La distribución de las placas y por tanto, de los continentes, ha cambiado a lo largo del tiempo, ya que pueden fragmentarse y unirse unos con otros. El Ciclo de Wilson, propuesto por Tuzo Wison, nos explica de forma ordenada, el proceso de apertura y cierre de los océanos, y la fragmentación y posterior unión de los continentes, que provoca la formación de cordilleras, y resume todo lo que suecede en los bordes constructivos y destructivos sobre la litosfera.
En el ciclo se pueden distinguir las siguientes fases:
El
continente se fragmenta por acción de puntos calientes que abomban y adelgazan
la corteza hasta romperla, originándose un rift continental (como el Rift
africano).
En
la línea de fragmentación se empieza a formar litosfera oceánica (borde constructivo) que separa los fragmentos
continentales. Si continúa la separación el rift es invadido por el mar y se va
transformando en una dorsal oceánica. Los continentes quedan separados por una
pequeña cuenca oceánica (como el actual mar Rojo).
El
proceso continúa y los continentes se separan progresivamente. Entre ellos
aparece una cuenca oceánica ancha, con una dorsal bien desarrollada (como el
Océano Atlántico actual).
Cuando
la cuenca oceánica alcanza cierto tamaño y es suficientemente antigua, los
bordes de contacto con los fragmentos continentales se vuelven fríos y densos y
comienzan a hundirse debajo de los continentes y se genera un borde de
destrucción. En esta zona se origina una cadena montañosa que va bordeando
al continente (orógeno tipo andino, como la cordillera de los Andes). La corteza oceánica se desplaza
desde el borde constructivo al de destrucción como una cinta transportadora,
por lo que la cuenca oceánica deja de crecer (como el Océano Pacífico).
Dada la
forma esférica de
Finalmente
al desaparecer la cuenca oceánica las dos masas continentales chocas
(obducción) y se origina un continente único (supercontinente), y sobre la
sutura que cierra el océano se forma una cordillera (orógeno tipo himalayo,
como la cordillera del Himalaya).
El
desplazamiento de las placas se realiza sobre una superficie esférica, por lo
que los continentes terminan por chocar y soldarse, formándose una gran masa
continental, un supercontinente (Pangea como lo llamó Wegener). Esto ha ocurrido varias veces a
lo largo de la historia de
Así pues, las masas continentales permanecen y unen y fragmentan en cada ciclo, mientras que las cuencas oceánicas se crean y destruyen.