EL CANTO DE LOS HIERROS

Vamos a hablar del “Canto de los hierros” del cual se sabe muy poco, tal vez por su reducido interés histórico, pero es necesario destacarlo como unas sencillas señales de identidad o tal vez una curiosidad de San Juan de la Nava, debemos conocer su existencia, pues existen en otros pueblos. Aunque solo sea para servir de hito o meta para un paseo estival y sea motivo de conversación al menos entre los sanjuañegos y sanjuañegas más mayores y como curiosidad para los más jóvenes.

            

Nuestro pueblo ha tenido como medio económico la crianza de ganado y la agricultura, ahora su incidencia es menor. Cada familia tenía unas señales para marcar el ganado y evitar pérdidas y  robos, principalmente en ovejas, cabras y el ganado vacuno. Nos centraremos en el ganado ovino, pues las de los otros animales, eran la mayoría de las veces marcas a fuego y a las que nos vamos a referir, son las “pintadas”. Muchas familias hasta el último tercio del siglo pasado tenían un rebaño de ovejas, por ello era necesario tener unas señales de propiedad, unas eran cortes en las orejas del ganado: “rabisaco, “muesca”, “espuntá”, “puntero”, “bujero”, “jorcá”, “hendía”, “jarapillo”, etc. Son palabras que quedan en el recuerdo de nuestros mayores con un significado concreto y diferenciador, para ese objetivo de distinguir a cada propietario de un modo general en todos los pueblos. 

      

En cuanto a las ovejas, llegaba el momento anual del esquileo, con todo el ritual festivo y tradicional, donde se ponía a prueba a los esquiladores, casi siempre sanjuaniegos, donde demostraban su destreza, logrando velocidad y evitando cortes al ganado; recuerdo aquellas voces de: ¡¡moreno!! se le echaba a la herida ocasionada a la oveja un poco de hollín para evitar infecciones… ¡que tiempos!, también tengo presente el respeto y atenciones que se tenían a estos profesionales.

 No se si sería cierto, tras la matanza del cerdo criado, realizada en el invierno, cuando se hablaba de comerse los jamones, parece ser que alguno se reservaba para los “esquiladores”, sin duda en aquellos tiempos eran un lujo, considero que la expresión y reserva era por la valoración que se daba a esa parte noble del cerdo…

Volviendo al esquileo y una vez terminado (normalmente se realizaba al finalizar la primavera ) se procedía a marcar al ganado, previamente se habían comprado unas “bolas” de pez(1)  a  vendedores ambulantes que venían por el pueblo y se procedía a calentarla en un “testero (2)    sacaban como todos los años los hierros diferenciados de los demás, que se pasaban de padres a hijos (la tradición aconsejaba que el hijo menor heredase el hierro familiar y el resto de los hermanos si se dedicaban a criar ganado, se inventaban otro diferente). Se marcaban en el lomo y los ijares, normalmente tres marcas en total, así hasta el año próximo. Después de superado el uso de la pez, se utilizaron otros productos más modernos y prácticos que la mayoría conocerán.

                       

Con este preámbulo, por las noticias recibidas (3) hacia los años treinta del siglo pasado dos jóvenes pastores: Julio y Modesto Varas, mientras cuidaban sus ovejas en las cercas de su padre Pedro Varas, en la zona de El Gallo, (4) emplearon su tiempo en grabar, en unas lanchas de granito, posiblemente con maza y puntero, numerosos hierros del ganado de las familias sanjuaniegas, no sabemos si con anterioridad a esas fechas ya hubiera otras, lo cierto es que actualmente esas citadas marcas están muy desgastadas, ha sido necesario limpiarlas, para hacerlas más visibles y dejar así constancia de ellas.

      No ha habido en el Ayuntamiento un censo de los hierros del pueblo, en otros lugares sí que se hacía, sólo hubo una Asociación(5) donde se encontraban todos los ganaderos  para apoyarse y protegerse ante posibles perdidas o muerte del ganado, con el fin de que no fuese una carga sólo para los dueños, era algo así como un seguro, un fondo de solidaridad  que daba tranquilidad a todos.

           

 Se incluyen algunas imágenes de algunos hierros para dejar constancia de ellos aunque como se ha dicho, aun se conservan como recuerdo de tiempos pasados. Un trabajo complementario podría ser, hacer un inventario de los existentes con sus posibles  significados: Iniciales de nombres, apellidos, apodos, artísticos, etc.

Finalmente se incluyen uno plano para dejar constancia de su situación y así facilitar el acceso a ese paraje.

                                                            Juan García Yuste (octubre de 2010)

NOTAS:

(1) Pez: Sustancia resinosa, sólida de color pardo amarillento  que se obtiene echando agua  fría al residuo que deja la trementina después de sacarle el aguarrás.

(2)  Testero: Recipiente procedente de una maceta vieja, parte de ella o de un cántaro.

(3)  Agradecer la información transmitida por Luis Varas Yuste así como a Valentín García Varas y José Luis Varas,  por otros aspectos complementarios a este artículo.

(4)   Coordenadas: 40o 29’ 16,8’’ y 4o 40’ 11,2’’. A unos 200 metros (aprox.) subiendo desde el puente de la Garganta de la Yerma en la carretera hacia El Barraco, por su margen izquierda.

(5) Los sanjuaniegos que tenían vacas utilizaban un hierro de pequeñas dimensiones con una “S” con la que marcaban por calor en la base de un cuerno del animal, al margen de las otras señales indicadas.

                                                            Juan García Yuste (octubre de 2010)

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© Juan García Yuste. 2010