LA RONDA DE LOS QUINTOS Y LAS CORRIDAS

 DE GALLOS

                            

   Cada año en el mes de diciembre, los nuevos quintos iniciaban su temporada de rondas, hasta hace unos años todos los pueblos estaban llenos de jóvenes y el entrar en quintas ( previo al servicio militar obligatorio), era un proceso iniciático en el cuál, los varones adquirían su refrendo como adultos, dejando atrás la   niñez, por tal motivo se ha venido celebrando hasta ahora, con un interés notable, en el que participaban todos los vecinos.  El día 7, víspera de la Virgen de la Concepción, por la noche se juntaban todos, y con los dulzaineros del pueblo, (el gaitero, el tambor y el bombo), y  "los cantarines", iban a cantar en todas la ventanas de las casas donde había mozas, chicas solteras, se cantaban seguidillas y jotas, al día siguiente se hacía baile en la plaza, esta fiesta con la ronda incluida se repetía el uno de enero  ( año nuevo) y el día de la Virgen de la Candelaria ( 2 de febrero) y finalmente la noche anterior al martes de Carnaval, que era el día grande de los quintos.

El martes de Carnaval el gaitero y sus acompañantes se unían a los quintos, que paseaban por las calles un gran carnero que habían comprado entre todos, previamente le adornaban con cintas de muchos colores y una vez recorrido el pueblo, se mataba y la piel era rifada entre los vecinos, los quintos se comían el carnero en buena hermandad.

 Volvían los quintos a sus casas donde se vestían y adornaban para asistir a la Corrida de Gallos, solían llevar pañuelos al cuello que la novia o las amigas más cercanas les regalaban. Aparejaban y adornaban su caballería más atractiva y con alguna joven a la grupa, volvían a la plaza del pueblo donde se concentraban todos, con buen bullicio de música y algarabía se iba la comitiva calle abajo hasta la carretera, donde en una zona más ancha, entre la parada del "coche de línea y La Pilita. Con carros se preparaba el lugar de llegada atando varios gallos a una cuerda que cruzaba la citada carretera de un lado a otro. Desde la zona de la fuente de los Labrados , 100 metros más arriba, uno tras otro, los quintos cada uno con mayor o menor gracia y acierto, iniciaban una carrera que culminaba en coger ( arrancar) de la cuerda algún gallo o parte del mismo que colgaba de las patas, llevándoselo como trofeo de la competición.

 En los años posteriores a 1950 fue desapareciendo, se prohibió, impedía el paso de los vehículos, se cortaba la circulación, ésta cada vez iba a más y sobre todo resultaba bastante cruento, aunque formaba parte de la tradición y del rito iniciático antes citado..., los tiempos iban cambiando.

El Miércoles de Ceniza (comienzo de la Cuaresma), los quintos iban por las calles cantando, pidiendo el "huevo", obsequio que tradicionalmente les daban los vecinos para hacer tortillas y tener un nuevo motivo más para juntarse y seguir la fiesta. Con el baile de nuevo en la plaza, concluía la fiesta y empezaba la Cuaresma, época hasta la Semana Santa de más recogimiento, lo más destacado de ese tiempo eran los juegos de Calva que organizaban los sanjuaniegos los domingos.

Salvo las corridas de gallos estas costumbres se mantienen. Aunque el Servicio Militar Obligatorio ha desaparecido, como tradición y aun siendo menos los "mozos", sigue habiendo "quintos" y a su modo procuran mantener estas tradiciones con ayuda de todos los vecinos.  

         Volver al principio de esta página                                                       Ir a página anterior


© Juan García Yuste. 2002