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¿Dónde está eso?

Labores del campo
Por San Miguel ·            
Trabajos de invierno ·            
Ir de vereda ·            
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   Labores del campo   
   Ir de vereda   

 
      El diccionario de la R.A.E., en su 21ª edición, recoge la palabra "vereda" (=Prestación personal") como un regionalismo de la provincia de Álava. Pero también se utiliza en la sierra de Cameros. En Soto "se iba de vereda" y "se estaba de vereda". Era el Ayuntamiento el que convocaba a los vecinos para ese menester y solía hacerlo en épocas de poco trabajo en el campo o -de forma extraordinaria- tras fuertes yasas provocadas por las tormentas de principios de verano. Su finalidad era la de arreglar los caminos que llevaban a los distintos términos donde se sembraba y desde los que había que acarrear la mies (hasta dos horas y media de camino en algunos casos). Probablemente de ahí le venga el nombre a esta institución.

      Se trataba de una prestación personal gratuita. A la llamada del Ayuntamiento debía acudir un hombre en edad de trabajar de cada casa. En el caso de no ir, debía pagar un jornal. Los vecinos ponían el trabajo y el Ayuntamiento la herramienta (aunque algunos aportaban su azadón estrecho) y el vino. En el caso de que hiciese falta llevar una caballería (para transportar materiales, por ejemplo) se le pagaba al amo. A las ocho de la mañana, en Portales, se recogía la herramienta y se organizaba el trabajo. Siempre que era posible se iba al camino que llevaba a la finca o fincas propias; era una motivación más para realizar una buena labor.

      Cuando la vereda tenía su origen en los destrozos de las tormentas, su misión consistía en subsanarlos: levantar una pared, quitar tierras y piedras que la yasa había arrastrado, arreglar los cancillos que echaban las aguas fuera cada cierto trozo de camino... En el caso de las veredas normales, se limpiaban las zonas donde la vegetación se iba adentrando en la vía, se empedraban los trozos más pendientes o con mayor dificultad para las caballerías...

      Anualmente eran hasta 8 los días que cada casa debía ir de vereda si el Ayuntamiento convocaba. Y sólo estaban exentos el médico, el cura, el maestro... Gracias a esta institución tan peculiar, podían conservarse en buen estado el camino de la Solana y el de la Umbría; los que llevaban a Treguajantes, a Luezas o a Trevijano; el camino que sigue llevando a las huellas de dinosaurios y que, continuando por Payerne, llegaba hasta la Dehesa, Varcárcel y daba la vuelta por Riarrey y Juanreal; o los caminos que conducían a las zonas de huertas de Pajero, el Cardial, los Manzanos o Cillas. Eran muchas leguas que había que mantener en buen estado. A base de veredas se conseguía ese objetivo. Los senderistas que actualmente recorren estos caminos en sus ratos de ocio están echándolas en falta; sin saberlo, probablemente.

 

©  1999     Romero