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Es decir, el centro
educativo o si se prefiere la organización
escolar también es un factor más a la hora de
influir en actos de violencia escolar junto a los
factores ambientales y familiares. El profesor
Moreno Olmedillo a este respecto escribe en su
artículo de la Revista Iberoamericana de
Educación, Ciencia, Tecnología y Sociedad ante
la Educación: " Desde un punto de vista
teórico (Ortega, 1995, 1996 y 1997), las
variables que influyen sobre el comportamiento
antisocial en las escuelas deben buscarse en tres
dimensiones diferentes: Evolutiva, esto es, el
proceso de desarrollo sociomoral y emocional en
relación con el tipo de relaciones que los
estudiantes establecen con sus iguales;
psicosocial, que implica las relaciones
interpersonales, la dinámica socioafectiva de
las comunidades y los grupos dentro de los que
viven los alumnos, las complejidades propias del
proceso de socialización de los niños y los
jóvenes; y, por último, la dimensión
educativa, que incluye la configuración de los
escenarios y las actividades en que tienen lugar
las relaciones entre iguales, el efecto que sobre
dichas relaciones tienen los distintos estilos de
enseñanza, los modelos de disciplina escolar,
los sistemas de comunicación en el centro y en
el aula, el uso del poder y el clima
socioafectivo en que se desarrolla la vida
escolar. Desde el punto de vista del profesorado
y de los centros de enseñanza, esta dimensión
educativa tiene una importancia crítica; resulta
fundamental poder ser capaces de identificar qué
aspectos de la vida del aula y de la escuela
tienen una incidencia en la configuración de las
relaciones interpersonales de nuestros alumnos,
en los modelos y patrones de convivencia, y, en
definitiva, en la posible prevención del
comportamiento antisocial. En otras palabras,
aunque sabemos que el comportamiento antisocial
en los centros puede estar muy determinado por
variables sociales y familiares ajenas a la
escuela, también existen variables internas al
propio centro educativo que parecen estar
positivamente relacionadas con la mayor o menor
ocurrencia o aparición de fenómenos de
comportamiento antisocial. Y parece claro que es
sobre estas variables estrictamente escolares
donde el profesorado tiene y puede
hacer el mayor esfuerzo de prevención.
Así, considerando los
resultados de investigaciones empíricas
realizadas en otros países (Mooij, 1997; Funk,
1997), estamos en condiciones de afirmar que
existe una relación contrastada entre el
currículo escolar, los métodos de enseñanza,
los sistemas de evaluación del rendimiento del
alumnado, y el agrupamiento de los alumnos o la
mayor o menor probabilidad de ocurrencia de
fenómenos de comportamiento antisocial en un
aula y en un centro. En este sentido, existen
diferencias significativas entre aulas y entre
centros escolares en función de variables como
las citadas, a las que podríamos denominar en
general organizativas y curriculares. Por
ejemplo, Mooij (1997) encuentra que una variable
tan concreta como el porcentaje de tiempo lectivo
que el profesor dedica en el aula a procesos de
grupo y relaciones interpersonales está
relacionada con la disminución de los
comportamientos disruptivos y de maltrato entre
iguales; lo mismo parece ocurrir con el
porcentaje de tiempo lectivo dedicado a
cuestiones de normas, orden y disciplina.
En el mismo trabajo se
indica: En el conjunto de estos procesos(se
refiere ahora a los procesos externos al centro),
la violencia que surge en nuestros centros de
enseñanza se explicaría por el hecho de que
tales centros estarían reproduciendo el sistema
de normas y valores de la comunidad en la que
están insertos y de la sociedad en general. Los
estudiantes, por tanto, estarían siendo
socializados en «anti-valores» tales como la
injusticia, el desamor, la insolidaridad, el
rechazo a los débiles y a los pobres, el
maltrato físico y psíquico y, en resumen, en un
modelo de relaciones interpersonales basado en el
desprecio y la intolerancia hacia las diferencias
personales en particular y hacia la diversidad
étnica en general.
En conclusión, la
investigación parece distinguir entre tres tipos
de variables (o conjuntos de variables) para
explicar el comportamiento antisocial en los
centros escolares: variables individuales
relacionadas con la personalidad, el sexo y
las percepciones y expectativas del
alumnado; variables del centro y del aula
internas a la institución y relacionadas
con los fenómenos violentos más
«específicos» de la escuela; y las
variables sociales o ambientales que pasan
por la influencia de la familia, el grupo de
iguales, la comunidad inmediata, los medios de
comunicación y la sociedad en general. La
interacción entre los tres tipos de variables,
esto es, los rasgos de personalidad con ciertas
variables del ambiente social y en un determinado
contexto organizativo y curricular, es la que al
final nos permite aproximarnos a una primera
explicación satisfactoria del comportamiento
antisocial en las escuelas.
Termino la selección para
este apartado puesto que la guía del trabajo
exige una extensión limitada, con este texto
seleccionado del artículo de Guillermo
Covarrubias Guerrero, docente de Matemáticas,
Física, Estadística e Informática educativa en
Santiago de Chile, en la revista digital de
Educación y Nuevas Tecnologías "Contexto
Educativo": "Por más alto que sean
sus muros, la violencia de nuestras calles, de
nuestras casas, de nuestros diarios y
televisores, termina por traspasar los patios y
las salas de clases de nuestros colegios. Esta
agresividad latente no es ni nueva, ni aislada,
sino que es parte de la estructura de nuestra
convivencia social.
Por décadas ha afectado
a sistemas educacionales tan antiguos y complejos
como los de Francia y Estados Unidos.
Las experiencias de esos
países y la nuestra, nos enseña que el miedo no
nace en el aula, sino que entra en ella. No
detectarlo a tiempo, no construir desde las
comunidades educativas respuestas convincentes
para todos los miembros de ella, es dejarle al
miedo un espacio que no dudará en tomarse.
Para comprender la
amplitud del fenómeno y no dar aisladas
respuestas que terminan por contradecirse, hay
que entender que en cada una de las escuelas
conviven profesores, alumnos, padres y apoderados
La escuela es lugar
de comunicación de experiencias donde la
sociedad puede verse a sí misma, como el
individuo puede en su subconsciente comprender lo
que su conciencia apenas puede formular.
Por ello, la primera
respuesta al miedo en el aula es que los miembros
de la comunidad escolar, se unan, discutan,
evalúen, y busquen en conjunto vías de
solución. Se trata de abrir la escuela a todos
quienes actúan en ella."
Esto quizá justificaría
los planes que la mayoría de centros afectados
han diseñado o intentan diseñar con el
asesoramiento de los orientadores del centro y
que inciden en la propia estructura curricular y
organizativa del mismo, como en planes concretos
circunscritos a determinados casos. Lo veremos en
nuestro siguiente apartado en el que se analizan
las posibles soluciones o acciones tendentes a
intentar controlar el problema. Trataré a
continuación de sintetizar al máximo estas
acciones que cuentan con medidas desde el combate
del violento con la fuerza (vigilantes jurados,
controles de armas...) con acciones coordinadas
en los centros docentes y planes de las distintas
administraciones implicadas.
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