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Decididamente todos
apostaríamos porque aquí no llega a ser la
situación tan angustiosa. Las pistolas y armas
blancas no se imponen como en otros lugares. Sin
embargo los medios se hacen eco de casos que
preocupan a la comunidad escolar y despiertan la
"alarma social". Quizás se teme que lo
que se percibe en el exterior pueda llegar algún
día a nuestras comunidades. El viernes 4 de diciembre de 1998 se
publicaba en algunos medios la noticia sobre la
expulsión de 20 alumnos de San Blas, en Madrid
por "conflictivos". La propuesta del
departamento de Educación de la Comunidad había
propuesto ofrecer "tratamiento
psicológico" a los estudiantes que
presentaran problemas de conducta. El artículo
de Rosa M. Tristán afirma categóricamente que
"La conflictividad y la violencia en los
institutos entre los chavales del primer ciclo de
Secundaria, de 12 a 14 años, va en aumento y a
los profesores y directivos de los centros les
resulta ya muy difícil controlar la
situación". En efecto, la afirmación
está motivada en hechos concretos acaecidos en
institutos de Madrid, alguno de los cuales entran
de lleno en el capítulo de "hecho
violento" y no mera indisciplina. La
articulista relata así lo sucedido: "Hace
dos días, en el Instituto de Secundaria San
Blas, un alumno de sólo 13 años la emprendió a
golpes con su profesora en un ataque de violencia
que dejó a la educadora magullada. El detonante
de la agresión fue que la docente le ordenó que
bajara la radio, con la que estaba distrayendo a
toda la clase. Sin mediar palabra, el chaval se
subió a la mesa, la pateó en las piernas y la
dio unas bofetadas, de las que ella intentó
zafarse sin éxito. ". Podría
pensarse en situaciones extremas y puntuales,
pero la expulsión de 20 alumnos especialmente
conflictivos y propuestos para el traslado de
centro, entre los que tres de ellos son de éste
instituto, S. Blas, y la percepción generalizada
entre el profesorado, hace pensar que hay
suficiente base para aceptar la violencia escolar
en este entorno que presenta- en boca de los
docentes- graves carencias socioafectivas. Así
en el mismo artículo se refleja la opinión del
personal docente:" Esta
situación no es casual, según asegura el
profesorado.
En Madrid, hay 13.000
alumnos que reciben educación compensatoria, es
decir, que cuentan con profesores de apoyo y
orientación para suplir los déficits sociales
que arrastran. Sin embargo, según datos de
Comisiones Obreras, la precisarían más de
100.000, a tenor del comportamiento agresivo que
un elevado número de chavales tienen en clase.
El director del IES San
Blas, José Luis Díez, reconocía ayer que de
los 70 alumnos de primer ciclo que tiene
matriculados, con la mitad resulta muy difícil
impartir clase: «Hay ya cuatro expulsados, pero
entre otros muchos todo son insultos, peleas,
faltas de respeto... y los profesores se
desesperan, porque así es imposible enseñar las
materias».
Hasta tal punto, que ha
decidido suprimir las clases normales e iniciar
unas de socialización con los tres profesores
especializados que le ha prometido el Ministerio.
Todos son conscientes de
que el problema es de integración social, de
familias en las que las drogas y el sida han
causado estragos, de marginación. Pero también
lo son de que el 96% de estos casos se concentran
en los institutos públicos, mientras que muy
pocos reciben clase en centros privados
concertados, financiados también con
dinero" público y el 45% del total. «Es
que no los aceptan, aunque la ley les obliga»,
indica el representante de CCOO, Francisco
García. "
Asoma aquí la posible
causalidad, que seguramente, como luego veremos
en el análisis psicosociológico, no será la
única: la marginación social.
De lo que no cabe la menor
duda es de que los docentes se sienten y
manifiestan desbordados por el problema. En
algunos países europeos empieza a ser difícil
encontrar docentes dispuestos a sufrir estas
situaciones tan estresantes. En el IES Celestino
Mutis, de Villaverde Alto los profesores se
llegaron a encerrar como medida de protesta. En
el IES Barrio de Bilbao también lo hicieron. En
el IES S. Blas la agresión de un chaval a otra
profesora el 12 de noviembre fue encargada por
dos de las alumnas, en el más puro estilo
mafioso.
El mismo Defensor del
Pueblo presentaba un informe en el que coincidía
con la versión que reflejaba la prensa. El
estudio se realizó a petición de la Comisión
Mixta Congreso- Senado y recoge los resultados de
una encuesta realizada en colaboración con el
Comité español de UNICEF, con una muestra
constituida por un total de 3.000 alumnos de ESO
o niveles equivalentes, de 300 centros públicos,
privados y concertados de todo el territorio
español, y por sus respectivos jefes de
estudios. El trabajo ha sido dirigido por
profesores del Departamento de Psicología
Evolutiva y de la Educación, de la Facultad de
Psicología de la Universidad Autónoma de
Madrid. La información que publica la Revista
Comunidad Escolar, núm 645 dice textualmente:
" Según sus propias palabras, el
problema de la violencia escolar en España
"no es alarmante si se compara con la que se
registra en la mayoría de los países del
entorno europeo, sobre todo en los tipos de
violencia o maltrato de gravedad. No obstante -ha
advertido- la situación no puede considerarse
buena ni aceptable, porque los abusos entre
iguales están presentes en todos los centros
docentes de Secundaria y son sufridos,
presenciados y ejercidos por elevados porcentajes
de alumnos que, de uno u otro modo, sufrirán sus
consecuencias".
Según los resultados de
este informe, más del 30% de los alumnos
encuestados declaran sufrir agresiones verbales
con cierta frecuencia, mientras que las
agresiones físicas a la persona o a sus
propiedades rondan el 5%, y las amenazas
"sólo para meter miedo" son padecidas
por algo más del 8% de los estudiantes. Las
agresiones más graves, como el chantaje y las
amenazas con armas, se sitúan en torno al 1% y
el acoso sexual, aunque superior, no llega al 2%.
Problema masculino
La mayor incidencia del
maltrato se produce en el primer ciclo de
Secundaria (entre 12 y 14 años), "tendiendo
los escolares de primer curso a ser víctimas y
los de segundo a ser agresores". Dicha
incidencia va descendiendo paulatinamente hasta
el cuarto curso (16 años). También es en el
primer curso de la ESO donde se dan siempre los
porcentajes más altos de maltrato a manos de
alguien de un curso superior. Y puede decirse que
"el maltrato es un fenómeno
fundamentalmente masculino. Los chicos agreden y
sufren mayor número de agresiones que las chicas
con una excepción: la conducta de hablar mal de
otros se da más entre las chicas, ya sea como
víctimas, agresoras o testigos.
Además, el porcentaje
de quienes declaran ser autores de agresiones
verbales, exclusión social y agresiones directas
es sensiblemente superior al de los que reconocen
sufrirlas. La mayoría de los jóvenes se
muestran pasivos cuando presencian una escena de
maltrato y algunos optan, incluso, por animar al
agresor. Sin embargo, principal ayuda para las
víctimas proviene generalmente de sus propios
compañeros y amigos, salvo en casos de acoso
sexual o amenazas con armas, cuando suelen acudir
a los adultos. El aula es el principal escenario
de todo tipo de agresiones, a excepción de las
amenazas con armas que suelen producirse en el
exterior del centro o, en contadas ocasiones, en
los aseos.
El hecho de vivir en una
comunidad autónoma particular no afecta al grado
de incidencia del maltrato entre iguales, ni el
tamaño del hábitat en el que se ubica el
centro. Y tampoco la diferencia entre titularidad
pública y privada, que sólo implica una
diferencia estadísticamente significativa: en
los centros privados hay mayor número de sujetos
que dicen sufrir la maledicencia de otros, y
también es mayor el número de quienes admiten
hablar mal de sus compañeros, ponerles motes e
ignorar a otros.
El papel del profesor
Los profesores tienen,
generalmente, una mayor percepción del maltrato
entre sus alumnos de lo que suele pensarse, y
afirman claramente que los conflictos en sus
centros han aumentado durante los últimos tres
años Sus respuestas ante todas estas agresiones
se centran tanto en actuaciones sancionadoras y
administrativas, como en acciones encaminadas a
la prevención y la resolución de conflictos.
Como indiqué en mi
introducción, la violencia escolar ha sido
tomada como tema estrella en los medios de
comunicación. Así, estos mismos hechos que
acabo de transcribir son también recogidos por
otra articulista, Ana Porto que titula: Peligro,
aumenta la violencia en la escuela. Los expertos
alertan sobre el auge de la agresividad de los
escolares en las aulas. El artículo comienza
preguntando ¿Existe violencia en los centros
escolares? Y aquí introduce un elemento
novedoso, al aflorar lo que los expertos conocen
como "violencia invisible". "Si
le formulásemos esta pregunta a un profesor de
Primaria nos contestaría que «la normal».
Mientras, asistiríamos a la escena en la que un
adorable escolar de 6 o 7 años le mete un lápiz
en la oreja a otro o una fila de niños de esta
misma etapa escolar recibe una ronda de collejas
de los alumnos de cursos superiores al salir al
patio.
En opinión de algunos
expertos, la violencia en los colegios, aunque no
se pueda considerar un hecho generalizado, se
está convirtiendo en un problema en las
aulas."
No considera un hecho
generalizado, pero sí reconoce que es un
problema para los centros docentes. Esta
violencia invisible existe en boca de los propios
alumnos y es quizá la que provoca mayor estrés
y ansiedad entre iguales."La mayoría de
los casos se da en los centros de Secundaria,
entre alumnos de 11 a 18 años. En opinión de
Amparo Tomé, del Instituto de Ciencias de la
Educación de la Universidad Autónoma de
Barcelona, «la violencia escolar masculina es
más visible, ya que suele ser física contra
personas o cosas mientras que la violencia
femenina es más difícil de detectar porque las
niñas mayoritariamente utilizan la violencia
verbal y la exclusión». " En un interesante estudio del
profesor titular de Teoría e Historia de la
Educación de la UNED Juan Manuel Moreno
Olmedilla publicado en el núm. 18 de la Revista
Iberoamericana de Educación Ciencia, Tecnología
y Sociedad ante la Educación,aborda también
esta clasificación como hechos altamente
preocupantes: " puede hablarse de dos
grandes modalidades de comportamiento antisocial
en los centros escolares: visible e invisible.
Así, la mayor parte de los fenómenos que tienen
lugar entre alumnos el bullying, el acoso
sexual, o cierto tipo de agresiones y
extorsiones resultan invisibles para padres
y profesores; por otro lado, la disrupción, las
faltas de disciplina y la mayor parte de las
agresiones o el vandalismo, son ciertamente bien
visibles, lo que puede llevarnos a caer en la
trampa de suponer que son las manifestaciones
más importantes y urgentes que hay que abordar,
olvidándonos así de los fenómenos que hemos
caracterizado por su invisibilidad."
Los alumnos comprenden y
aceptan la existencia de estos actos:" Un
21% de los alumnos comprende que en momentos de
ira sus compañeros pinchen las ruedas de los
coches de los profesores. Según un estudio
reciente llevado a cabo por el psicólogo Manuel
García Pérez, el 17% de los adolescentes
españoles padece ansiedad y estrés, lo que se
traduce en un factor de riesgo para el
rendimiento escolar y en unos mayores «niveles
de inquietud» en las aulas, con estallidos de
ira o tristeza, descontrol de emociones,
incremento de la violencia y no tolerancia a las
frustraciones.".
En el debate promovido en
el web de nuestro colegio, se recogía tanto la
inquietud del profesorado de Secundaria, como
algunas opiniones de este alumnado. Sin embargo
no revestían tanta inquietud como las
precedentes. "Una mayoría significativa
de las opiniones acepta que existe algún tipo de
violencia en nuestros colegios e institutos
(78,95 %), si bien un 6,67 % tan sólo admite que
ésta revista una cierta gravedad, y la totalidad
está de acuerdo en opinar que está muy lejos de
la violencia en otros países occidentales. Para
algunos profesores, sobre todo adscritos a la
Enseñanza Secundaria, la actitud de interrumpir
las clases supone una forma más de violencia que
soportan profesores y alumnos en nuestros
centros. Por otro lado la proporción de
profesores y alumnos en admitir este hecho se
inclina más a los primeros (53,33 %) si bien con
una diferencia de tan sólo un 13,33 % con
respecto a los alumnos (40%) (...).Entre los que
no admiten la existencia de violencia hay una
clara mayoría de alumnos (75%) sobre profesores
(el restante 25%). Ahora bien, algunos de ellos
comienzan su intervención diciendo "no hay
violencia" para acto seguido reconocer que
"no hay mucha o ésta no es importante"
con lo que no rechazan totalmente esta
posibilidad". Frente a opiniones que
expresan el convencimiento del aumento de los
casos violentos en nuestras escuelas, incluso
avalados por especialistas, surgen otras que
niegan este extremo. Así, retomamos el documento
de Ana Porto en el que se afirma:" A
pesar de que algunas voces llaman a la
precaución ante el fenómeno de una violencia
que va en aumento, algunos especialistas en el
tema de la educación creen que no es un problema
que se haya incrementado en los últimos años.
Para María José Díaz-Aguado, catedrática de
Psicología de la Educación y directora de los
Programas de Educación para la Tolerancia y
Prevención de la Violencia, la violencia entre
escolares no ha aumentado, pero existe una mayor
sensibilidad hacia el tema y se condena de una
forma manifiesta. Opinión que comparte el
catedrático de Sociología de la Universidad de
Deusto, Javier Elzo, para el que la violencia
juvenil no es mayor ahora que en épocas
anteriores, sino que existe más sensibilidad
ante los hechos violentos. " En el
estudio del profesor Moreno Olmedilla se reconoce
que el problema se encuentra dimensionado por los
medios: "El hecho de que las escuelas
estén apareciendo más a menudo en las páginas
de sucesos de los periódicos que en la sección
de educación y cultura está preocupando
seriamente a todos los miembros de la comunidad
educativa. En efecto, los episodios de violencia
en los centros educativos parecen tener una gran
capacidad de atraer a la atención pública,
causando lo que hoy día se ha dado en denominar
una alta «alarma social», con lo que la
aparentemente nueva lacra de la violencia escolar
se añade a las ya innumerables fuentes de
demanda y presión social con que nuestros
centros educativos y nuestro profesorado deben
enfrentarse." En el mismo trabajo afirma
que " podría decirse que en los
centros se dan muchos conflictos, y de muchos
tipos, y no tanta violencia extrema como los
medios de comunicación y la opinión
pública que a partir de ellos se configura
podrían estar dando a entender. La existencia de
conflictos en las instituciones escolares no
solamente no debe asustarnos, ni siquiera
preocuparnos, sino que debemos entenderla como
algo en principio natural en cualquier contexto
de convivencia entre personas; así, por el
contrario, los conflictos pueden ser
oportunidades de aprendizaje y de desarrollo
personal para todos los miembros de la comunidad
escolar".
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