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Santa epiléptica

Fátima Uribarri

El Mundo, 28-01-1996.


 

Santa Teresa de Jesús padecía un tipo de epilepsia que los expertos denominan crisis de felicidad. Son las conclusiones de la obra Teresa de Jesús: una ilustre epiléptica del neurólogo Esteban García-Albea.

Orgasmos, histeria, intervención directa de Dios... Se han buscado infinitas explicaciones a los fenómenos místicos. La explicación teológica alude a la intervención divina. La última versión científica identifica estos episodios de éxtasis con epilepsia.

Una epilepsia diferente a la más generalizada, la que se manifiesta con pérdida de conciencia, convulsiones y mordeduras de la lengua. Esta padece aproximadamente un cinco por mil de la población española. La que el doctor Esteban García-Albea, neurólogo del Hospital de Alcalá de Henares Madrid), atribuye a Santa Teresa de Jesús es una epilepsia parcial: "provocada por una pequeña irritación del cerebro y con síntomas afectivos, de placer y felicidad".

Una patología extraña, con pacientes muy ilustres. La han llamado enfermedad de Dostoievski, porque la padeció el genial escritor; mal de San Pablo, porque se le atribuye al apóstol, y también lo denominan crisis de la felicidad.

La crisis de felicidad la padecen pocos. En la literatura científica quedan recogidos apenas una docena de casos, entre los que aparecen otros personajes egregios, como la heroína Juana de Arco y el profeta Mahoma.

El doctor García-Albea se dedicó a estudiarla en profundidad cuando llegó a su consulta una joven alcalaína que padecía episodios de éxtasis según contaba al joven paciente, con los descritos por la santa abulense.

Santa Teresa, patrona de los escritores católicos de España, supo retratar con maestría extraordinaria , los arrobamientos -así los llamaba ella- que la transportaron al éxtasis.

Unas experiencias placenteras: "Quiere el alma estar sufriendo siempre de este mal", escribió Santa Teresa. Inesperadas le sorprendían de manera improvisada. Y muchas veces inoportunas: "Esto tenía algunas veces cuando quiso el Señor me viniesen estos arrobamientos tan grandes que aún estando entre gentes no los podía resistir". Los arrobamientos son, según el doctor García- Albea, crisis de felicidad. Las frases son similares: primero una luz, luego la parálisis del cuerpo, las alucinaciones y al final la sensación de placer.

O sea, una epilepsia parcial provocada por un desorden neuronal. Las neuronas son las causantes de la epilepsia. En el cerebro humano habitan entre 60 y 70 billones que funcionan continuamente controladas por un sistema de autocontrol. Cuando este sistema de autocontrol falla en un punto determinado del cerebro, las neuronas comienzan a actuar con un voltaje y rapidez mayores de lo normal y pueden provocar extrañas sensaciones y parálisis.

Esa es la epilepsia. Una afección que no está reñida con la inteligencia. La historia lo demuestra. Ha habido epilépticos geniales a lo largo de los siglos. Algunos ejemplos: Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, Beethoven, Lord Byron, Isaac Newton, y ahora Santa Teresa.

Algo con lo que no están de acuerdo algunos teólogos. Como Secundino Castre, profesor de Pensamiento de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, de la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid). Según Castro "los místicos son personas con grandes cualidades y capacidad para recibir la comunicación de Dios. Sus cualidades no son efectos de la naturaleza".

La Iglesia se contenta con las explicaciones teológicas. La ciencia no. Los estudios médicos han buscado a través de la vida de la santa la causa de sus arrobamientos.

Teresa de Cepeda y Ahumada nació en Ávila en 1515 en el seno de una familia noble y numerosa. Sintió la vocación religiosa desde edad muy temprana y a los 19 años ingresó en un convento carmelita. Y a los 24 vivió una experiencia insólita en la que, según el doctor Alberto Gimeno, jefe del servicio de neurología del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid podría estar la razón de éxtasis.

Desde cuatro días la creyeron muerta. Fue en marzo de 1539. La amortajaron y en su casa se pusieron de luto. En su convento le abrieron una sepultura. En otro le cantaron los funerales. Pero su padre se negó a enterrarla. Una decisión acertada. Teresa despertó: delirando y con una parálisis que le impidió andar durante cuatro años. Según el doctor Gimeno, la santa probablemente entró en coma por una encefalitis: inflamación del cerebro provocada por algún virus. "Es posible que esta enfermedad le dejara una pequeña cicatriz en el cerebro y que ésta fuera la causante de sus crisis de felicidad ", afirma el doctor Gimeno

Santa Teresa padeció los arrobamientos durante doce años. Unas experiencias que la turbaron y preocuparon mucho. Acudió a confesores y expertos eclesiásticos en busca de explicación. Y llegó a pedir a Dios que le librara de "sus mercedes".

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