JARDÍN DE LA QUINTA DEL BERRO

 (MADRID)

 

Cronología-Fases de Construcción:

Las primeras plantaciones realizadas en la Quinta del Berro se remontan a principios del siglo XVII, con una huerta que acompañaba a una casa de campo. En aquella época la huerta destacaba por la abundancia de agua lo que permitía el adecuado desarrollo de los cultivos.

A finales del siglo XVIII la finca aparece por primera vez en la cartografía con un terreno organizado en bancales que bajaban hasta el arroyo del Abroñigal.

 Parece que durante buena parte del siglo XIX la Quinta del Berro conservó su carácter de finca de labor. No obstante, es probable que se hubiese iniciado ya una organización interna más próxima al jardín que a la huerta.

A finales del siglo XIX unos promotores deciden construir en el lugar unos "Campos Elíseos", al modo de los parques de atracciones que por aquella época se habían puesto de modo en toda Europa. Para 1897 ya se había construido el acceso al parque, los edificios de administración, el invernadero y el restaurante. Las obras de los jardines paisajistas también se habían iniciado, con paseos, puentes rústicos, lago y cascada. Pero no llegaron a terminarse porque en 1902 los terrenos se subastan. La finca pasa de nuevo a convertirse en un jardín privado, que integra las obras realizadas.

Durante el primer tercio del siglo XX se acometen nuevas obras entre las que destacan dos rías, un parterre andaluz y un jardín Rústico, tal vez realizadas por los jardineros Gras y Cecilio Rodríguez. En 1948, tras ser adquirida la finca por el Ayuntamiento de Madrid, se realizan obras en los jardines. Una veintena de años después, en 1968, se une a los jardines de la Quinta del Berro el parque Sancho Dávila, como consecuencia de la construcción de la M-30. Esta circunstancia obliga a que el cerramiento oriental del jardín se refuerce con pantallas acústicas, ajenas a la estética vegetal predominante.

 

Descripción artística:

El jardín de la Quinta o la Fuente del Berro se encuentra situado en la zona oriental del casco urbano de Madrid, entre el final de la calle Jorge Juan, la calle O'Donnell y la M- 30.

El acceso principal al parque se realiza por una entrada de inspiración mudéjar, flanqueada por dos pabellones del mismo estilo. En esta zona se encuentra el palacete, que alberga el Museo Arqueológico Municipal. Próximo a él se encuentran dos fuentes circulares, y el antiguo parterre andaluz, que ahora tiene un carácter más naturalista y desde 1980 alberga la estatua del escritor ruso Alexander Pushkin.

Entre el palacete y la M-30 se encuentra la zona más romántica del jardín, con rocalla, estanque, ría y cascada, que permiten la realización de juegos de agua. Diseminados por todo el parque encontramos estatuas, vegetación rara y exuberante, un palomar, quioscos, casitas y pabellones.

 

Evolución Histórica:

A principios del siglo XVII la Quinta del Berro era una casa de campo con huerta, propiedad del duque de Frías. En 1631 Felipe IV compró la propiedad. La finca destacaba por la abundancia de agua procedente de la fuente del Berro y del limítrofe arroyo de Abroñigal, que recorría lo que actualmente es la M-30.

En 1640 Felipe IV dona la Quinta del Berro a los monjes castellanos que habían sido expulsados del monasterio de Monserrat, con la condición de que la casa real pueda utilizar el agua que necesite. La calidad del agua de la fuente del Berro era bien conocida en la época. En 1686 la reina María Luisa de Orleans, mujer de Carlos II, ordena que todo el agua que se le sirva proceda de esta fuente. Casi un siglo después, Carlos III mandó que la fuente se cerrara con una casilla y que el agua se transportara hasta el Buen Retiro, el Palacio Real, Aranjuez, El Pardo, El Escorial y La Granja.

La fuente dispone de otros dos caños. Uno para aprovechamiento de la Quinta y otro de uso público. Con anterioridad, en 1703, la finca había pasado a manos de María de Trimiño, que realiza en ella obras de mejora. A su muerte dispone que se dedique a la obra pía de los Mercedarios Descalzos. Con esta orientación permanecerá hasta 1798, cuando un Real Decreto ordena la venta de los bienes pertenecientes a obras pías.

La finca es comprada por Martín Estenoz. En manos de esta familia figura la finca durante la primera mitad del siglo XIX.

Rebasado el ecuador del siglo, la propiedad había pasado ya a manos del brigadier Manuel Ramírez.

A finales de la pasada centuria, la Quinta del Berro conoció un proyecto para convertirse en parque de atracciones, en unos "Campos Elíseos", que no llegó a terminarse ya que en 1902 se subastan los terrenos que ocupaba.

Tras pasar la finca por varios propietarios, alcanza su esplendor en la década de 1920, bajo la propiedad del señor Van Eeghen, que organiza fiestas y reuniones a las que acuden la familia real y la alta sociedad madrileña.

Por Decreto de 1 de enero de 1946 el jardín de la Quinta del Berro es declarado de interés histórico-artístico. Dos años después el Ayuntamiento de Madrid adquiere la finca y se realizan obras con el propósito de instalar en ella el Museo Arqueológico Municipal. Esta circunstancia retrasa la apertura del parque al público hasta 1954. En la actualidad el palacete que alberga el Museo sigue cerrado al público.

 

Personajes Históricos:

- Cecilio Rodríguez. Nació en Valladolid en 1865. A los ocho años entró como aprendiz de jardinero en el Ayuntamiento de Madrid, para el que trabajó en el paseo de Recoletos y en la Sección de Viveros. Es probable que, durante el primer tercio del siglo XIX y en colaboración con Gras, realizara los jardines de la Quinta de El Berro. Al parecer construyeron en ellos estufas y plantaron diversas especies vegetales poco conocidas. En 1914 Cecilio Rodríguez es elegido jardinero mayor del Retiro, cargo desde el cual acometió la realización de la rosaleda, una de sus obras más relevantes. Posteriormente fue nombrado Director del Departamento de Parques y Jardines del Ayuntamiento madrileño. Tras el paréntesis de la guerra civil, Cecilio Rodríguez volvió a ocupar la jefatura de los jardines municipales, cargo desde el cual dirigió la restauración de las zonas verdes de la capital.