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Nubes. Viento. Cielo. Luz. La mañana se me apareció cruzando
la Rienda. Atrás quedan momentos, días, siglos. Ahora todo
es futuro. El camino se me adapta al pie entre las hayas de la Sotín.
Ahora ya todo es luz. ¿Por qué sigo?. ¿Por qué
ando?. Voy solo entre las gencianas y el vacío. Todo es luz y el
sol se me hermana.
Dice mi amigo Julio Llamazares que "el paisaje es memoria. Mas allá
de sus límites, el paisaje sostiene las huellas del pasado, reconstruyendo
recuerdos, proyecta en la mirada las sombras de otro tiempo que sólo
existe ya como reflejo de sí mismo en la memoria del que sigue fiel
a ese paisaje."
Por eso al observar la luz del amanecer sobre estos paisajes de los
Picos de Europa no puedo por menos que aparcar la imágen como
fuente de bellezas y soñar en estos lugares misteriosos y sagrados,
en los que se cocieron dos de los sucesos más trascendentales de
nuestro ancestro colectivo; lugar hoy remansado y silencioso, que fue un
día el refugio de los mejores ideales y más tarde la cuna
y fuente de nuestro ser, desde los pueblos cántabros cantando sus
himnos guerreros y sembrando con su firmeza la semilla insobornable de
la libertad.
En los confines de los Picos de Europa se asentaban en la antigüedad
dos pueblos de origen céltico, los astures, al oeste, más
allá del Sella, y los cántabros. Pueblos guerreros y amantes
de su tierra y su libertad lucharon contra Roma y no fueron vencidos sino
con grandes esfuerzos por el ejército poderoso y tiranizador de
Roma, asediados en el Monte Vindio, los Picos de Europa, donde según
creían antes llegarían las aguas del mar que las armas de
Roma. En Sajambre persiste la creencia de que en Carombo, fragoso paraje
bajo los llastrales de la Duernona, se conservan los cimientos de un antiguo
poblado de casas circulares, restos, quizá, del último asentamiento
cántabro bajo la mirada arropadora de la Torre Santa.
Otro episodio acontecería ochocientos años más
tarde, cuando Pelayo y algunos de los suyos desafían el poder musulmán
que de nuevo tiranizaba estas tierras y vence en la llamada batalla de
Covadonga a las huestes de Almanzor. La tradición señala
que antes de la batalla Pelayo fue coronado rey y elevado sobre el escudo
de sus hombres en tierra valdeona, en el lugar conocido hoy como monte
de Corona, donde se levantó una ermita recordando el suceso.
Situados en la zona oriental de la Cordillera Cantábrica y constituyendo
un conjunto individualizado topográfica y geológicamente,
los Picos de Europa conforman un formidable macizo contorneado por los
ríos Dobra y Deva y atravesados por el Cares y el Duje, quedando
separados en tres macizos, el Occidental o del Cornión entre el
Dobra y Cares, el Central o de los Urrieles entre el Cares y el Duje y
el Oriental o de Andara entre el Duje y Deva. Administrativamente se reparten
entre Asturias, Cantabria y los valles leoneses de Valdeón y Sajambre.
Sobre el origen del topónimo Picos de Europa mucho se ha especulado,
si bien es cierto que ya es conocido documentalmente desde 1530, cuando
el humanista italiano Lucio Marineo Sículo se refirió a ellos
como "rupes Europae", y años más tarde (hacia el 1572) fue
usado por Ambrosio de Morales para situar Covadonga "no lejos de las montañasa
llamadas de Europa". Luis Alfonso de Carvallo en 1695 dice de ellos "...A
estos encumbrados montes llaman los antiguos cosmógrafos las Montañas
de Europa, que en griego quiere decir larga vista, porque es lo primero
que los marineros echan de ver desde muy lexos".
De los dos valles leoneses de los Picos de Europa, Valdeón y
Sajambre, es el primero quien cuenta con la mayor cantidad de terreno.
Ocupando Valdeón la cuenca del Cares y Sajambre la del Dobra y Sella,
cuenta la leyenda que cuando se hizo el reparto de tierras quedaron los
valdeones y sajambriegos en partir al alba, y el punto donde se encontrasen
serviría de límite. Según se cuenta, una vieja de
Valdeón emborrachó al gallo y éste cantó antes,
por lo que los valdeones partieron primero y por ello están metidos
en Carombo y tienen para sí todo el macizo de la Torre Santa.
De la multitud de rincones que tienen los Picos de Europa, tres son
los que ocupan un lugar especial en mi corazón. Los tres se asientan
bajo una cumbre que los cobija y los proteje.
Para los soñadores de las alturas son las cumbres las que despiertan
la devoción y el cariño. Y de entre las muchas que podríamos
elegir, tres son las privilegiadas.
Torre Santa la primera, la cumbre emblemática
bajo la que la tradición situa la batalla de Covadonga. Cumbre elegante
y altiva, su conquista es una de las mejores recompensas que para muchos
podemos obtener. Situada en terreno valdeón pero sobre los pastos
sajambriegos de Vegabaño es una de las cumbres más visibles
desde toda la Cordillera Cantábrica. A sus pies, la Vega Huerta
nos podrá ofrecer algunos de los más hermosos vivacs que
podamos disfrutar, porque afortunadamente aun es un lugar solitario donde
con un poco de suerte nuestra única compañía será
el viento.
El macizo del Llambrión se sitúa sobre el rincón
más hermoso de los Picos de Europa, el ColladoJermoso.
Descubierto por Diego Mella a principios de siglo, fue tal la impresión
que le causó el lugar que impulsó a la Federación
Española a la construcción de un refugio que hoy lleva su
nombre y que es el más guapo y auténtico de los Picos de
Europa, por su estructura, situación y ambiente. Situado sobre las
angosturas del Cares en Corona tiene medio valdeón a sus pies. Enfrente,
la Torre del Friero al otro lado de la canal de
la Sotín, y encima el Llambrión, la cumbre más alta
situada íntegramente en territorio leonés, tan solo superada
en 6 metros por su vecina, la Torre de Cerredo, en el límite con
Asturias.
La tercera de las elegidas no se encuentra en terreno leonés,
pero es la montaña más conocida
renombrada de España, y para algunos la más hermosa.
Se trata del Naranjo de Bulnes, sobre cuyas paredes se han escrito algunas
de las mejores páginas del alpinismo español. Su cima es
paso obligado para todos los conquistadores de lo inútil que nos
afanamos en surcar paredes verticales en busca de la nada.
Los Picos de Europa, legendarios, los de las cumbres, valles, ríos
y bosques, los de las nieves,
perfumes, colores y nieblas, los de los silencios y el viento y los
de las gentes que desde siempre se han amparado al abrigo de estas crestas
de luz. Desde los pueblos cántabros a los que hoy recorremos sus
sendas y sus cimas, pasando por los navegantes de hace siglos para quienes
representaban un faro en tierra, los Picos de Europa se manifiestan como
uno de los paisajes clave de la Naturaleza, como patrimonio de belleza
y plenitud que a toda costa hemos de preservar. Nadie somos sus propietarios,
ni los que habitan sus laderas y viven a su amparo, ni los políticos
que dicen querer conservarlos ni los que disfrutamos sus encantos. No olvidemos
que la naturaleza no es un legado de nuestros antepasados sino un préstamo
de nuestros hijos, y a ellos hemos de devolvérsela para que a su
vez se la devuelvan intacata a sus hijos, y a los hijos de sus hijos.
Guias e información Bibliográfica:
- Las montañas de León. Ramón Lozano y Santiago
Morán
Ed. Everest
- Cordillera Cantábrica. Escaladas selectas.
M.A. Adrados.
Ed. del autor
Si necesitas quien te enseñe a disfrutar de esta zona
Collado Jermoso y el Llambrión
Vega Urriello y Naranjo de
Bulnes
Vega Huerta y Torre Santa