el número 3, de unos 45 años, procedente Cigales, que según referencias corresponde a Pascasio Velasco; el número 4, procedente de Simancas, sin identificación personal, que resulta ser el de un varón de unos 35 años; el número 5, igualmente sin identificar e y el número 6, también sin identificar. Lo que comunicó usted para su conocimiento y cumplimiento"[xvi]

“Sírvase V. admitir en ese depósito de cadáveres los de cinco individuos sin identificar muertos en un encuentro con la fuerza pública."[xvii]

En ocasiones los "paseos" se daban incluso entre presos de las cárceles, aprovechando el momento de su traslado hacia otras ciudades. Guillermo Rodríguez Ojeado[xviii] recuerda al respecto el traslado a la cárcel de Salamanca de un contingente de penados, a cargo de dos camiones, uno de ellos conducido por falangistas y otro por requetés. El primero de los camiones no llegaría a realizar el trayecto completo, muriendo fusilados por los falangistas los presosen un monte próximo a Salamanca. En cambio el camión conducido por los requetés sí llegó a su destino. En este segundo camión iba Evaristo (alias "El Motigo"), obrero de la construcción y una de las personas que tomaron la riendas de la situación en la Casa de Pueblo desde el alzamiento hasta su rendición, siendo condenado a 30 años de cárcel.

En general podemos decir para el caso de la capital vallisoletana que la suerte de los encarcelados en la plaza de toros y en las Cocheras (situadas tras el Hospital Militar, lindante con la actual calle García Morato), era impredecible. Según los relataron distintos testigos, era frecuente que poco antes de la salida del sol patrullas falangistas entraran seleccionando, a veces de forma arbitraria, a las personas que posteriormente trasladarían en camiones hasta lugares muy variados: carreteras o cunetas; siendo el Monte de Torozos uno de los puntos más frecuentes tan macabro convoy[xix]. Indica Guillermo Cabanellas, fuente generalmente bien informada:

“Para alojar transitoriamente a los presos, y no para libertarlos, se destinaron, a más de las Cárceles Nueva y Vieja, las cocheras de los tranvías. Estos locales solían llenarse y vaciarse casi a diario.” [xx]

En 1996 fueron encontrados varios cadáveres de frentepopulistas fusilados en los primeros días tras el alzamiento en la localidad vallisoletana de Cubillas de Santa Marta que habían sido enterrados en las inmediaciones de una cuneta. De hecho, todos los periódicos de la zona nacionalista publicarán el 20 de agosto de 1937 una circular de la Inspección de Sanidad en la que se hace referencia a la irregularidad de los enterramientos que hasta el momento era dominante:

De orden del Excelentísimo Sr. Gobernador Civil de la provincia, se pone en conocimiento de los señores alcaldes que, para el cumplimiento de lo ordenado por la Superioridad, referente al enterramiento de cadávares abandonados en el campo, requerirán la cooperación de los señores médicos y farmaceúticos titulares, sobre todo en lo referente a la designación de sitios donde deben realizarse los referidos enterramientos, procurando se efectúen lejos de manantiales, pozos y cursos de agua, aunque ésta no sea destinada para bebidas, para evita su contaminación. Burgos, 18 de agosto de 1937.[xxi]

Aunque se trata de una aparentemente sin gran contenido informativo, el periódico El Norte de Castilla señala cuáles eran los puntos álgidos de la purga falangista en la provincia durante los primeros días tras el alzamiento:

En diversos lugares de la provincia, entre ellos Traspinedo, Mojados, Tordesillas y el monte de torozos [sic] se concentraron gran número de afiliados a los diversos partidos que toman parte en el movimiento.[xxii]

En todo caso, ya hemos ido viendo las conexiones de todos y cada uno de los lugares citados con el alzamiento nacionalista, incluso antes de que éste se produjera (Traspinedo y Mojados eran algunos de los lugares donde frecuentemente realizaban ejercicios de preparación pseudomilitar los falangistas)

El libro deRamón Salas Larrazábal, Pérdidas de la guerra[xxiii], ampliamente cuestionado y controvertible por la propia metodología empleada para realizar la extrapolación de datos demográficos relacionados con la guerra civil española, ofrece para el caso de la provincia de Valladolid unos datos de los que podemos extraer algunas conclusiones. Para el año 1936, y siempre extrapolando datos del Movimiento de la población de España del Instituto Nacional de Estadística, calcula 821 ejecuciones judiciales y 21 ejecuciones irregulares, además de veintitrés muertes por traumatismo accidental, y2 por traumatismo con arma de fuego. En todo caso, el número de fallecidos que figura en el Registro Civil en dicho año asciende para la provincia de Valladolid a 844. En 1937supone 60 ejecuciones irregulares y 227 judiciales, mientras en 1938 cifra ambas categorías en 22 y 9 respectivamente, y en 1939 supone 4 en cada caso. En total, por tanto, presupone 107 muertes irregulares y 1.063 “judiciales”[xxiv], además de un número exiguo de muertes traumáticas debidas a casuisticas diversas (127 para todo el transcurso de la contienda bélica)[xxv]. Con independencia de la escasa fiabilidad de las fuentes estadísticas del período, por razones obvias, es evidente que tales datos no corresponden a las estadísticas sobre fusilamientos tras consejos de guerra que hemos proporcionado anteriormente. De forma más concreta, hemos cifrado en 393 los fusilados tras juicio sumarísimo; lo que implicaría, tomando como referencia válida ese total de 1.303 entre ejecutados y asesinados por el bando nacionalista (indudablemente exiguo, si lo comparamos con los testimonios orales que luego traeremoscolación), que al menos 914 personas morirán en la provincia de Valladolid debido a las “patrullas del amanecer”.

Estos datos, extrapolados corrigiendo las estadísticas globales citadas por Salas Larrazábal, desmentirían las palabras del propio autor:

“ De pocas ciudades y provincias españolas se ha fantaseado tanto como de la de Valladolid. La antigua capital de España había sido la matriz de los movimientos fascistas españoles y en ella habían adquirido su mayor dimensión y raigambre. Las antiguas Juntas de Acción Hispánica que creara Onésimo Redondo, habían sido el germen de un vigoroso movimiento de juventudes campesinas estudiantiles que habían calado hondo en las tierras del Duero y el Pisuerga. Eso había hecho de Valladolid un poco la capital de la Falange y de su comarca algo así como la España Azul, y por ello nuestra extrañar sugiera pronto la leyenda, con su inevitable fondo de verdad, sobre la barbarie de las gentes de la falange, que asesinaron en masa y hacían espectáculo de sus represalias a las que asistían incluso los niños un plan de romería hasta con puestos de churros.”[xxvi].

En todo caso, resulta significativo que la estadística demográfica oficial no contenga datos precisos de los fusilados tras consejos de guerra: el cómputo de dicha cifra se exagera de forma desmesurada (1.063 fusilados, frente a una cifra real inferior a los 400) como una forma de enmascarar la acción de las “patrullas del amanecer”. Señala al respecto Sabín:

"La dictadura franquista no sólo depuro y eliminó físicamente a sus adversarios sino que intentó después, a través de sus panegíricos, tergiversar los datos de esa represión al intentar que fuese considerada como una contrapartida a la ejercida por la "canalla marxista" y al tratar de equilibrar cuantitativamente el número de ejecutados por uno y otro bando."[xxvii]

Aún así, el número citado (1.303 entre ejecutados y “paseados”) se encontraría alejado del supuesto por H. Thomas, quien cuantifica en 9.000 las víctimas en retaguardia en Valladolid (recogiendo una cifra citada por un "diputado católico" y por el director del Colegio Inglés de Valladolid a Bernard Malley[xxviii]), o de las 15.000 víctimas de los primeros seis meses que propone Jackson para Valladolid a partir del testimonio de un médico forense[xxix]. Con ello no queremos desdecir estas hipótesis, sino simplemente dejar constancia de que no tenemos pruebas constatables de un número tan elevado de fallecidos en las circunstancia aludidas.

A partir del boletín demográfico (según el autor interrumpido a partir del 9 de agosto de 1936[xxx]), publicado diariamente en El Norte de Castilla, Reig Tapia detecta sesenta muertes que tienen todas trazadas de ser irregulares, dado que corresponden a cadáveres recogidos en las calles o en las afueras de la ciudad y no reclamados por las familias. Señala el citado autor:

"Más de 60 cadáveres (hay lista nominal) aparecen en distintos puntos de Valladolid capital tras iniciarse la sublevación. Naturalmente, esto no quiere decir que sean los únicos. La lista (comprobada nombra nombre) corresponde sólo a "paseado", abstracción hecha de las llamadas ejecuciones judiciales.

 En Nava del Rey, ciudad de fuerte implantación socialista, la lista se eleva a más de cien. En Tordesillas, 10; en Olmedo, 29; en Tiedra, 17; en Villanubla, 20; en Mojados, 29; y así podríamos seguir largo rato, aumentando la contabilidad hasta extremos impresionantes que explican que se revoque el espectro de Valladolid a la hora de hablar de la represión nacionalista."[xxxi]

La situación a la que se refiere Reig Tapia corresponde a las personas que figuran en el boletín demográfico como muertos en el “Hospital provincial”, o en algunos casos en el “Manicomio” y en el “Hospital Militar” (y de las que, según hemos comprobado, no se publicaron en ningún caso esquelas, al contrario de las víctimas del "paqueo"), jóvenes o adultas, muchas de las cuales figuran con la inscripción genérica de domicilio “en ésta” (frente a la costumbre generalizada de poner el domicilio real del finado en dichos anuncios de prensa cuando se trata de muertes por otros motivos ajenos a los “paseos”). Podemos poner algunos ejemplos de personas que se encuentran en tal situación y figuraban previamente en los listados de detenidos, o que figuran en la lista confeccionada por Carlos González Maestro, que posteriormente reproduciremos: es el caso de Pascasio Velasco, de 47 años, que figura como fallecido en el Hospital provincial y domiciliado “en esta ciudad”[xxxii] (extremos ambos falsos, según hemos referido en una cita anterior: se trata de un “paseado” de Cigales); Tomás González, de 45 años, cuyo fallecimiento se anuncia el día 24 de julio[xxxiii], y que figura en una relación de detenidos el día 23 del mismo mes; Luis Pérez Pérez, de 18 años, del que el boletín del día 28 de julio indica que falleció en el Hospital Provincial[xxxiv], figurando en una información del día 26 como detenido; Félix Álvarez Ruiz y José Polo, cuya muerte anuncia el boletín del día 8 agosto[xxxv], y Eusebio González Suárez (del que se apunta: “37 años, domiciliado en ésta”), y constan por otra parte como paseados en la lista que, recientes los sucesos, confeccionó Carlos González Maestro[xxxvi]; Remigio Fernández, que figura como fallecido el día 5 de agosto[xxxvii] y como detenido el día 1...

En síntesis, se trata de informaciones que revelan, en los momentos iniciales de la guerra, los nombres de buena parte de los “paseados”,en un lenguaje críptico. Circunstancias tan sospechosas como el inopinado aumento de mortalidad entre la población joven, coincidencias como el fallecimiento de dos hermanos o familiares el mismo día[xxxviii], etc., son señales claras y apenas disimuladas de estos actos de violencia extrajudicial (señalamos, al respecto, que los nombres de los fusilados tras consejo de guerra no figuran en este tipo de boletines). Contando únicamente a los fallecidos jóvenes y adultos, el boletín cita el día 24 de julio cuatro casos, el 25 cinco casos(de 20, 23, 24, 27 y 47 años, respectivamente), el 28 nada menos que trece casos, y otros 5 en los últimas días de julio; el primero de agosto se da cuenta de cinco casos similares, el día 4 siete, el día 5 otros trece, el día 7 once más, el día 8 una decena... En total, hasta 58 casos (cifra muy parecida a la ofrecida por Reig Tapia) en los primeros 21 días tras la alzamiento, y entre los que se encuentran personas de las que ha quedado constatado su detención previa o que figuran como “paseados” en otras fuentes de información (con la advertencia de que los boletines demográficos de los que hablamos se refieren exclusivamente a la capital, y a los casos en los que el cadáver será enterrado en el cementerio municipal). La relación de víctimas se interrumpe durante buena parte del mes de agosto: sólo a finales de dicho mes volemos a encontrar casos similares (cuatro entre el día 27 y el 29), mientras que el septiembre consta más de una docena de casos en las mismas circunstancias.

En todo caso, lo que sí podemos afirmar es quela represión afectó de forma muy desigual a los distintos municipios de Valladolid. En muchas ocasiones existían "cuentas pendientes" que saldar, como indicamos en el primer capítulo. Por ejemplo, el anterior enfrentamiento entre falangistas y presos de partidos y sindicatos afines al Frente Popular se reproducirá, a escala sangrienta, en las calles: serán numerosos los “paseados” por tal motivo. Localidades como Nava del Rey, Cigales y Olmedo, serán algunas de las que soporten de manera más sangrante la violencia de losescuadrones del bando nacionalista (fundamentalmente falangistas).

Para Olmedo, existe una relación efectuada por un vecino de dicha localidad localidad (Pío Baruque Almendro[xxxix], perteneciente a una de las familias de la localidad que más de cerca debieron sufrir el siniestro acoso de sus convecinos),en la quese indica que fueron 82 las víctimas de la represión directa en la localidad (aparte de los fusilados en Valladolid tras un Consejo de Guerra), si bien cita sólo (siquiera con referencias incompletas) los nombresde las 33 personas que hemos citado, además de " un muchacho que no era antes de esta [localidad]", del que indica: "le hicieron poner una corbata roja y se la quemaron puesta, dejando por las noches las puertas abiertas [,] y cuando el se fugó jugaron a darle caza matando les cerca del cementerio." De Manuela Pérez indica (en alusión al motivo por el que fue fusilada): “bordó la bandera republicana”.En todo caso, las cifra relatadas y el relato de alguna de las circunstancias ocurridas son suficientes para dar idea de la magnitud de la violencia desatada, especialmente en los primeros momentos tras el alzamiento[xl]; y, por otro lado, corregirían al alza las cifras indicadas por Reig Tapia (habla de 29 muertes de “paseados”)

En general existió una relación directa entre el grado de oposición al alzamiento que las distintas localidades presentaron y el número de víctimas ocurridas tras los entonces denominados “paseos”. En Nava del Rey, donde se había causado muerte del tenienteJesús Gutiérrez y del falangista Zósimo Rodríguez Pinoel día 19 de julio, y la de Daniel Pajares Colodrón el día 24, se produjeron según el testimonio de Carlos González Maestro, 96 fusilamientos al margen del ejército (cifra prácticamente coincidente con la propuesta por Reig Tapia, “más de cien”), protagonizados principalmente por las patrullas falangistas (además de 12 fusilamientos tras consejo de guerra). En este caso, el informante dejó señalados los nombres de las víctimas.

Para la zona de Peñafiel el mismo informante estima un total de unas 300 víctimas (sin citar señas personales concretas). En todo caso, al margen del número concreto de fusilamientos, todos los testimonios consultados coinciden en que se trató de una de las zonas en las que el paroxismo de la represión alcanzó cotas más altas. El descubrimiento de armas en el Ayuntamiento, así como de una supuesta lista negra de las personas del bando nacionalista que era preciso ejecutar, encrespará los ánimos de forma fulgurante, produciéndose en la localidady alrededores matanzas de gran cuantía. En la zona del Henar hasta Cuéllar se producirán numerosos episodios de fusilamientos tras el alzamiento. Se cita como ejemplo la llamada finca del “Alambrao”, donde un centenar de trabajadores habrían sido ejecutados.

Según esta misma fuente informante, en Alaejos habrían muerto más de 50 personas bajo las balas de las patrullas de las milicias nacionalista, mientras que en Mayorga de Campos fueron asesinados 24 vecinos (entre ellos el alcalde y sus dos hijos).Una cifra similar se señala para Ureña: 19 hombres y 6 mujeres (entre ellos varios familiares del alcalde Olivio Ramos); mientras que en Ceinos de Campos morirán 14 vecinos y dos de Villalón fusilado en dicha localidad.

Apunta dicha fuente los nombres de 18 “paseados” en Tudela de Duero (además de un vecino de dicho municipio ajusticiado en Aldeamayor de San Martín[xli]), así como el de algunos de los más de 50 que lo fueron (según su opinión) en Laguna de Duero.

En Zaratán el día 8 de agosto del 36 se producirán 8 fusilamientos, el 23 de diciembre del mismo año otros 8, mientras en marzo de 1937 morirán tres personas más.

En Villavaquerín se fusilará a 4 personas (entre las que se encuentra Hipólito de la Torre), y dos en Langayo y Molpeceres (nombrados como Dalmacio y Tapia), además de tres personas de Cogeces en un camino de Langayo. En la zona de Alaejos morirán por la misma causa cuatro personas (dos hombres y dos mujeres). Por último, en Sieteiglesias de Trabanco serán asesinado el matrimonio de maestros.

En la localidad de Mucientes, según apunta Carlos Duque Herreros, 14 vecinos serán “paseados”[xlii]. Mucientes había presentado durante dos días gran resistencia a ser tomada por las fuerza nacionalistas (hasta que, llegadas noticias de la situación irreversible para la suerte del frentepopulismo en la capital, cese la oposición) Por otra parte, tres de los “paseados” que hemos citado formaban parte del Ayuntamiento elegido en febrero de 1936 (Baldomero Redondo, su presidente, Gil Bastardo y Florencio Bastardo). En la localidad existía una gran tensión previa entre, por una lado, los propietarios y agricultores afilados al Sindicato de San Isidro Labrador (fundado en 1919), sindicato agrícola católico, apoyado durante la dictadura de Primo de Rivera; por otro, la “Sociedad Profesional de Obreros Agricultores” (sección de la U.G.T, con sede en la calle Salinas 11, y con casi medio centenar de afiliados; presidida por el citado Gil Bastardo). Como señala Carlos Duque Herreros, “en algunos documentos se menciona el socialismo y el miedo que éste inspira a los propietarios labradores.”[xliii] Temor y enfrentamientos que sin duda se extremarán cuando la corporación presidida por Narciso Sarabia Escudero (y de la que también forma parte el luego represaliado Baldomero Redondo Mintegui) solicite el 7 de junio de 1931, “basado en las recientes disposiciones dictadas por el gobierno provisional dela República... que incoe el expediente para conseguir la restitución de la finca `monte de torozos´”[xliv], propiedad de siniestro papel en los “paseos” de la comarca.

En Quintanilla de Abajo (hoy “de Onésimo”, por decisión de la autoridades franquistas formulada por decreto[xlv]), y tras una resistencia notable a la ocupación nacionalista, como hemos descrito, cuatro de los cinco concejales, incluido el Alcalde, serán apresados, siendo posteriormente ejecutados, como señala Antonio Castrillo Villamañán. Pero, a diferencia de lo que señala el última acta del libro de Sesiones del Ayuntamiento durante el período republicano, los representantes electos no serán “encarcelados y conducidos a Valladolid”[xlvi], sino “paseados”: al menos, el Alcalde, Bernardino Castrillo Sordo, no consta en la relación de ejecutados tras consejo de guerra, lo que refrenda esa afirmación.

De Íscar también existen algunos testimonios indirectos que revelan un clima de matanzas poco selectivas. Afirma Isaías Paredes:

Cuando estalló la guerra el 18 de julio de 1936 y yo dejé de pertenecer a Falange me fui a prestar servicios auxiliares al partido de Renovación Española. A los pocos días del Alzamiento, un amigo mío que también prestaba servicios auxiliares como yo y que se llamaba Alfonso Santiago, era de Íscar y vivía en Valladolid [sic] Los dos nos fuimos a Íscar con un coche y otro amigo que era el dueño del coche para traernos a Don Agustín Muñoz [secretario del Ayuntamiento de Íscar], le llevamos al Gobierno Civil ya que allí estaría a salvo de lo que pudiera sucederle dadas las circunstancias y los hechos tan tremendos que diariamente sucedían a manos de desalmados, así ya no corría ningún peligro. Estuvo algún tiempo detenido [...]”[xlvii]

En Cigales, donde también se habían producido enfrentamientos de considerable intensidad (debiendo formarse una expedición de falangistas vallisoletanos para proceder a su ocupación, y tras la muerte de un guardia civil y del falangista Adolfo Vallejo Mate, también se producirá una represión sumamente cruenta según los diversos testimonios, peroque no podemos cuantificar: sirva al menos como testimonio singular la cita anterior, que refleja la muerte de Salvador Hernández y Pascasio Velasco[xlviii].

En la capital de Valladolid se producirá un elevado número de fusilamientos. Ya desde los inicios del alzamiento las Cocheras, situadas detrás del que sería luego Hospital Militar, comenzarán a recibir un incesante flujo de detenidos por las patrullas de adeptos al bando nacionalista. De forma inmediata y hasta que, como hemos relatado, Cabanilles ordenó a Girón taxativamente el cese de la masacre, comenzarán los fusilamientos, en uno de los cuales moriría asesinada la directora de las escuelas anexas a la Normal de Maestras, conocida como Dª Aurelia. Es frecuente, como relatan los distintos testigos consultados, ver en los días finales de julio del 36 camionetas rebosantes de cadáveres de fusilados, camino de las fosas comunes. Por otra parte, podemos dar por comprobado que muchos de los "paseados” han sido previamente detenidos, por lo que queda demostrado que el procedimiento empleado al respecto no fue sólo una acción incontrolada de las patrullas del amanecer, sino que existió connivencia por parte de los funcionarios de prisiones y las personas encargadas de la custodia de las cocheras. Por ejemplo, Julio Getino Osaca figura en la primera relación de detenidos publicada por la prensa[xlix], siendo encarcelado junto a personas como Apolinar Polanco Criado. Mientras Getino será “paseado”, Apolinar Polanco será ejecutado tras Consejo de Guerra en agosto de 1936.[l]. Tomás Alonso será detenido en agosto de 1936, siendo otro de los que figuran en la lista de “paseados”. Modesto Martín, como hemos indicado en este capítulo, será detenido el 16 de octubre de 1936, figurando también en la relación de fusilados extrajudiciales. Carlos González Maestro ofrece un listado prolijo de los fusilados en Valladolid, del que, eliminado a las personas que fueron sometidas previamente a Consejo de Guerra, deducimos la existencia de un total de 125 muertes extrajudiciales. Es evidente, dada también la naturaleza privada y poco sistemática de la fuente, que no necesariamente la relación agota el total de los fusilados, sino que se trata de una cita de los muertos en el bando republicano de los que el informante tiene noticia. De cualquier forma, hemos visto con anterioridad que las propias informaciones de los boletines demográficos nos alertaban de probables“paseados” en una cuantía elevada: 58 casos en los primeros 22 días, cifra que, proyectada al conjunto de la guerra civil, no resulta ni mucho menos incompatible con la que hemos extraído de la relación anterior.

Prestemos mayor o menor credibilidad a algunas de las cifras que acabamos de citar respecto a las que no existe relación nominal de “paseados”, lo que parece fuera de toda duda es la tremenda magnitud de la represión ejercida fuera de todo marco jurídico o institucional.

 

FUSILAMIENTOS EXTRAJUDICIALES REALIZADOS EN ALGUNAS LOCALIDADES DE LA PROVINCIA

 

LOCALIDAD

AUTOR

CIFRA

OBSERVACIONES

VALLADOLID

- A. Reig Tapia

 

 

- C. González Maestro

- Más de 60

 

- 126

- Referidos a los primeros meses tras el alzamiento. Da lista nominal.

- Indica nombres de 101 y datos diversos de los restantes. Hemos descontado de su relaciónlos fusilados tras consejo de guerra.

Nava del Rey

- A. Reig Tapia

-  

- Carlos González Maestro

- Más de 100

- 96

- No indica lista nominal

 

- Da lista nominal

TORDESILLAS

- A. Reig Tapia

-10

- No indica lista nominal

OLMEDO

- A. Reig Tapia

- Pío Baruque Almendro

- 29

- 34/82

- No indica lista nominal

- Indica 34 nombres, indica un total de 82

CIGALES

- Documentación oficial

- 2

- Número mínimo, referido a una circunstancia concreta.

TIEDRA

- A. Reig Tapia

- 17

- No indica lista nominal

VILLANUBLA

- A. Reig Tapia

- 20

- No indica lista nominal

MOJADOS

- A. Reig Tapia

- 29

 - No indica lista nominal

PEÑAFIEL

- Carlos González Maestro

-Unos 300

- No indica lista nominal, y se refiere a la “zona de Peñafiel”

MUCIENTES

- Carlos Duque Herreros

-14

- Indica lista nominal

ALAEJOS

- Carlos González Maestro

-50

- No indica lista nominal

MAYORGA

- Carlos González Maestro

-24

- Sólo cita algunos nombres

UREÑA

- Carlos González Maestro

-25

- Sólo cita algunos nombres

CEINOS DE CAMPOS

- Carlos González Maestro

-16

- Sólo cita algunos nombres

LAGUNA DE DUERO

- Carlos González Maestro

- Más de 50

- No indica lista nominal

ZARATÁN

- Carlos González Maestro

-19

- Indica fechas de los fusilamientos

VILLABAQUE-RÍN

- Carlos González Maestro

-4

- Cita un nombre

LANGAYO

- Carlos González Maestro

-5

- Indica lista nominal

ALAEJOS

- Carlos González Maestro

-4

- Indica sexo de los fusilados

SIETEIGLESIAS DE TRABANCO

- Carlos González Maestro

-2

- Indica su condición laboral

QUINTANILLA DE ABAJO

- Estimación propia, segúnlibro de A. Castrillo Villamañán

-4

- Conocemos un nombre y el cargo político de los restantes.

TUDELA DE DUERO

- Carlos González Maestro

- 19

- Sólo cita algunos nombres

TOTAL PROVINCIA

- Estimación propia, corrigiendo los datos del Censo de población.

- H. Thomas

 

 

-Suma de las cifras indicadas por los citados autores (tomando los valores máximos)

- 914

 

 

 

-9.000

 

 

- MÁXIMO: 922

 

- Cantidad mínima de asesinados.

 

 

 

- Cifra citada por Bernard Maley. No distingue tipo de causa de muerte (judiciales/extrajudiciales)

- En las cantidades que se indica “más de...”,hemos tomado el número citado.

 

Fte.: Elaboración propia.

 

Es evidente que el cómputo que hemos realizado no coincide con el del total de las localidades vallisoletanas en las que se efectuaron fusilamientos, sino que se trata de la suma de aquellas en las que existen datos, por lo que en ningún momento pretendemos dar por zanjada la cuestión, ni plantear la anterior tabla como un estudio sistemático. Además, el grado de precisión de las fuentes es, como vemos, sumamente variable: desde completos listados de nombres a cifras puramente estimativas, que no admiten ningún cotejo.  Sólo la labor de investigación, el trabajo de campo realizado localidad por localidad, podría confrontarnos una cifra más ajustada a la realidad. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid, por ejemplo, ha exhumado ya los cadáveres de 9 “paseados” en Valdestillas. Rueda, Peñafiel, Cigales y otras muchas localidades pronto completarán el mapa siniestro de la represión en la provincia de Valladolid.




[i] Estimación propia a partir de datos extraídos de El Norte de Castilla y Archivo del Ayuntamiento, Comunicaciones de la Delegación del Gobierno, Secretaría Militar. Ambas fuentes son casi totalmente coincidentes en el número de fusilados judiciales. El número de fusilados por meses fue el siguiente: julio 1936: 1; agosto: 35; septiembre: 66; octubre: 78; diciembre: 61; enero de 1937: 36; febrero: 17; marzo: 33; abril: 19; mayo: 27; junio: 1; julio: 5; octubre: 3; febrero de 1938: 2; marzo: 2; mayo: 1; junio: 2; octubre: 1; marzo de 1939: 3.

 

 

[ii]El Norte de Castilla, viernes 16 de abril de 1937, p. 3.

[iii]O.c., vol. IV, p. 39.

[iv]Diario Regional, domingo 18 de julio de 1937, p. 11ª

 [v]H. Thomas, o.c., vol. IV, p. 95.

    [vi]O.c., vol. IV, p. 90. La denominación "patrulla del amanecer" también tiene su equivalente (igualmente mitificado con el paso del tiempo) en el bando republicano se denomina "brigada del amanecer" a los grupos milicianos que proceden de similar forma. Cfr. "La brigada del amanecer". Crímenes, proceso y muerte de García Atadell. S.a., s.e., s.f. Ejemplar conservado en Biblioteca de Castilla y León de Valladolid.

[vii] Guillermo Cabanellas, La guerra de los mil días. Nacimiento, vida y muerte de la II República Española. Buenos Aires, Editorial Helialista S.R.L., segunda edición, vol. II,p. 857.

    [viii]O.c., p. 109.

    [ix]Nos referimos a José Antonio Martín Fernández de Velasco (dado que Dionisio G. Negueruela se casó en segundas nupcias con Concepción Fernández de Velasco)

[x] Guillermo Cabanellas, La Guerra de los mil días..., o.c., vol. II, p. 848.

[xi] Cfr. Guillermo Cabanellas, La Guerra de los Mil Días: Nacimiento, vida y muerte de la II República española, Barcelona, Buenos Aires, México D.F., 1973, vol. I, p. 587.

[xii] Entre los escasos artículos que abordan la cuestión, debe citar el de Emilio Lahera, “Valladolid, 1936. Madrugadas de sangre”, en Interviú, 1978 (extra de Navidad), pp. 94-96.

[xiii] "Artículo 86. Cuando la muerte hubiere sido violenta, hubiere ocurrido en cárcel, establecimiento penal, por efecto de ejecución capital, no se hará mención en la partida correspondiente del Registro civil de ninguna de estas circunstancias."

[xiv] Alberto Roig Tapia: Ideología e historia. Sobre la represión franquista y la guerra civil. Akal, Madrid, 1984, p. 30.

[xv] Alcaldía de Valladolid, 22 de julio de 1936. Archivo del Ayuntamiento, s.c.

[xvi] Alcaldía de Valladolid, 24 de julio de 1936. Dirigido al “Sr. Conserje del Cementerio Municipal.” Archivo del Ayuntamiento, s.c.

[xvii] Gobierno Civil de la provincia de Valladolid. Valladolid, 27 de julio de 1936. El Gobernador Civil. P.O. El Capitán de Estado Mayor, Rufino Beltrán. Dirigido al “Sr. Encargado del depósito de Cadáveres del Cementerio.” Una nota manuscrita aclara en el mismo documento: “Son seis cadáveres”. Archivo del Ayuntamiento, s.c.

[xviii] Entrevista cit.

[xix] En una propiedad particular del Monte de Torozos, el guarda (cuyas iniciales responden a S.R., según testimonio de Rodriguez Ojeado) era el encargado de completar la labor de los pelotones de fusilamiento, mediante un tiro de gracia y el enterramiento de los cadáveres. Segúndicho informante, esta persona acabara enloqueciendo, sufriendo episodio de tipo paranoico.

[xx] Guillermo Cabanellas, La guerra de los mil días. Nacimiento, vida y muerte de la II República Española. Buenos Aires, Editorial Helialista S.R.L., segunda edición, vol. II,p. 857.

[xxi] Cfr. Daniel Sueiro y Bernardo Díaz Nosty, o.c., I, p. 122.

[xxii] El Norte de Castilla, martes 21 de julio de 1936, p. 4.

[xxiii] Ramón Salas Larrazábal: Pérdidas de la guerra. Editorial Planeta, Barcelona, 1977 (1ª ed.)

[xxiv] Íb., p. 275

[xxv] Íb., p. 371.

[xxvi] Íb., p. 274.

[xxvii] José Manuel Sabín, o.c., pp. 240-241.

[xxviii] H. Thomas, o.c.

[xxix] Cfr. Gillermo Cabanelles, La Guerra Civil..., o.c., p. 359. Afirma Cabanelles: “Sería construir en el vacío dar una cifra, siquiera aproximada, de los asesinatos en la Zona nacional durante la Guerra Civil y terminada ésta. La represión fue, en algunas capitales, durísima. Córdoba, Sevilla, Valladolid y Zamora destacan por la crueldad con que se procedió. Los ejecutados, cumpliendo sentencias dictadas por Consejos de Guerra, fueron muy numerosos, mucho mayor que el número de “paseados”.” Íb., p. 359. Como hemos podido comprobar, en el caso de Valladolid el número de paseados es muy superior al de condenados tras Consejo de Guerra.

[xxx] En realidad el boletín demográfico continuará hasta entrado septiembre; pero sí es cieto que el tipo de sucesos a los que se refiere Reig Tapia va a desaparecer de las páginas del referido periódico.

[xxxi] Reig Tapia, A.: “Consideraciones metodológicas para el estudio de la represión franquista en la guerra civil”, en Sistema 33 (1979), pp. 114-ss.

[xxxii] El Norte de Castilla, sábado 25 de julio de 1936, p. 2

[xxxiii] El Norte de Castilla, 24 de julio de 1936, p. 2.

[xxxiv] El Norte de Castilla, martes 28 de julio de 1936, p. 2.

[xxxv] El Norte de Castilla, sábado 8 de agosto de 1936, p. 2.

[xxxvi]Archivo familiar. Se trata de una relación manuscrita.

[xxxvii] El Norte de Castilla, miércoles 5 de agosto de 1936, p. 2

[xxxviii] Es el caso de Valentín y Ángela Olmedo, de 24 y 28 años, anunciado el 6 de agosto del 36 en El Norte de Castilla, p. 2.

[xxxix] Archivo particular de la familia.

[xl]Este el sentido que debe otorgarse a la afirmación, ya citada, de Eusebio R. García Murillo: "Olmedo quedó desde el primer momento en la zona denominada nacional. Como en otros municipios contendientes hubo al principio bajas incontroladas.” Eusebio-Raimundo García-Murillo Basas, Historia de Olmedo (La ciudad del Caballero). Ayuntamiento de Olmedo, Olmedo, 1986, p. 337. Como ya hemos indicado, en Olmedo se producirá un enfrentamiento de cierta consideración en los momentos posteriores al alzamiento, muriendo en el mismo como primera víctima de los falangistas Marcos Salgueiro.

[xli] Según Guillermo Rodríguez Ojeado, entre ellos se encontraría el propio alcalde de Tudela de Duero, cuyo nombre era Guillermo.

[xlii] “Catorce muceteños fueron fusilados: David Garzón, Agustín Redondo, Florencio Bastardo, Carlos Santillana, [el] hijo de Marcos Bastardo, Baldomero Redondo, Pedro Castaño, Valeriano Castaño, Isidro Duque, Juan Alcalde, Feliciano y Tomás Robles, Julio Alhama y Gil Bastardo. Al menos veinticuatro vecinos sufrieron prisión y fueron torturados." Carlos Duque Herreros: Mucientes: Historia y Arte.Mucientes, Grupo Página, S.L., 1997, p. 149.

[xliii] Íb.

[xliv] Cfr. íb.

[xlv] Al respecto, cfr. Antonio Castrillo Villamañán, o.c., pp. 147-ss.

[xlvi] Íb, p. 175.

[xlvii] Isaías Paredes, o.c., p. 159.

[xlviii] Según el testimonio de Guillermo Rodríguez Ojeado, será crucial la intervención del párroco local (con alguno de los cuales había mantenido contactos amistosos previos al alzamiento, a raíz de ser ayudado por uno de los principales líderes de la Casa del Pueblo –apodado “El Comunista”- tras sufrir una caída), que evitará la ejecución de los condenados a pena de muerte durante bastante tiempo, hasta que el propio párroco fallezca.

[xlix] El Norte de Castilla, martes 22 de julio de 1936, p. 4.

[l] Ver El Norte de Castilla, martes 26 de agosto de 1936, p. 5.

 

 

 

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