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Leyendas III: El monte de las ánimas
Rellena los huecos. Ten en cuenta que el programa distingue entre mayúsculas y minúsculas y que es necesario colocar las tildes para que la respuesta se dé por válida.
Ánimas ánimas aúllan batalla cadáveres capilla Castilla cazar ciudad clérigos difuntos fantástica guerreros huellas lutos madres odio sangriento Soria sudarios Templarios zarzales
-Ese monte que hoy llaman de las
, pertenecía a los
, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran
y religiosos a la vez. Conquistada
a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de
; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la
fermentó por algunos años, y estalló al fin, un
profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los
con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de
y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas
como arrastraron sendos
por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una
espantosa: el monte quedó sembrado de
, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un
festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la
de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de
se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las
de los muertos, envueltas en jirones de sus
, corren como en una cacería
por entre las breñas y los
. Los ciervos braman espantados, los lobos
, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las
de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
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