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       Antes de que se pierda
                         la memoria


Tradiciones

¿Dónde está eso?

Labores del campo

Juegos tradicionales

Música con tradición

Toques de campana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Tradiciones

¿Dónde está eso?

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Música con tradición

Toques de campana

 

Juegos tradicionales
A pies quietos


Chicas y chicos
En la plaza
Recreos y tardes

 

     No era de los más frecuentes. Pero se pasaba bastante bien con él si no era mucho tiempo.

     No había número determinado de jugadores pera para que funcionara debían ser por lo menos cuatro o cinco. Se donaba y uno, o una, se la quedaba.este se cogía la pelota, que era de goma o de lana, -no valía pelota de forros, de las de jugar a mano-.

     Todos los jugadores se ponían juntos y tocando al que se la quedaba. Este lanzaba la pelota al aire y decía: "Una, dos y tres. Pies quietos" Mientras tanto todos los demás se habían alejado todo lo posible. Porque en el momento en que se oía el "pies quietos" ya no se podía avanzar más.

     Entonces el que se la quedaba intentaba dar con la pelota a uno de los otros. Si este era dado, pasaba a quedarsela él y se volvía a empezar el juego. Si no daba a nadie era él mismo el que vovía a quedársela.


 

Juegos tradicionales
El tango


Chicas
En Portales

 

     Es el juego de la rayuela, tanganillo en Alava.

     Se jugaba en Portales, también en el frontón, pero allí había que dibujar en el suelo con un "pinto", -pedazo de yesón cogido en cualquier parte-. Y algunas veces con clariones o tizas de la escuela. En Portales no. El encementado que había en aquella época se había hecho a tiras como de unos sesenta centímetros y quedaba entre ellas una pequeña grieta que servía perfectamente para las divisiones. Sobre todo en el arco que está más próximo al puente del río. El que se cogían las mayores. Tan sólo había que hacerle una raya en medio y escribir los nombres de los días de la semana. El jueves, que era la tira que quedaba al lado del poyo, no estaba partida.

     Había varios juegos: el más sencillo, por el que empezaban todas, -y todos cuando nos atrevíamos a hacer el ridículo, porque éramos mucho menos hábiles que las chicas- consistía en lanzar la pita a la primera tira por la parte derecha, - al lunes,- y a la pata coja -paticoja- ir pasándola empujando con el pie que se apoyaba en el suelo, al martes, miércoles, jueves, donde se descansaba con los dos pies en el suelo y de allí volver por la parte izquierda pasando por el viernes, sábado y domingo.

     Si el asunto había ido bien se iba a martes; la pita había que lanzarla a la segunda tira y se continuaba del mismo modo. Y así hasta el domingo.

     Si se perdía, bien porque se pisaba la raya, bien porque la pita no caía en el sitio apropiado o quedaba encima de la raya, empezaba otra jugadora, que reanudaba el juego donde lo hubiese dejado antes.      Otro juego consistía en lanzar la pita a la casilla correspondiente y pasar a la ida sin tocar la casilla y recoger la pita al volver.

     Las pitas consistían en piedras lo más lisas posible que se cogían en el río o en el barranco. Pero había otra clase de pitas que daban más envidia; eran cajas de lustre para zapatos que se llenaban de barro para que pesaran. Su forma hacía que fueran las más apreciadas.


 

Juegos tradicionales
Los encantados


Chicas y chicos
Plaza y pórtico
Cualquier época

 

     Buen juego para entrar en calor. Se jugaba en la plaza y en el pórtico antes de entrar al rosario en el mes de octubre y es parecido al que en otras partes se llama de "Las estatuas".

     Uno o una "se la quedaba", y así como en otros juegos se echaba a suertes, en este lo más corriente era aquello de "el último que llegue se la queda": todos salíamos corriendo y quien llegase el último a la puerta de la escuela, la de abajo o a la puerta del huerto del pórtico era quien se la quedaba.

     El juego consistía en que el que cuando el que se la quedaba tocaba a alguien este debía quedarse parado, "encantado" hasta que otro jugador lo volviese a tocar y lo desencantase. El que se la quedaba tenía que atender a dos frentes: por una parte tenía que seguir encantando a los demás y por otra, tenía que cuidar de que no le desencantasen a nadie. Labor difícil.

     El juego terminaba cuando todos los jugadores estaban encantados, pero eso no ocurría nunca. Antes de esto ya todos nos habíamos cansado de correr o habían tocado "la salida" para empezar el rosario o habían llamado para entrar en la escuela. Por cierto, recuerdo que la llamada era el golpear la barandilla del piso de las escuelas con la llave y se oía. De eso doy fe..

©  1999     Romero