"Hay también otra fundación particular para escuelas de niños de ambos sexos donde reciben una
educación é instrucción como en la mejor capital de provincia sin costar á los padres absolutamente
nada." La información anterior es de 1885 y la firma una Comisión que permaneció un tiempo en la
localidad con el fin no sólo de "comprobar la riqueza sino averiguar al mismo tiempo donde pueda existir
ocultacion", es decir, algo así como una inspección de Hacienda. Que ese juicio tan positivo venga de
alguien de fuera indica a las claras la importancia que las Escuelas tuvieron en la vida de Soto.
Las "Escuelas Pías de esta villa de Soto" abrieron sus puertas el día 1 de marzo de
1824 y en 1825 atendían a 210 niños y 100 niñas. Hacía ya 14 años que, en sus últimas disposiciones,
D. Juan Esteban de Elías decía a sus albaceas "que los billetes reales que tengo en Cádiz en poder
de D. Simón de Agreda y D. Diego Cancelada y Savedra los destino todos para que cuando Dios quiera
que la nación española resuelle y pueda pagar los premios dellos, se establezca en la villa de Soto una
buena escuela, en la que no tendrán que pagar ninguno nada por la enseñanza..." La verdad es que
los fondos no llegaron hasta 1821 y fue en el mes de abril de ese mismo año, una vez que la Villa cedió
"casa y terreno que aquella Villa poseía en la plaza principal" y "fueron aprobados por la Academia de
San Fernando los planos que se presentaron según está mandado", cuando se dio comienzo a la
construcción de este hermoso edificio. Dos años tardó en terminarse.
Dejando aparte la escuela de Miga (Amiga) para menores de 4 años, en el
documento de fundación de las escuelas figuran "dos salas espaciosas destinadas a las lecciones de
niños y de niñas, con absoluta separación é independencia la una de la otra". A decir del fundador,
corroborado años después por la Comisión a que hemos hecho referencia antes, "esta escuela será
considerada como de primera clase por cuando su enseñanza ha de ser la más amplia y completa".
Ya desde su fundación se contrata, además del Maestro principal, a otro auxiliar con menores exigencias
de titulación. También el sueldo va a ir parejo: 4.380 reales de vellón para el Maestro principal y 3.650
reales de vellón para el Maestro auxiliar y la Maestra de las niñas. Por cierto que la maestra debía ser
"hija de la misma villa de Soto, y en su elección, no sólo se atenderá con el mayor cuidado á su
aptitud y suficiencia, sino más particularmente á su conducta moral y religiosa". También se estipula
que la clase á escuela de niñas durará por las mañanas media hora más que la de niños para que los
maestros puedan pasar "á la sala de aquéllas, y á presencia de la Maestra repasarán las lecciones,
revisarán las planas y cuentas, corrigiendo unas y otras con la dulzura y decoro que corresponde, les
cortarán las plumas y harán á la Maestra las advertencias que estimen conducentes..."
La renta que se asignó para la fundación fue de 15000 reales de vellón, producto
anual de la inversión de 500000 reales en fincas productivas rústicas o urbanas.
Ya en 1826 tanto el Ayuntamiento como el Cabildo eclesiástico dan fe de que los
dos exámenes públicos celebrados han sido "desempeñados por los alumnos con extraordinario
lucimiento, primor, aplauso general y progresos dignos de todo aprecio".
Siguieron funcionando estas escuelas hasta finales de los años 70 del siglo XX. Los que las frecuentamos en la década de los 50 conocimos tres maestros: de chicos, de chicas y de
párvulos. Y, aunque no públicos como en sus primeros años, sí que realizamos exámenes ante un
tribunal formado por los maestros, el médico, el cura y un padre de familia. Lo que no nos consta es lo
del "extraordinario lucimiento, primor..." Habrá que pensar que también fue así.
(Los datos sobre las escuelas y su fundador y las citas de documentos están recogidos de
la obra de D. Silverio Domínguez sobre ambos. Interesa leerla si se necesita más información.)