RECUERDOS Y COSTUMBRES

   VIDA RURAL

A mediados  del siglo pasado por las calles del pueblo se veían pasar rebaños de ovejas, corderos, borregos y carneros gordos, con sus cuernos grandes y retorcidos, los más viejos iban delante, seguían los mas pequeños y de nacientes cuernos, que van balando.... los burros aparejados con "jalmas" de fuerte lienzo y paja, atadas y sujetas con cinchas de cuero, tenían las ancas esquiladas con muchos dibujos de rayas y adornos.

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Las travesías de los pueblos, siempre han tendido el atractivo de los habitantes de los mismos, siempre se han visto muy concurridas, por allí pasaban los carros tirados por aburridas y sufridas vacas, cargando según la época agrícola con heno, mies, paja, o con vistas al otoño: jaras, piornos (ramos), o leña gruesa, todo ello camino de los cerraderos, pajares o los corrales de la propias casas, también pasaban los coches particulares, los coches de línea... llegaban viajeros y noticias, paquetes cartas.

En San Juan de la Nava por los años 1950 - 1960, hiciese frío o calor allá iban los niños, niñas o mozalbetes, de diversas edades, a la parada oficial,  las niñas mas mayores cargaban con los más pequeños ( no había cochecitos como ahora), en invierno, los envolvían reciamente en un mantón negro, al igual que las madres, los dos cuerpos apretados se reservaban del frío, compartiendo el citado mantón y el calor de ambos cuerpos, el sistema funcionaba, era bueno y les daba agilidad de movimiento y hasta les permitía jugar a la comba, los alfileres, las tabas, la teja, etc. Cualquier motivo era bueno para pasar el rato, buscando el placer de convivir y jugar.

Estas generaciones de niños y niñas vivían más en la calle, lo cual tenía sus inconvenientes, pero también sus ventajas, se sentían más libres, dejaban volar su imaginación para inventar juegos, con los que pasar mejor el rato, pero había poco ambiente cultural, muchas carencias que se trataban de suplir con esfuerzo y dedicación. Los niños pasaban la mayoría de ellos sin terminar el periodo escolar a cuidar el ganado y ayudar en casa, posteriormente la emigración en muchos casos era el objetivo, la solución para buscar una vida mejor, aunque para ello hubiera de perderse parte de los lazos que unían al pueblo.     

LAS ROMERÍAS, LAS LUCHAS CON LOS MOZOS DE NAVALMORAL DE LA SIERRA  

Romería en el prado de "El Bojón" ( El Mojón): El domingo de Pascua de Resurrección , se celebra una romería, una gran parte de las familias y jóvenes  sanjuaniegos se reúnen y celebran un  día campestre, organizando suculentas comidas, con juegos y música... ( en los prados del Mojón y el Piojal, situados a unos 2 kilómetros en dirección a Navalmoral de la Sierra),...se cita en datos sobre San Juan de la Nava...

Una de las tradiciones perdidas en San Juan de la Nava son las luchas entre los mozos del pueblo y los de Navalmoral de la Sierra ( pueblo limítrofe, situado hacia poniente).

Existía la costumbre que desapareció hacia los años veinte del siglo pasado. Se reunían anualmente, unas veces junto al pueblo de  Navalmoral, devolviendo posteriormente la visita en  las cercanías de San Juan  ( cerca de la ermita de Nuestra Señora de la Misericordia ). En ese lugar, después de la feria de Navalmoral,  se concentraban todos los mozos y tras emparejarse, se comenzaba la competición, era de fuerza, un rito iniciático, donde, mostraban su virilidad, sus destrezas, eran combates cuerpo a cuerpo, tratando de derribar al oponente, no solía haber violencia, sí un gran esfuerzo, después se solía terminar con un final festivo, regado con los vinos de la tierra.

LOS ENTERRADORES

Los años de entradas en quintas se controlaban y a la vez de ser un hito importante en la vida de los sanjuaniegos, servía de referencia, en conversaciones, en recuerdos, tal es así que una vez casados, mantenían una tradición muy humanitaria, como era ser enterrado. Surgía un ciclo año a año, se iban sucediendo los grupos de quintos y se hacían cargo de atender a las personas que morían, se encargaban de hacer el hoyo en el cementerio y hacer el traslado del difunto  hasta su último destino. Se daba el caso que antes, la mayoría de los hombres se quedaban en el pueblo, posteriormente al irse, muchos buscando un trabajo mejor que el que tenían, al llegar su quinta ponían a algún familiar en su puesto o pagaban a alguien que lo hiciese en su nombre. Era una costumbre muy solidaria, por todo ello estos enterradores tenían un  motivo más para juntarse de vez en cuando y celebrarlo con comidas festivas.  Para recibir el reconocimiento del pueblo, una vez al año recorrían las calles, al igual que los quintos y chavales otras veces y los vecinos les daban principalmente ristras de chorizos u otros alimentos que después, en buena concordia daban buena cuenta de ellos, de algún modo su duro trabajo se veía recompensado y convertido en momentos festivos.

Un refrán sanjuañego: 

Poda tardío y siembra temprano y recogerás uva y grano......

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© Juan García Yuste. 2002