Sectores y croquis de vías
Algunas escaladas en las Hoces
El siguiente escrito es el texto de un audiovisual que quiso conmemorar en 1995 los 25 años de escalada en las Hoces de Vegacervera, de la mano de Cristino Torío (edad antigua) y Miguel García "Miche" (edad moderna).
Existió un tiempo en que las montañas eran sólo roca, agua y luz. Largas estaciones fueron moldeando sus facciones y amansando sus perfiles. Durante siglos, las Hoces vieron pasar a las gentes que miraban recelosamente sus albas calizas. Por fin, hace ahóra 25 años, dos leoneses, Javier Blanco "la Bruja" y Vicente Llanos, "el Trenero", osaron romper la magia de sus llambrias y colocar el primero de los muchos hierros que en el futuro cegaron sus grietas. Se trataba de la vía El Clavo, que sería el comienzo de una larga serie de itinerarios que hicieron de las Hoces de Vegacervera la escuela leonesa de escalada más querida de entre las muchas que surcan esta vasta tierra caliza. Esta es la historia de esos 25 años de escaladas y de otros asuntos que por estas tierras acontecieron.
EN EL PRINCIPIO...
Las gentes que viven en la base de las montañas miraban a éstas
con recelo y temor. Con el tiempo las consideraron como compañeras
en el paisaje cotidiano, respetadas de lejos y con una amistad rota tan
sólo por alguna tormenta inhóspita.
De repente, algún día de hace alguna décadas,
llegó el primero de un grupo de bárbaros que forzaron sus
placas y manosearon sus peñas. Llevaban cascos y por armas utilizaban
martillos y clavos. Se unían por cuerdas y se subían a pequeñas
escaleras. Vestían vistosos colores con pantalones extraños
y calzaban pesadas botas. La cuenca alta del Bernesga fue el primer testigo
de sus conquistas y en el lugar denominado Fontún, cerca de Villamanín
se reunían en extraños ritos que comenzaban siempre por complicados
nudos que ataban alrededor del cuerpo. Estos primeros extranjeros dejaron
la huella para que algunos avezados lugareños fuesen seducidos por
esta nueva cultura y continuaron la obra. Vías como El Niño,
la Nando o muchas otras hicieron soñar con aventuras y conquistas
en otras tierras y con otras gentes.
LAS HOCES
La curiosidad o el afán de conquista hicieron que a la vez que
se resolvían los problemas que se
planteaban en Fontún, algunos echasen una mirada a la garganta
caliza que el río Torío esculpió aguas arriba de Vegacervera.
Situadas a 37 Km de León y con una larga aproximación desde
Matallana donde el tren los dejaba, unos pocos aguerridos guerreros vieron
en las paredes que se desplomaban sobre el río bajo la atenta mirada
del Pico Correcillas (Polvoreda dicen los de Villalfeide) escenarios para
sus conquistas y algunos se hicieron asíduos del lugar. Un kilómetro
de paredes calizas de unos 200 metros de altura, con dos vertientes que
permiten escalar en verano a la sombra conforman el lugar.La semilla estaba
echada, tan sólo había que esperar a que germinase.
El mismo verano que se hace la citada vía El Clavo, Ramón
Oblanca abre la vía Ramonín y el verano siguiente sube por
la Gran Chimenea. Javier Blanco y El Trenero comienzan la Cara de Indio,
y Juan Carlos Robla, "Atila" empieza la vía que lleva su nombre
y que termina en compañía de Isidoro Rodríguez después
de múltiples peripecias, entre las que se pueden citar la pérdida
de los dientes de un pobre paseante al que el destino hizo que pasase bajo
la vía unos días antes de su boda en el momento en que algunas
piedras caían de lo alto.
En 1972 de nuevo Javier Blanco y el gallego Antonio Dourado abren la
primera vía en la emblemática pared de los tres techos, la
más característica y llamativa de las Hoces.
De todas formas, entre 1970 y 1980 tan sólo una veintena de
vías surgen de la imaginación de los escaladores locales,
de entre las que se pueden citar, además de las ya mencionadas,
"Ocultos pensamientos", "Hernán Llanos" y una nueva vía en
Tres techos.
LOS AÑOS 80...
Han pasado 14 años desde mi primera escalada en las Hoces y
aún recuerdo las sensaciones de aquel lejano día. Aquéllas
visitas esporádicas del 81 se convirtieron en una adición
a estas rocas que todavía, a pesar del tiempo, perdura. Impresionado
con aquéllas paredes mis primeros largos fueron temerosos y a la
vez receptivos para ver y aprender de todos esos que con su nuevo atuendo
de chandall y pie de gato pudieran enseñarme. No cabía ninguna
duda de que algo se estaba cociendo. La gente se encontraba muy activa,
y no era difícil que la mayoría de, las por entónces
contadas vías, se escalaran cualquier fin de semana. Pronto llegaron
las directrices que había que seguir, con el libro de Meyers. Aquéllas
fotos de melenudos personajes que con pantalón blanco, cinta al
pelo y bolsa de magnesio se subían por todos lados, sin más
ayuda que sus pies y manos, e incluso, se atrevían a forzar en este
estilo antiguas rutas de artificial. Así que de una forma u otra
adoptamos esta nueva moda y nos lanzamos al ataque. Las Hoces, como excepcional
terreno de juego, nos ofrecían muchos metros de roca virgen y unos
pocos itinerarios de artificial para forzar. De esta manera, el 83 vió
nacer vías como Salamandra escarlata, Chachi guay, El Druida, Hazla
como puedas y así hasta 20, en lo que recuerdo como el año
más productivo en Vega. Estaba viviendo la edad de oro de las Hoces.
Todos éramos colegas y no importaba como trepases ni de donde fueses
para poder atarte con cualquiera para hacer ese nuevo itinerario que acababan
de abrir ayer. Tampoco había que ir muy lejos para encontrar un
compañero; el bar La Roca era el punto neurálgico. Alberto,
el roker, nos ponía con su especial marcha a tono. Sidras, cervezas
y unos autoarranques eran testigos de ello. Poco después, algo más
vino a aumentar nuestro fanatismo. Aún me parece ver aquéllas
imágenes de Chochín en la gran travesía de la oeste
del Naranjo y oir la música de fondo. Aquélla canción
era el calentamiento que, a partir de entonces realizábamos antes
de cualquier escalada. Al regreso, Bob Marley y alguna cosilla más,
para relajar.
Con Levitación llegó otra nueva temporada y, para mi,
una de las escaladas más bonitas y completas de las Hoces. La placa
del primer largo se convirtió en el exámen de prueba de todo
escalador que se dejase caer por Hoces. No quedaron las aperturas ahí;
además, se sumaron Fluido rosa, Pies negros o Relevo mágico,
entre otras. Comencé la temporada del 85, como muchas otras, con
Levitación, cita obligada de todos los años. Poco después,
la Atila sentía como subíamos por ella para dar vida a nuevas
rutas. Sin duda, este año no traería muchas novedades, pero
éstas si tendrían una calidad que en la actualidad pocos
gozan, quizá por el desconocimiento de las mismas. Surgieron de
esta manera Santa imagen, Panda 40, Futuro incierto, Eden rock, Orgasmeo
sexual, Sendero Gaboni, y el primer 7a de la provincia, Cuidado con la
carretera. También el 85 trajo aires de cambio; la vecina escuela
de Quirós comenzó a servir, al final del verano, de referencia
para nuestras futuras escaladas. Menudo lio tenía en la cabeza con
la nueva graduación francesa. Ellos los aseguraban todo y lo que
les importaba era el grado. El tipo de escalada no era precisamente esa
adherencia que todos los de aquí dominábamos. Se empezó
a notar un ambiente distinto que el próximo año se plasmaría
en nuestras actividades. El 86 vió a los mismos personajes de siempre
afrontando las paredes con mentalidades totalmente nuevas. Se busca la
dificultad pura; da igual que se trate de rutas largas o cortos bordillos,
que incluso un año antes todos criticábamos. Si la pasada
temporada había destacado por la calidad, ésta sería
recordada por la dificultad. El 7º grado se ve reforzado con 5 nuevas
aportaciones y la High fly se convirtió en la vía más
mantenida de la época con tres de sus cuatro largos con una dificultad
igual o superior al 6b. La época dorada ya había pasado,
pero los personajes que la hicieron realidad como Chemilio, Jose "Makoki",
Santi, Julito "Cro", "El Rubio", Apala y los demás pucelanos, Juan
Carlos "El Pera" y un montón de gente más, todos permanecerán
en mi recuerdo por los momentos compartidos con ellos, por las anécdotas
o por sus vías. Creo que no debo pasar sin contaros alguna de estas
anécdotas que forman ya parte de la historia de las Hoces, tanto
como sus propias vías o los que por ellas ascendieron.
¿Quien le iba a decir a aquel futuro esposo que por cercano
espectador formaría parte de esta peculiar historia?, y todo por
los piños que le faltaron para degustar su banquete de boda. ¿Cómo
olvidar los famosos rappeles de Chemilio, baratos, rápidos de instalar
y fáciles de recuperar. ¿Quien no se vió atraído
por las cerezas del ruso, ese cercano vecino de las noches del pórtico
de la iglesia?, y si no, que pregunten a Julito por su poco convincente
coartada de la moneda de cinco duros para justificar su presencia en el
huerto. ¿Que va a cambiar el tiempo?. ¡Si no se ve ninguna
nube!. Seguramente ésto es lo que pensó Jaime pocas horas
antes de llegar a gatas al bar La Roca con una fuerte hipotermia. Y que
decir de aquellas extrañas galletas María que trajeron los
pucelanos y que buena cuenta dimos toda la banda en un humeante festín.
Podría seguir relatando pequeñas anécdotas que van
y vienen en mi memoria pero que, ciertamente, no tienen para la mayoría
de vosotros el mismo valor que tuvieron para otros que como yo vivieron
muchos de estos momentos.
LA NUEVA RE-EVOLUCIÓN
A finales de los años 80 una nueva orda de guerreros invadió
la región. Venían vestidos con ropajes muy ajustados y de
colores muy llamativos. Estaban extrañamente delgados y ascendían
por pequeñas paredes muy difíciles. Traían potentes
taladros y nuevas tecnologías para asegurar sus a veces espectaculares
caídas. Hablaban una jerga a veces difícil de comprender
y se llamaban a si mismos escaladores deportivos. De nuevo la semilla prendió
con fuerza y primero fue Sabero donde los nuevos métodos y técnicas
se expandieron de la mano de Chiro y del Grupo de Montaña de la
Guardia Civil. Enseguida Valverdín-Pedrosa fue el escenario donde
pelear con enemigos verticales. Entre aquel primer 7a de Hay que joderse
para no caerse que abrí con Rosa en 1987 y enseguida encadenó
Chiro y Naciones indias que equipé con Jesús Calvo hace tan
sólo unos meses hay 154 vías, con un máximo de dificultad
en el 8a del Techo de Jaime.
Un día descubrimos que un astur venido del norte y casi en silencio
nos había dejado una pequeña muestra de obras de arte en
un lugar mágico donde, después, se han ido multiplicando
los ritos y se ha convertido en lugar de peregrinación. Se trata
de Valdehuesa, la mejor de las escuelas leonesas de escalada deportiva
con 168 vías equipadas en la actualidad. El paisaje, rodeados de
hermosos bosques, el ambiente, la roca... han hecho de Valdehuesa punto
obligado de encuentro, donde casi con seguridad nos encontraremos a su
santón particular, Juan Carlos Guerrero Colín, el mejor escalador
en la actualidad de la zona, entusiasta equipador de vías de alta
dificultad. Colín... ¡quien le iba a decir que por chivar
en los exámenes a su amigo César Terremoto comenzaría
con un deporte que hoy tanto le apasiona!. Aun le recuerdo diciendo
lentamente que no podía subir por aquélla placa de 6a
de Levitación, en las Hoces. ¿Quien me lo iba a decir hoy
cuando ha encadenado 8b?.
Algunos lugares quedaron como punto de cita en invierno, por tener
un microclima especial. Es el caso de Aviados, donde ya se empezó
a escalar en los años 70, y donde la nueva mentalidad también
llegó y se fuerzan viejas vías de artificial como El Cachorril.
Para los que nunca se sintieron conformes con la escalada deportiva
siempre existieron puntos totémicos y un grupo de leoneses y otro
de astures buscaron en las Peñas del Prado, cercanas a la Peña
la Barragana y a las Tres Marías, en el extremo oeste del valle
de Villamanín, el lugar ideal donde realizar nuevos sueños.
250 metros de altura en una tapia caliza de excepcional calidad dieron
lugar a vías como La arista de los Cuervos, Entre amigos, Lago de
Luna o la Historia interminable en los primeros años, para dar paso
a las nuevas técnicas y mentalidades con vías como Senda
vertical, La Negra, Sin aspiraciones a nada, Askatu o Cirrosis, en un muestrario
de 18 bellas y largas vías.
LA VUELTA A LOS ORÍGENES
Tras una época en que las Hoces quedaron como lugar de paso
en los calurosos días del verano, el comienzo de los años
90 vió el retorno masivo de escaladores a sus paredes. Vías
como El Filandón y Summertime fueron el aviso que explotó
espectacularmente con El Espíritu de las Hoces, abierta en 1993
por Santi Fernández y Julito Ludena en el sector Tres Techos y con
una dificultad máxima de 6a+/A2. Vías como Sed de aventura,
El signo de los tiempos, Cita en tus ciegas, Días de vino y rosas,
... hasta la última, Arbolio, son un retorno a los orígenes
que ha visto volver a llenar de color las paredes de las Hoces.
EPÍLOGO
Existió un tiempo en que las Hoces fueron sólo roca,
agua y luz. Largas estaciones moldearon sus facciones y amansaron
sus perfiles. Durante siglos vieron pasar a las gentes que miraban recelosamente
sus albas calizas. Hoy son 159 vías conocidas, de todas las dificultades
y estilos. Pasarán nuevas generaciones, se dibujarán nuevos
itinerarios y, quizás, volverán en el futuro a ser
tan sólo roca, agua y luz, pero, mientras tanto, de todos nosotros
depende el que las Hoces sigan siendo lugar de encuentro y disfrute y la
escalada la pasión que nos una.
Había empezado a equipar la
vía con mi amigo Txapela el 7 de Julio de 1994, con idea de equiparla
con parabolts, al estilo de la cercana El Filandón. La agria polémica
suscitada en las Hoces sobre el equipamiento y reequipamiento hizo que
la dejásemos un poco en el olvido, y el 11 de Julio de 1997 la terminé
con Miche, pero ya con una óptica diferente, colocando unos pocos
parabolts (5 en toda la vía) en los puntos donde era imposible asegurar
con otra cosa y dejando limpios los largos 1º y 3º.
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La vía comienza en la misma
terraza de El Filandón, con un primer largo de III, IV hasta una
reunión equipada. Sigue en un segundo largo por una placa preciosa,
con un paso de decisión (V+) hasta la reunión común
de El Filandón y Calorros, de donde sale a la izda por una zona
desequipada de IV hasta la 3ª reunión de Calorros (sin equipar).
El cuarto largo es una bonita placa de IV/V- hasta la parte alta de la
pared.
Descenso: Buscar primero hacia la derecha una chapa hasta el descuelgue de la 3ª reunión de El Filandón, y bajar en rappel por esta vía hasta la carretera. |
El Caletsu
Miguel García Crespo "Miche" es el gran aperturista de las Hoces
de Vegacervera, con 32 vías abiertas desde 1983. Tiene una visión
especial para predecir los nuevos itinerarios, algunos de los cuales ya
tiene en mente. Lleva escalando desde comienzos de los años 80.
Abre su primera vía en las Hoces de Vegacervera (Lucifer), el 8
de Abril de 1983. Ha abierto y equipado 230 vías de escalada en
roca por toda la geografía leonesa, destacando 92 aperturas en la
escuela de Valverdín-Pedrosa (de un total de 155) y 69 vías
en Valdehuesa. En las Hoces tiene firmas de la
calidad de High Fly, Levitación Transcendental, Eden Rock, Orgasmeo
sexual, Santa Imagen, El Filandón, El signo de los Tiempos
o la última, que abrimos juntos, Arbolio.
Además tiene abiertas vías y cascadas de hielo en alta
montaña, en Ubiña, Picos de Europa, y Macizo de Peña
Prieta entre otros.
Es uno de los mejores especialistas españoles en equipamiento
de rutas de escalada, habiendo impartido cursos de esta especialidad en
la Escuela Española de Alta Montaña de Benasque.
En la actualidad dirige la Escuela Leonesa de Alta Montaña y
es uno de mis amigos y compañeros de escalada.
| El 6 de Julio de 1997 le acompañábamos Jesús Calvo
"El Secretario" y yo, a la pared situada a la derecha de El Filandón,
donde había vislumbrado una nueva ruta.
La vía comienza con el primer largo de El Filandón (IV-), de donde se rapela a una terraza herbosa situada a su derecha. Se sigue en un largo de fisuras y placas que terminan en una pequeña travesía a la derecha (V+) hasta una reunión un tanto precaria. El siguiente largo sigue una larga fisura vertical que desde abajo metía bastante miedo, y que El Secretario gestionó con su habitual coraje, y que una vez metidos en ella se trata de una bonita fisura de IV con un paso final de V+, que se proteje bastante bien con friends y empotradores. Un último largo fácil, con tan sólo un pequeño tramo de V- nos lleva a la última reunión de El Filandón. Toda la vía está desequipada, incluídas las reuniones, con la excepción de la última que coincide con la tercera de El Filandón. |
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Arbolio
Nueva temporada de escalada en las Hoces, y nada mejor que comenzar
con la apertura de una nueva ruta. Y como siempre que ando yo metido en
estos berenjenales de aperturas de vías en las Hoces, de la mano
de "Miche". Tiene el ojo echado a ocho o diez paredes que sistemáticamente
va elaborando como nuevas vías. Ésta que nos ocupa la abrimos
el pasado día 13 de junio de 1998. Estábamos solos, con todos
los colegas repartidos en múltiples y variadas actividades y a la
hora de elegir vía para escalar, Miche me propuso abrir y equipar
una nueva entre Summertime y La Selva. Al final salió una bonita
ruta de tres largos y 105 metros aproximadamente, estando equipada la segunda
reunión y el tercer largo. La tercera reunión es común
con la de La Selva-Summertime y el descenso se realiza por los rappeles
de esta última. La tónica general de la vía son las
placas típicas de las Hoces, no muy difíciles pero sí
delicadas. En el tercer largo hay algunos parabolts, pero para todos ellos
se necesitan friends y fisureros. Hay un tramo de artificial equipado con
parabolts.
El nombre de Arbolio es como se conocía en la
antigüedad a la comarca que abarca la cabecera de los ríos
Bernesga (Tercia), Torío (Mediana) y Curueño y que luego
se conoció como Argüellos.
Reencuentro con el pasado
Volvimos de quince días de trabajo como guías de montaña
en los Picos de Europa con ganas de escalar. Miche llevaba todo el verano
sin subirse a una tapia, a pesar de estar todo este tiempo como guía
y monitor de escalada. El Secretario y yo algo menos, pero el "mono" va
por dentro. Miche, además, tiene una apuesta consigo mismo de hacer
todos los años 30 vías diferentes en las Hoces de Vegacervera.
Este macizo calcáreo de la Cordillera Cantábrica leonesa
es ideal para escalar en verano. Paredes de entre 80 y 250 metros, con
sol y sombra a elegir, equipamientos tipo escalada clásica pero
con algún seguro moderno emplazado en las placas y lugares difíciles
de asegurar. En fin, un pequeño paraiso para los amantes de la escalada
en roca.
De las 159 vías que existen actualmente en las Hoces de Vegacervera,
Miche ha participado en la apertura de 35 de ellas y constántemente
tiene proyectos de itinerarios que va viendo con esa visión especial
que tiene para la apertura de vías. La última fue el sábado
5 de septiembre. Pasaron Miche y el Secretario a buscarme por casa. Dirección
Hoces de Vegacervera y al llegar
- ¿Qué hacemos?
- Tengo echado el ojo a una vía... (dice Miche)
Empezamos a escalar por la vía Lucifer y cruzamos por la Atila
a la tercera reunión del Encuentro inesperado.
| Aquí comienza la nueva vía. Un primer largo por una serie
de fisuras verticales y perfectas nos llevan a una reunión donde
Miche coloca 6 u 8 friends y empotradores.
Para arriba la cosa se ve cruda. El Secretario ataca. Un par de seguros con empotradores, un pico de roca, un lanzamiento a no se qué (cómo los tiene el Secretario) y llega a un buril colocado hace muchos años por Chemilio en un intento de una nueva vía que cruzaba por allí. Nos requiere el taladro, y al más puro estilo Piola coloca un parabolt que proteja el paso. |
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MARIANA
Última vía abierta en las Hoces de Vegacervera, y, como
casi siempre con Miche como acompañante y protagonista. Vivir a
25 minutos de las Hoces parece que incita a ello.
Hoy me viene a buscar después de comer y me dice:
- Tengo echado el ojo a una nueva vía
en las Hoces...
Ya me eché a temlar. ¡Por donde habrá adivinado
este cabrón una nueva ruta!.
Camino de las Hoces me va contando la historia.
- He visto una fisura que sigue de frente
a la entrada por la Martín-Vidal y que cruza arriba entre Quadrofenia
y Fluido Rosa, aunque no sé si tendrá algún paso de
estribos en un desplomillo liso que se ve arriba.
| Al llegar, cruzamos el río y nos metemos en harina. Entramos
por la Martín-Vidal. El primer largo queda equipado sólo
con un parabolt en una placa. La dificultad máxima es de IV+. Reunión
equipada, y el segundo largo cruza la bavaresa de la Martín-Vidal
a la altura del árbol (IV+), y sigue por una placa tipo "hoces"
de V+/6a, a la izquierda de Quadrofenia. En total 5 parabolts en la placa,
donde no se puede proteger con otros medios. La segunda reunión
es común con la de Quadrofenia. Se nos hacía tarde y bajamos
desde aquí. Además, abajo veíamos la algarabía
de nuestros amigos Isidoro y Adelo que con unos colegas estaban celebrando
su particular "Triathlon" de comienzo de curso: Chuletada, Partida de cartas
y Escalada. El olor de las chuletas se hacía ya irresistible.
En la apertura de la parte final, una semana más tarde, participó Fernando Marné. El tercer largo sale entre esta vía y la Fluido Rosa, a un desplome bajo un árbol, por una placa de pequeños agarres (6b), pero que ha quedado equipada con cuatro parabolts para poder hacerla en artificial (A1), siguiendo una zona de fisuras de IV hasta la reunión final de todas las vías de este sector. El descenso se hace en tres rappeles por la Fluido Rosa. |
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CREO QUE SOY UN PARANOICO
Abierta por: Miguel García "Miche" y Jesús Calvo
"Secretario" el 28 de agosto de 1999.
Material: Empotradores-friends, cordinos y 10 cintas.
Itinerario: La vía comienza un poco a la izquierda de la anterior,
hacia unos característicos tubos de órgano verticales, donde
está el paso más duro de la vía (6b, parabolt), para
seguir por terreno más fácil (IV+, V+) hasta la reunión
en un gran nicho bien visible desde abajo. El segundo largo sigue una placa
(V, IV, V-) hasta entroncar con la parte final del segundo largo de Everest
99, siguiendo ya esta vía hasta arriba.
Descenso: El mismo que Everest 99
Si necesitas quien te enseñe a disfrutar de esta zona