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l presente
trabajo pretende analizar, prescindiendo del
rigor científico, y sacar conclusiones en la
realidad de la violencia en nuestros centros
escolares e institutos, utilizando para ello las
diecinueve opiniones recibidas en el foro de
debate del web desde mayo de 1998 hasta octubre
de 1999.
El
foro presenta documentación basada
fundamentalmente en titulares de prensa y parte
del hecho que conmocionó al mundo de la matanza
de escolares en Jonesboro (Arkansas) en marzo de
1998 y perpretado por dos niños de 11 y 13
años. A partir de aquí se sucedieron una serie
de noticias sobre casos de violencia entre
escolares de todo el mundo y se empezó a
analizar y debatir esta preocupante escalada. En
nuestro país también se inició un debate en
prensa y en diferentes foros en los que
inevitablemente se trataba de establecer
comparaciones con otros países. Esta
documentación ha condicionado en mi entender
algunas opiniones de nuestro debate al
afortunadamente tener que rechazar la similitud
con estos casos extremos de EEUU, Inglaterra,
Francia y otros lugares con casos evidentemente
más graves y preocupantes que en nuestro país,
pero no ha ocultado la existencia de ciertos
casos de violencia o, si se prefiere, casos de
cierta violencia presentes en algunos de nuestros
colegios e institutos.
Lógicamente
ha sido necesario en algunas ocasiones recurrir a
la interpretación de lo expresado, lo que ha
conllevado a una lectura deductiva y por tanto
subjetiva del que os presenta el trabajo. Debe
por consiguiente estar sujeto a la opinión libre
de todo el que quiera acercarse al mismo. De
igual forma recibiremos encantados todos los
comentarios, críticas y salvedades que
consideréis conveniente a través del correo
electrónico o postal. De todas formas las
opiniones están publicadas tal y como nos las
enviaron sus intervinientes y pueden consultarse en
cualquier momento.
CONCLUSIONES

Una mayoría significativa de las
opiniones acepta que existe algún tipo de
violencia en nuestros colegios e institutos
(78,95 %), si bien un 6,67 % tan sólo admite que
ésta revista una cierta gravedad, y la totalidad
está de acuerdo en opinar que está muy lejos de
la violencia en otros países occidentales. Para
algunos profesores, sobre todo adscritos a la
Enseñanza Secundaria, la actitud de interrumpir
las clases supone una forma más de violencia que
soportan profesores y alumnos en nuestros
centros. Por otro lado la proporción de
profesores y alumnos en admitir este hecho se
inclina más a los primeros (53,33 %) si bien con
una diferencia de tan sólo un 13,33 % con
respecto a los alumnos (40%). El que ninguna de
las opiniones pertenezca al sector de padres y
madres no significa según mi parecer que éstos
carezcan de opinión al respecto, sino más bien
que el acceso a Internet es aún bastante
limitado en nuestro país y que el tema de
educación se delega con frecuencia en los
profesionales y ámbitos educativos.
Entre
los que no admiten la existencia de violencia hay
una clara mayoría de alumnos (75%) sobre
profesores (el restante 25%). Ahora bien, algunos
de ellos comienzan su intervención diciendo
"no hay violencia" para acto seguido
reconocer que "no hay mucha o ésta no es
importante" con lo que no rechazan
totalmente esta posibilidad.


En
cuanto a la responsabilidad de la violencia
escolar hay división de opiniones, si bien
advertimos un cierto acuerdo en algunas de las
apuntadas a pesar de la lógica dispersión de
opiniones cuando no se trata de una encuesta,
sino de la expresión de la libre opinión
individual de cada interviniente. Un
significativo 20% responsabiliza a la actitud
excesivamente permisiva y poco implicada de los
padres, y un 12 % a la actitud del docente.
Lógicamente esta opinión parte mayoritariamente
del alumnado y la primera del profesorado. En
varias opiniones se expresa que "son los
padres y profesores" los responsables, en
otras "los adultos". A éstos últimos
por tanto cabría adjudicar el 16% de las
opiniones. En el caso de los padres se les achaca
poca colaboración o incluso desprecio con la
labor del docente, desatención del problema,
exceso de permisividad. Al docente, poca
implicación en general. A partes iguales (12%)
se atribuye la responsabilidad a la crisis de
valores de nuestra sociedad actual y a la
desmotivación del alumnado de E.S.O. (no se
habla de la etapa del Bachillerato). Varias
opiniones apuntan a que el aumento de la edad de
escolarización obligatoria a los dieciséis
años, sin las medidas compensatorias adecuadas
ha propiciado la presencia de alumnos
desmotivados en las aulas, aburridos y con
inclinación a provocar continuos incidentes que
llevan a profesores y compañeros a tener que
soportar un

prolongado estado de ansiedad y
malestar. Esto lo opinan, aunque en una menor
proporción, también los alumnos. En un segundo
plano los docentes nos quejamos de la falta de
autoridad que provoca a nuestro entender el
abandono de las autoridades académicas y la
incomprensión de los padres que en caso de
confrontación siempre defienden
incondicionalmente al hijo y que conlleva una
creciente sensación de indefensión e impotencia
para afrontar con éxito el problema de la
violencia en las aulas. "No se pueden tomar
medidas", "los directores no pueden
hacer nada", "no se nos cree" son
algunas de las quejas. Otro 8% opina que los
medios de comunicación social, sobre todo la
televisión influye en las actitudes antisociales
y violentas al ser edades fácilmente
influenciables y proclives a adoptar modelos, sin
embargo en las soluciones no se apunta ninguna
que proponga concienciar a los programadores de
los medios para su colaboración, ni proponen
medidas restrictivas en las programaciones. Sólo
un 4% achacan a la edad de estos jóvenes
"crítica, de cambios, proclive a esquivar
las obligaciones, trampear las normas y llegando
en ocasiones a una descarga de agresividad"
lo que puede interpretarse como el punto de vista
del profesional en conductas del adolescente,
valioso a pesar del bajo porcentaje.

Casi
la mitad de las intervenciones aportan alguna
propuesta de tendente a solucionar o al menos a
paliar la agresividad en los colegios (47,37 %) y
esta vez sí que encontramos bastante unanimidad
en las propuestas de solución. Un 77,78 % apunta
a la necesidad de una mayor implicación de los
adultos. En unos casos frenando actitudes
caprichosas y no accediendo a las demandas de los
hijos con excesiva facilidad, en otras estando
más atentos y alerta a los indicadores de que
algún alumno está soportando violencia en
silencio, y en general implicándonos en la
solución de una forma más decidida y activa.

También
se propone trabajar coordinadamente profesores y
padres. Los alumnos dicen: "los profesores
no ponen empeño en acabar con esto". Un 11
% cree que sería necesario permitir a los
alumnos desmotivados abandonar los centros de
Secundaria antes de la edad obligatoria, o
proporcionarles alternativas formativas. Algunos
alumnos, por último, piensan que en ocasiones
basta con no caer en la provocación de los
compañeros " si te vacilan, pasa de ellos y
así demostrarás que eres más que ellos"
Esto
ha dado de sí el estudio. El debate no obstante
sigue abierto.
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