grandes males, grandes remedios. En
EEUU y en varios centros de Europa, incluyendo
nuestro país las autoridades han invertido en
planes disuasorios. Vigilantes jurados que
asisten al profesorado y alumnado atacado. En los
casos más extremos instalación de detectores de
metales. Medidas disciplinarias como cambios de
centro, expulsiones temporales y otras.Bajo el epígrafe "Qué se
hace", la revista digital "La mochila
cargada" Gabriela Abihaggle informa:
La mayoría de las
escuelas públicas de Estados Unidos ya han
implementado algún programa de prevención.
Según el National Center for Education
Statistics (Centro Nacional de Estadísticas de
Educación, NCES), el 78 por ciento de las
instituciones públicas tiene algún tipo de plan
formal para prevenir o reducir la violencia
escolar.
Un ejemplo de estos
planes es la Coral Gables High School, en Miami.
"Tenemos un cuerpo
de seguridad posicionado en lugares
estratégicos, policías, revisiones
sistemáticas por áreas para detectar armas,
cámaras de seguridad y credenciales de
identificación", explica Manuel García,
subdirector de la escuela.
Otros programas
establecidos son la política de tolerancia cero
-que obliga a determinados castigos para ofensas
específicas como llevar armas de fuego u otro
tipo a la escuela, beber alcohol, usar drogas o
protagonizar actos de violencia-, la utilización
de uniformes escolares y otras medidas de
seguridad (acceso controlado, uso diario de
detectores de metal, etcétera)."
Desde luego que medidas de
este tipo más parecen de
"autoprotección" o
"autodefensa". No parece el medio más
adecuado para erradicar la violencia de nuestras
aulas. El el mismo artículo y bajo el epígrafe
"La polémica" se duda de la eficacia
de los medios aludidos:
"Sin embargo,
algunos dudan de la eficacia de estos planes y,
en especial, del uso de instrumentos
tecnológicos. Después de todo, dicen, también
pueden fallar.
"Los detectores de metal funcionan, pero no
son la respuesta. No se puede depender de la
tecnología. Muy a menudo los detectores de metal
son dejados de lado precisamente porque detectan
demasiado metal. Además, un estudiante puede
comprar un cuchillo de fibra de vidrio que no es
registrado por la máquina y matar con él",
confirma el profesor Quarles.
Lo mismo opina el 86 por
ciento de los jefes de policía de la Nación.
Para los oficiales, es mucho más importante
desarrollar programas para después de la escuela
y cuidados infantiles educacionales que colocar
detectores de metales y más policías en las
escuelas.
Al menos, así lo
determinó una encuesta encargada por la
organización Fight Crime: Invest in Kids
(Luche contra el crimen: invierta en los niños))
que agrupa a policías, fiscales y víctimas de
actos de violencia. ".
Eso sí, en EEUU no
descartan las medidas legales en ningún momento.
En el siguiente epígrafe del mismo artículo:
"Problema integral, soluciones
integrales" se explicita: ¿Cuál es la
solución para la inseguridad en las escuelas? En
principio, los expertos coinciden en que la
política de tolerancia cero es un buen comienzo
para el corto plazo.
"Creo que si un
niño trae un arma a la escuela (de fuego,
tijeras, cuchillos), debe ser sacado de la
escuela durante al menos un año e ir a la
cárcel o a escuelas alternativas. Sin duda, debe
haber algún tipo de castigo. Los chicos deben
entender que perderán ciertos beneficios si
hacen algo malo en la escuela", razona
Quarles.
Pero, a largo plazo, las
soluciones son diferentes. "La clave es
entrenar a nuestros niños para que aprendan a
manifestar su desacuerdo, discutir o resolver
disputas""
En Madrid y con respecto a
los incidentes en algunos IES que motivaron la
expulsión de alumnos, se dice en el artículo
que recoge la Asociación Redes y proviniente de
diarios en Internet:
"Ante la
proliferación de estos casos, la Dirección
Provincial de Educación ha decidido poner en
marcha «soluciones específicas» por zonas. El
subdirector, Antonio de Paz, señaló ayer que se
van a realizar reuniones con los centros,
públicos y privados, de los distritos para
analizar cada caso: «Son chicos con dificultades
de conducta, y habrá que ver si necesitan
tratamiento psicológico, porque su carácter es
muy problemático. En otros casos, se buscarán
otras soluciones. Además, intentaremos
repartirlos entre institutos públicos y
privados», añadió.
Para De Paz, «la
solución no es el cambio de centro, porque el
chico seguirá actuando igual». No lo ve
así el director del IES San Blas: «Por lo
menos, sabrá que ha hecho algo que merece un
castigo. Y, desde luego, la profesora agredida no
quiere volver a tener en clase a quien la
pegó».
En el Pacto Escolar que
los sindicatos quieren firmar con la Consejería
de Educación, en 1999, ya se recoge una partida
de 10.000 millones de pesetas destinados a un
Plan Regional de Compensación de las
Desigualdades. «Lo que ahora ocurre no es fruto
de la casualidad. También en algunos pueblos de
la región hay profesores que dicen tener
salvajes en clase. De San Blas se han ido los
chabolistas, pero quedan sus hijos. Esto es un
problema social grave y hay que hacer algo»,
asegura el director José Luis Díez. "
Es indudable que los actos
violentos no pueden quedar impunesy que deben
tener siempre una respuesta adecuada, pero las
opiniones generalizadas son las que se basan en
el análisis de las causas y el diseño de planes
específicos y generales en los centros docentes.
Sin embargo hay que tener en cuenta que los
docentes se cargan con un peso que puede ser en
criterio de algunos excesivo. La escuela forma,
la familia educa. En cualquier caso, todos están
de acuerdo en que los distintos agentes deben
actuar coordinados.
Guillermo Covarrubias
describe actuaciones en Chile:
"1.- La familia está
primero. La principal respuesta a la
violencia escolar esta en los padres. Es evidente
que los adultos no estamos enseñando a nuestros
niños y jóvenes a resolver sus conflictos
pacíficamente. La violencia que entra en las
salas de clases generalmente tiene sus raíces en
las casas. Es cosa de ver algunas reveladores
aunque escalofriantes cifras:
Uno de cada cuatro
hogares sufre de la violencia intrafamiliar.
Casi un 70% de los
niños reconocen haber sido objeto de maltrato
por parte de sus padres o familiares más
cercanos.
Por ello uno de los
objetivos sería crear una nueva relación más
cercana entre el entorno escolar con esas
familias.
Esta nueva relación
entre padres y establecimiento es uno de los ejes
del nuevo curriculum.
2- Se trabaja
en un nuevo curriculum que integra al
alumno y se adapta al mundo en que vive. El qué
aprenden y el cómo aprenden nuestros niños
tiene efecto sobre el conocimiento y los valores,
base de la convivencia. Al sentir los alumnos que
lo que aprende les es útil en su vida diaria, al
poder ellos mismos tomar las riendas de su
aprendizaje y no ser sujetos pasivos de largas
lecciones que consideran inútiles, mucho de los
motivos de resistencia contra la autoridad
escolar disminuirán. Una educación pertinente a
los desafíos de hoy con profesores formados para
estos desafíos le devuelve a la escuela su rol
formador. En ese nuevo currículum son los
propios alumnos los que adquieren conciencia de
la importancia del aprendizaje.
3. - Se
promueve la apertura de más espacios de
expresión de la cultura juvenil y
ocupación del tiempo libre. Los colegios
abiertos, en horario extraescolar a numerosas
actividades culturales, deportivas, de servicio a
la comunidad, se convierten en punto de encuentro
entre adultos y jóvenes y en alternativas a las
calles y sus tentaciones. La comunidad escolar
toma conciencia de su rol y es capaz de dar
soluciones a sus problemas.
4.- Se
privilegia la mediación escolar como
forma de resolver los conflictos. Para ellos
deben desarrollarse programas en especial
orientados a la comunidad escolar que contribuyan
a apoyar a los profesores,padres y alumnos a
fortalecer la convivencia interna y la formación
en resolución pacífica de los conflictos.
"
Las recomendaciones que
hace el Defensor del Pueblo en su informe a la
Comisión Mixta Congreso-Senado se basan en el
papel del profesor:
"Los profesores
tienen, generalmente, una mayor percepción del
maltrato entre sus alumnos de lo que suele
pensarse, y afirman claramente que los conflictos
en sus centros han aumentado durante los últimos
tres años Sus respuestas ante todas estas
agresiones se centran tanto en actuaciones
sancionadoras y administrativas, como en acciones
encaminadas a la prevención y la resolución de
conflictos.
Por todo ello, el
Defensor del Pueblo recomienda "la creación
de un Observatorio del maltrato entre iguales, o
una institución similar de ámbito estatal, que
sirva de lugar de encuentro para experiencias
comunes, de intercambio de iniciativas y de
difusión de estudios". Y propone la
vinculación de las políticas educativas con las
sociales para atender causas de violencia ajenas
al centro, la formación permanente del
profesorado a todos los niveles; la dotación a
los centros de especialistas, orientadores y
trabajadores sociales; el fomento de la
colaboración de las familias en los colegios; y
garantizar la vigilancia de sus espacios e
instalaciones."
Por su rigor , quiero
cerrar el apartado y trabajo reproduciendo una
opinión del profesor Moreno Olmedilla a pesar de
ser extenso el texto. El epígrafe se titula
"La respuesta educativa al comportamiento
antisocial en los centros escolares"
"En el debate
acerca de la violencia y el comportamiento
antisocial en las escuelas subyacen cuestiones y
retos de gran alcance y con profundas
implicaciones para nuestra sociedad. En
definitiva, lo que «nos estamos jugando» aquí
es si la escuela puede continuar siendo un
instrumento de cohesión social y de integración
democrática de los ciudadanos. Después de
décadas de fortísima expansión y
democratización educativas, mantener y afianzar
el carácter «inclusivo» de nuestros centros de
enseñanza parece ser un gran desafío. Así, las
medidas de atención a la diversidad, el
aprendizaje de la convivencia, la educación en
actitudes y valores, se muestran como prioridades
irrenunciables para la educación
institucionalizada. El carácter no estrictamente
académico de dichas prioridades choca, a veces
incluso con dureza, con ciertas culturas
profesionales dentro de la actividad docente, y
aún mucho más con ciertas posiciones
ideológicas en política educativa y curricular;
y esto es así sobre todo en el ámbito de la
educación secundaria, el tramo del sistema
educativo donde siempre se concentran los grandes
debates de fondo sobre la educación. El riesgo
de fragmentación social y cultural, y de
deterioro de la escuela pública que tales
posiciones sin duda implican, hacen aún más
urgente la toma de conciencia de los docentes
acerca del auténtico alcance de los temas y
problemas que venimos tratando.
Podríamos diferenciar
entre dos grandes tipos de respuesta educativa
ante el comportamiento antisocial en las
escuelas. Tendríamos, por un lado, lo que
llamamos respuesta global a los problemas de
comportamiento antisocial (que técnicamente
podría considerarse como prevención primaria)
(Moreno y Torrego, 1996). Se trata de una
respuesta global por cuanto toma como punto de
partida la necesidad de que la convivencia
(relaciones interpersonales, aprendizaje de la
convivencia) se convierta y se aborde como una
«cuestión de centro». Así, el centro escolar
debe analizar las cuestiones relacionadas con la
convivencia y sus conflictos reales o
potenciales en el contexto del currículo
escolar y de todas las decisiones directa o
indirectamente relacionadas con él. Esta
respuesta global asume, por tanto, que la
cuestión de la convivencia va más allá de la
resolución de problemas concretos o de
conflictos esporádicos por parte de las personas
directamente implicadas en ellos; al contrario,
el aprendizaje de la convivencia, el desarrollo
de relaciones interpersonales de colaboración,
la práctica de los «hábitos democráticos»
fundamentales, se colocan en el centro del
currículo escolar y de la estructura
organizativa del centro. A su vez, los conflictos
de convivencia o, más en general, los retos
cotidianos de la vida dentro de la institución,
afectarían a todas las personas de la comunidad
escolar y no sólo a los directamente
involucrados, por lo que también se
esperaría de todos una implicación activa en su
prevención y tratamiento.
Por otro lado,
tendríamos una respuesta más «especializada»,
esto es, consistente en programas específicos
destinados a hacer frente a aspectos determinados
del problema de comportamiento antisocial o a
manifestaciones más concretas del mismo, que
técnicamente denominaríamos prevención
secundaria y terciaria (Trianes y Muñoz, 1997;
Díaz-Aguado, 1992; Díaz-Aguado y Royo, 1995;
Gargallo y García, 1996; Pérez, 1996). Se trata
de programas más o menos ambiciosos,
desarrollados por expertos, y que se vienen
aplicando en centros educativos españoles desde
hace años".
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