COMPRENSIÓN LECTORA

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LOS JUGUETES ENCUENTRAN UN AMIGO

La Navidad había llegado y la ciudad estaba cubierta de una blanca capa de nieve. ¡Qué frío hacía!
En sus casas, todos los niños y niñas jugaban ya con los regalos que habían recibido.
Sin embargo, en la juguetería quedaban aún dos muñecos de peluche, tristes y solitarios, que ningún niño se había querido llevar, porque pensaban que eran feos y aburridos: el oso Pepón, al que le faltaba un ojo, y el gatito Mino, que no tenía color.
Pepón y Mino se sentían abandonados y pensaron que, si salían de la juguetería, quizás encontrarían algún niño que quisiera jugar con ellos.
- ¡Vamos, Mino! -dijo el oso Pepón.- ¡Seguro que alguien nos recogerá y nos llevará a su casa!
Pero en la calle, la nieve helaba sus patitas de peluche y pensaron que morirían de frío.
Caminando entre la nieve, Pepón y Mino consiguieron llegar hasta el portal de una casa y, abrazados y temblorosos, se quedaron quietos, muy quietos...
De pronto, vieron que alguien se acercaba. Se asustaron un poco, pero enseguida comprobaron que era una niña , que les miraba sorprendida:
- ¿Qué hacéis aquí? -les preguntó.- ¿No tenéis una casa y unos dueños que jueguen con vosotros?
- No, nos hemos quedado solos en la juguetería, porque ningún niño nos quiere, y hemos decidido escapar, pero no tenemos adónde ir...
La niña los miró pensativa. Ella no había recibido ningún regalo; sólo le habían dado unas cuantas monedas para poder comprar el pan. Y aquel oso, al que le faltaba un ojo, y aquel gatito, al que le faltaba el color... ¡le parecían los juguetes más bonitos que había visto nunca!
- Venid a mi casa -les dijo.- ¡Yo sí quiero jugar con vosotros!
En casa de María, que así se llamaba la niña, Pepón y Mino entraron en calor junto al radiador. ¡Qué bien se estaba!
Allí descubrieron por primera vez lo que es la Navidad: un árbol, unos adornos, un lugar seguro donde poder pasar la noche y, sobre todo, amor, mucho amor...
Como habréis imaginado, pepón y Mino nunca regresaron a la juguetería.
Desde aquel día, vivieron felices para siempre con María.
Aunque a uno le falte un ojo y aunque al otro le falte el color, jamás podréis en contrar un oso y un gatito más queridos que ellos dos.