Antes de que se pierda la memoria
Tradiciones¿Dónde está eso? Labores del campo Juegos
tradicionales
Música con tradiciónToques de campana
Antes de que se pierda la memoria
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tradicionales
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Juegos tradicionales
Un, dos, tres
Chicas y chicos
Portales
Durante el curso escolar
Carmen Martín Gaite en "El Cuarto de Atrás" describe así el juego, a la vez que melancólicamente lo ve como figura del paso del tiempo:
.... Pasaba de una manera tramposa, de puntillas, el tiempo; a veces lo he comparado con el ritmo del escondite inglés, ¿conoce ese juego?
-No. ¿En qué consiste?
Se pone un niño de espaldas, con un brazo contra la pared, y esconde la cara. Los otros se colocan detrás, a cierta distancia, y van avanzando a pasitos o corriendo, según. El que tiene los ojos tapados dice: "Una, dos y tres, al escondite inglés", también deprisa o despacio, en eso está el engaño, cada vez de una manera, y después de decirlo, se vuelve de repente, por ver si sorprende a los otros en movimiento; al que pilla moviéndose, pierde. Pero casi siempre los ve quietos, se los encuentra un poco más cerca de su espalda, pero quietos, han avanzado sin que se dé cuenta. Jugábamos a tantas cosas en aquella plaza, a los dubles, al pati, a las mecas, al juego mudo, al corro, al monta y cabe, a chepita en alto; también había juegos de estar en casa, claro, de ésos sigue habiendo, pero los de la calle se están yendo a pique, los niños juegan menos en la calle, casi nada, claro que también será por los coches, entonces había pocos....
Para nosotros no era "un, dos tres, al escondite inglés", sino "un, dos tres, carabí". No sé si con b o con v, porque nunca lo he visto escrito. Pero sí, el, o la que se la quedaba, - después de haber donado- ponía el brazo en el poyo de Portales y echaba la cabeza sobre él. Los demás se ponían de pie en la piedra de las escaleras que dan a la Plaza. El avance había que hacerlo sin levantar los pies del suelo, arrastrándolos, y mientras que el que se la quedaba tenía la cara sobre el brazo.
Había sus riñas: que si no has dicho todo, que si lo has dicho mal, que sí que te he visto, que yo no me he movido,,... En realidad no era un juego para mucho rato porque casi siempre acababa mal. Pero valía para antes de subir a la escuela, hasta que el maestro daba con la llave en la barandilla de hierro de las escaleras, o en los recreos cuando llovía.
Lo que no recuerdo es quién perdía, aunque creo recordar que había dos variantes: en una de ellas, el que era visto tenía que volver al comienzo y perdía todo lo que había avanzado; en la otra, pasaba a quedársela él.
Juegos tradicionales
Tresnavíos
Chicos y chicas
Todo el pueblo
En ocasiones
"Tresnavíos". Así. Todo junto. Hasta que no me dijeron que por qué no describía los juegos que jugábamos de niños, no se me había ocurrido pensar en lo que decíamos -gritábamos- cuando jugábamos a tres navíos en el mar.
Era un juego raro. Algunas veces lo utilizábamos para separarnos un grupo de chicos de otro.
Como comienzo, los cabecillas "echaban pies" y así se formaban los dos grupos. Después había que echar a suertes qué grupo se la quedaba; a cara o cruz o a cerillas. Esto se hacía comúnmente en la plaza. El grupo al que le había tocado quedársela tenía que estar en la plaza hasta que los otros, después de haber salido corriendo, y ya a una distancia que les permitía no ser vistos, gritaban: "Tres navíos en el mar". "Otros tres en busca van", contestaban los de la Plaza, y salían tras de ellos.
El asunto consistía en volver a la plaza, o a donde se hubiese comenzado el juego, sin ser vistos por el otro grupo. Si se conseguía, el grito ritual era "En tierra pararemos". Por el contrario, si el grupo que se la quedaba veía a sus adversarios el grito era de "Tierra descubierta". Y se cambiaban las tornas.
La Placita, El Cascajar, la Calle Mayor, La Virgen, el Pórtico, la Calleja de San Antón, el Barranco,... eran recorridos normales. Y todas las callejas que van, -iban, muchas de ellas- de unas calles a otras.
Pero cuando lo que queríamos era el despistarnos, podíamos empezar en la Plaza, dar el grito de tresnavíos en El Cristo y acabar escondidos contando cuentos en la era de Canto Grande o en la alcantarilla de la carretera vieja después de haber pasado el río por la Peña Hueca.
Juegos tradicionales
El capullero
Niños y niñas hasta ocho años
Poyo de la Garita
Época de escuela
Tapabujero, lo llaman en Badarán;Tapullero en Villaverde de
Rioja;Taputero en Anguiano. Y como Tapabullero lo define el "Vocabulario Riojano" de Cesáreo
Goicoechea (Madrid,1961)
Lo jugábamos de pequeños. Cuando ya éramos grandecitos, de algún
modo nos parecía rebajarnos el jugar con el barro. Sin embargo, algunas veces quitábamos el barro a los
pequeños y les hacíamos una demostración.
Ganar el juego consistía en dejar sin barro al contrario o contrarios,
porque algunas veces jugábamos más de dos. El material era barro, cuanto más arcilloso, mejor. Y no
era tan sencillo encontrar barro bueno al lado de la Plaza, así que guardábamos nuestra pella de barro en
los agujeros de la Garita para poder utilizarlos en los recreos de la escuela. El mejor barro, siempre cerca
del pueblo, se sacaba del Herradero, donde está ahora la casa del médico.
Se amasaba bien la pella de barro y se modelaba una especie de
cuenco con las paredes más gruesas que el fondo -algunas veces me acuerdo del juego cuando como
volovanes- , y el que le tocaba por suerte el empezar, hacía la pregunta ritual: "Capullero, ¿se ve el
agujero?" Y se lanzaba el cuenco contra el poyo, de forma que la boca llegase con fuerza y lo más plana
posible. Al aplastarse, el aire que estaba dentro rompía el fondo del capullero y el contrario tenía que
taparlo con un trozo de su barro mientras el tirador decía: "Capullero, tapa ese agujero".
La habilidad había que demostrarla no sólo a la hora de tirar con
fuerza y bien para que el agujero abierto fuera lo mayor posible, sino que cuando tenías que tapar el
agujero del otro había que conseguir hacerlo con la lámina más fina que se pudiera para utilizar menos
barro propio. Y allí era el mojarse las manos en el pilón, echarse saliva en las manos o en los dedos y
restaurar como se pudiera el agujero. Después se cambiaba y así hasta que tocaba subir a la
escuela.
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