Es el juego de la rayuela, tanganillo en Alava.
Se jugaba en Portales, también en el frontón, pero allí había que dibujar en el suelo con un "pinto",
-pedazo de yesón cogido en cualquier parte-. Y algunas veces con clariones o tizas de la escuela. En Portales no. El encementado
que había en aquella época se había hecho a tiras como de unos sesenta centímetros y quedaba entre ellas una pequeña grieta que
servía perfectamente para las divisiones. Sobre todo en el arco que está más próximo al puente del río. El que se cogían las mayores.
Tan sólo había que hacerle una raya en medio y escribir los nombres de los días de la semana. El jueves, que era la tira que quedaba
al lado del poyo, no estaba partida.
Había varios juegos: el más sencillo, por el que empezaban todas, -y todos cuando nos atrevíamos
a hacer el ridículo, porque éramos mucho menos hábiles que las chicas- consistía en lanzar la pita a la primera tira por la parte
derecha, - al lunes,- y a la pata coja -paticoja- ir pasándola empujando con el pie que se apoyaba en el suelo, al martes,
miércoles, jueves, donde se descansaba con los dos pies en el suelo y de allí volver por la parte izquierda pasando por el viernes,
sábado y domingo.
Si el asunto había ido bien se iba a martes; la pita había que lanzarla a la segunda tira y se
continuaba del mismo modo. Y así hasta el domingo.
Si se perdía, bien porque se pisaba la raya, bien porque la pita no caía en el sitio apropiado o
quedaba encima de la raya, empezaba otra jugadora, que reanudaba el juego donde lo hubiese dejado antes.
Otro juego consistía en lanzar la pita a la casilla correspondiente y pasar a la ida sin tocar la
casilla y recoger la pita al volver.
Las pitas consistían en piedras lo más lisas posible que se cogían en el río o en el barranco. Pero
había otra clase de pitas que daban más envidia; eran cajas de lustre para zapatos que se llenaban de barro para que pesaran. Su
forma hacía que fueran las más apreciadas.
Juegos tradicionales
Los encantados
Chicas y chicos
Plaza y pórtico
Cualquier época
Buen juego para entrar en calor. Se jugaba en la plaza y en el pórtico antes de entrar al rosario en
el mes de octubre y es parecido al que en otras partes se llama de "Las estatuas".
Uno o una "se la quedaba", y así como en otros juegos se echaba a suertes, en este lo más
corriente era aquello de "el último que llegue se la queda": todos salíamos corriendo y quien llegase el último a la puerta de la
escuela, la de abajo o a la puerta del huerto del pórtico era quien se la quedaba.
El juego consistía en que el que cuando el que se la quedaba tocaba a alguien este debía quedarse
parado, "encantado" hasta que otro jugador lo volviese a tocar y lo desencantase. El que se la quedaba tenía que atender a dos
frentes: por una parte tenía que seguir encantando a los demás y por otra, tenía que cuidar de que no le desencantasen a nadie. Labor
difícil.
El juego terminaba cuando todos los jugadores estaban encantados, pero eso no ocurría nunca.
Antes de esto ya todos nos habíamos cansado de correr o habían tocado "la salida" para empezar el rosario o habían llamado para
entrar en la escuela. Por cierto, recuerdo que la llamada era el golpear la barandilla del piso de las escuelas con la llave y se oía. De
eso doy fe..